Opinión

Athletic Club 2025-26: parecidos datos, mismos nombres y distinto resultado

Redacción local

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Los hermanos Nico e Iñaki Williams en un partido de Champions League. (Foto: Athletic Club).
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Tras una sobresaliente temporada 2024/25 en la que el Athletic Club de Ernesto Valverde logró la clasificación para la Champions League por méritos propios —algo que no sucedía desde hacía varias campañas—, el equipo rojiblanco afrontaba el curso 2025/26 con expectativas altas. La plantilla mantenía una estructura equilibrada, con la renovación de Nico Williams como gran noticia, y la sensación general era de continuidad competitiva.

El inicio liguero reforzó esa percepción: tres victorias en los tres primeros partidos y nueve puntos que situaban al Athletic en lo alto de la tabla. Sin embargo, más allá de los resultados, el juego ya dejaba algunas dudas. A ello se sumó pronto una acumulación de bajas en distintas líneas que comenzó a afectar al funcionamiento del equipo, dando paso a una dinámica de rendimiento claramente inferior a la del curso anterior.

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Más allá de los puntos, los goles o los nombres propios, la diferencia entre el Athletic 24/25 y el 25/26 se explica, sobre todo, desde el funcionamiento colectivo y para ello nos vamos a apoyar en algunos datos mas concretos con comparativas entre temporadas.

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De un colectivo del Athletic Club que potenciaba a los individuos a un equipo más dependiente

En la temporada 2024/25, el rendimiento individual de muchos jugadores elevaba al colectivo. El equipo se sostenía sobre un sistema claro, con roles bien definidos y una sincronización constante entre líneas. Varios futbolistas alcanzaron picos altos de rendimiento dentro de ese contexto: Oihan Sancet, Guruzeta, Iñaki Williams o los propios laterales encontraban escenarios favorables para explotar sus virtudes.

En 2025/26, el escenario es distinto. El peso ofensivo recae en exceso sobre Nico Williams, mientras que otros perfiles clave han perdido impacto. Bien por una bajada individual de nivel, o bien porque el sistema ya no potencia sus características del mismo modo. Un ejemplo, Unai Simón mantiene un buen rendimiento personal, pero la cantidad y el tipo de ocasiones concedidas por el equipo reducen su capacidad para sostener resultados y favorece que haya sufrido mas errores individuales.

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Todo ello apunta a que el problema no reside en los nombres, sino en la cohesión del bloque y la sincronización entre fases.

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Fase ofensiva: xG similar, menor eficacia real

El uso de métricas avanzadas ayuda a contextualizar esta diferencia. El expected goals (xG) estima cuántos goles debería marcar un equipo según la calidad y cantidad de sus ocasiones.

* En La Liga 2024/25, el Athletic registró un xG medio cercano a 1,45 por partido, reflejo de un ataque equilibrado y con buena selección de remates.

* En 2025/26, tras los primeros 19 encuentros, el xG medio se sitúa en torno a 1,41 por partido.

La diferencia es mínima. Sin embargo, la conversión de ese potencial en goles reales sí cambia de forma notable. En 24/25 el Athletic superaba su xG con frecuencia, mientras que en 25/26 la media de goles cae por debajo de un gol por partido.

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Esto sugiere:

* menor efectividad en la definición,

* y, sobre todo, ocasiones de peor calidad contextual, con remates más forzados o tardíos.

Partidos como el Athletic–Mallorca (2-1), con un xG cercano a 1,9, ejemplifican esta tendencia: el volumen de ocasiones existe, pero el rendimiento real no acompaña.

Más tiros, menos ventaja

Los datos de remates refuerzan esta idea:

* 25/26: 13,4 tiros por partido, 9,2 desde dentro del área

* 24/25: alrededor de 12 tiros, 8,2 dentro del área

El Athletic tira más y pisa más zona de finalización, pero no siempre lo hace con ventaja posicional. La posesión media se mantiene estable (48–49%) en ambas temporadas, lo que indica que el equipo no basa su juego en un dominio prolongado del balón.

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La diferencia está en el cómo...

En 25/26 se observa un ataque más directo y vertical, con menos circulación previa y menor pausa para atraer y generar espacios. El equipo llega antes al área rival, pero con menos apoyos, menos asociaciones interiores y menos claridad en el último pase.

En 24/25, la verticalidad llegaba tras fijar y desordenar al rival. En 25/26, la verticalidad es más inmediata, pero también más previsible.

Fase defensiva: presión intensa, errores más costosos

En defensa es donde se rompe el equilibrio. Aunque el Athletic sigue siendo uno de los equipos más intensos de la liga —con cifras altas en recuperaciones totales (66,4 por partido), recuperaciones en campo rival (32,7%) y una altura media elevada (43,2 metros)—, su rendimiento defensivo global ha empeorado.

En 24/25, el bajo xGA (expected goals against) reflejaba un bloque compacto, capaz de limitar al máximo las ocasiones de alto valor del rival. En 25/26, ese control se reduce.

La explicación está en:

* una menor coordinación del pressing,

* peor control de la proximidad tras pérdida,

* y mayores distancias entre líneas.

El equipo presiona, pero cuando falla, deja más espacio a la espalda. Como consecuencia, los rivales generan menos ocasiones que antes, pero de mayor peligro, lo que incrementa el impacto de cada error.

Los hermanos Williams en Copa ante la Cultural Leonesa

Síntesis: menos equipo, más fragmentación

El Athletic Club 2025/26 mantiene un patrón ofensivo valiente, vertical y agresivo, pero ha perdido parte de la coherencia que lo hacía tan competitivo la temporada anterior. Genera un volumen de xG similar, pero lo convierte peor; recupera mucho balón, pero concede ocasiones más claras.

En 24/25, el Athletic era un equipo compacto, capaz de imponer ritmo y sostenerlo durante largos tramos del partido. En 25/26, el bloque es más largo, menos dominante tras robo y menos eficaz en ambas áreas.

eldesmarque.com

No se trata de una caída drástica de nivel ni de un problema estructural de plantilla, sino de una pérdida de sincronía colectiva. Y en un equipo que basa su competitividad en el esfuerzo compartido y la coordinación, esa diferencia resulta decisiva.

Esperemos que la clasificación a cuartos en una sufrida eliminatoria de Copa del Rey, sirva como punto de inflexión a un equipo que se muestre en un línea mas regular y positiva. Que toque esperar a final de temporada para conocer el próximo inquilino del banquillo rojiblanco y hasta entonces pueda seguirse viendo un buen trabajo del hasta ahora cuestionado en algunos círculos, Ernesto Valverde.

.- Por Asier Elorriaga, Entrenador de fútbol y comentarista de Radio Popular