Opinión

Más alto, más fuerte, más claro

Deletree conmigo: P-E-R-I-O-D-I-S-T-A

La histórica manifestación del sevillismo del 18 de junio. Kiko Hurtado
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A veces, no es tanto lo que se dice, si no cómo se dice. Los que somos padres chocamos una vez tras otra contra la pared cuando intentamos que nuestros hijos nos hagan caso en algo completamente lógico para nuestras mentes, pero nada apetecible para sus divertidas conexiones neuronales. Y a veces solo se trata de cambiar el tono, el modo, o darle una vueltecita para que capte tu atención. A mí me cuesta, lo reconozco, pero a la sabia, fiel, histórica y única afición del Sevilla FC no. Por eso, la afición sevillista es el mayor patrimonio que tiene un club con las vitrinas llenas de plata y camino del siglo y medio de historia, porque sabe qué debe hacer en cada momento. En las buenas, en las regulares y en las malas. Siempre, siempre, siempre acierta. Since 1890.

El sevillismo ha cambiado la manera. A los máximos accionistas del Sevilla hace años que las críticas, los cánticos en su contra, las concentraciones antes de los partidos e incluso el insulto casi unánime del graderío le entra por un oído y le sale por el otro mientras se sientan en el palco del Ramón Sánchez-Pizjuán, esperando con tranquilidad el ágape del descanso. Las protestas pasaron a ser tan rutinarias que no han tenido efecto alguno.

La afición les despidió con ilusión en el último partido de la temporada ante el Real Madrid, manita en alto e improperio en labio, y unos días más tarde despertó del sueño de la peor manera. Cayéndose de la cama. Un golpe que dejó a algunos anonadados, a otros incrédulos, y a no pocos besando la estampita de Sergio Ramos para que el cambio radical de su oferta fuera tan solo una broma pesada. Pero pronto, se repuso. ¿No dicen que nunca se rinde?

Una manifestación para la historia

Y no se rinde. Este 18 de junio, a las puertas de la primera ola de calor del verano, Sevilla se ha vestido de los colores que mejor le sientan. El blanco y el rojo. Como tantas otras veces. Entonces para celebrar, hoy para lanzarle un cabo al náufrago que se ahoga. Dice la organización que han superado en número a la histórica manifestación del 2 de agosto de 1995 con la que se consiguió revocar el descenso administrativo. No comenzaban bien las cosas para el Sevilla en el fútbol de las sociedades anónimas deportivas. Más allá de los esperpénticos bailes numéricos habituales en estos casos entre autoridades y organizadores, lo que no admite duda alguna es que allí había tela de gente. Gente que se merece ser escuchada.

Este 18 de junio, a las puertas de la primera ola de calor del verano, Sevilla se ha vestido de los colores que mejor le sientan. El blanco y el rojo. Como tantas otras veces. Entonces para celebrar, hoy para lanzarle un cabo al náufrago que se ahoga

Probablemente, lo que ha sucedido este jueves en las calles de Sevilla no cambie mucho la película, el Sevilla es una SAD y la mayoría del capital respalda lo que se hace desde el consejo. José María del Nido Carrasco lo repitió una y otra vez la semana pasada. Y es cierto. Tristemente cierto. Pero el capital no es un robot ni un americano de vaya usted a saber donde. En este caso lo representan personas, sevillistas de cuna en la mayoría de los casos, y si estas familias no han sido capaces de removerse por dentro al escuchar al sevillismo clamando contra ellos, deben hacérselo mirar.

No se puede gobernar así ni una comunidad de vecinos, si no llega pronto el paso atrás de la venta con el fajo en mano, den al menos el paso al lado para que este club lo gestione alguien capaz, una cara y un trasero nuevo para sentarse en el palco allá por mediados de agosto. El sevillismo lo ha clamado, ha cambiado el tono, la estrategia y ha puesto sobre la mesa de la ciudad la ruina de una de sus instituciones más relevantes. No se puede gritar más fuerte, más alto, más claro. Márchense.