Opinión

Por qué Argentina vive el Mundial con una pasión que nunca tendrá Europa

eldesmarque.com
Hinchas de Argentina celebran en Buenos Aires la victoria ante Suiza en cuartos de final del Mundial. Daniella Fernandez Realin | Cordon Press
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Por Silvina Ajmat

"Vamos a dejar todo lo que tenemos y más para volver a darle una alegría a la gente", dijo Rodrigo De Paul después de ganar el amistoso con Islandia, a pocos días del inicio del Mundial. Quizás en esta frase se resuma la diferencia entre lo que significa ganar la Copa del Mundo en un país europeo y lo que significa en un país del "sur global". No hay dudas que habrá festejos, caravanas, monumentos nacionales abarrotados de hinchas con sus banderas y cánticos de arenga en cualquiera de los países que juegan esta semana las semifinales si llegan a ser campeones. Pero lo que pasa cuando se acercan al triunfo selecciones como las de Brasil, México, Marruecos, Cabo Verde y ni hablar Argentina (dieron vuelta al mundo los escandalosos y masivos festejos de Qatar 2022), es bien diferente. Allí donde las necesidades están menos cubiertas, allí donde la historia tiene como protagonistas a potencias colonizadoras que han avasallado culturas y han pavimentado el camino para sucesivas crisis económicas, deudas exorbitantes, desigualdad y pobreza estructural, allí donde hay dolor histórico por todo lo que falta, emerge una pasión intransferible. Y una ambición desmedida: ganarle al poderoso, aunque sea en el campo de juego.

Hace unos días, la escritora y activista marroquí Noor Ammar Lamarty, lo reflejó muy bien en una columna de RNE: “[Cuando un país de la periferia juega en el Mundial] Hay algo del orden simbólico que se altera y sucede una especie de ilusión que nos embauca a todos y que nos hace pensar que a veces un país pequeño puede incomodar a una gran potencia a través de mucha gente soñando a la vez”.

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"Festejáis como locos, pero en verdad no ganáis nada. Es solo un partido", me chicaneó hace poco una colega. Lo mismo le dijo un periodista al famoso comediante y presentador argentino Sebastián Wainraich y este le explicó: “No tiene lógica. Es como el amor. No todo tiene que ser una ganancia material. Gana mi equipo y yo me pongo contento, eso es un montón. No tantas cosas me ponen contento en esta vida”.

"No te lo puedo explicar porque no vas a entender", dice ‘Muchachos’, el tema más famoso del cancionero futbolero argentino, el que pedía "la tercera" para el conjunto albiceleste y a fuerza de rogar "quiero ser campeón mundial", la consiguió. Las canciones dicen mucho sobre la manera de entender el Mundial en ambos hemisferios: mientras las canciones de España hablan de “héroes” y “batallas”, las de Francia le dan entidad a cada una de sus estrellas de la misma manera que enaltecieron siglos atrás a las figuras de la Revolución. Pero Argentina habla en sus canciones en representación del pueblo -“Soy hincha de la Selección, la aliento con el corazón” -, de los símbolos nacionales -Diego y Lionel-, y hablan de Malvinas como epítome de la herida del colonialismo británico.

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¿Se puede explicar una pasión? Hay una escena de la película 'El secreto de sus ojos', de Juan José Campanella, ganadora del Óscar a mejor película extranjera en 2010, que entre muchas escenas memorables tiene el siguiente diálogo clave:

“Escribano, ¿qué es Racing para usted?

–Una pasión, querido.

–¿Aunque hace nueve años que no sale campeón?

–Una pasión es una pasión.

–¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín: no puede cambiar de pasión".

Cuando Argentina pasó a la final en 2022, el país llegaba a duras penas a finales de año con una crisis política y económica grave, todavía afectada por la pandemia, con un gobierno que había cambiado de ministro de economía tres veces en un mes, con un presidente acuciado por las críticas a su gestión y por los sucesivos escándalos (el vacunatorio VIP, la fiesta de cumpleaños de la mujer del presidente en pleno confinamiento), la inflación disparada y un 39,2% de la población bajo la línea de la pobreza. La desesperanza era tan grande que antes del partido contra Francia que nos convirtió en campeones, reporteros salieron a la calle a preguntar a los ciudadanos qué preferían, que se solucionara la crisis económica o que ganase la selección. La respuesta fue unánime: la Copa del Mundo, la economía no tiene remedio. La misión de “La Scaloneta” no era y sigue sin ser ganar, es hacer feliz a la gente en un país donde no tantas cosas nos ponen contentos.