Mikel Oyarzabal no falla a su cita con las finales y se convierte en un talismán: seis de seis

Mikel Oyarzabal, celebrando el 1-2 en La Cartuja. Europa Press
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Jugar una final con Mikel Oyarzabal es sinónimo de triunfo. Ya sea con la Selección Española o con la Real Sociedad. El delantero español guarda una curiosa relación con este tipo de partidos, y este sábado se ha visto de nuevo. En La Cartuja, la Real Sociedad ha ganado en la tanda de penaltis al Atlético de Madrid para levantar, cinco años después, una nueva Copa del Rey. Lo han hecho tras un partido intenso, poniéndose hasta dos veces por delante en el marcador y sufriendo hasta el último minuto de la prórroga. Durante el tiempo reglamentario primero fue Ander Barrenetxea quien estrenó el luminoso; luego llegó el turno de un Oyarzabal que no erró desde los once metros y cumplió con su cita con el gol en las finales.

Y es que con la Real Sociedad ya suma dos finales de Copa y dos goles. Porque suyo también fue el tanto de la Copa que ganó el equipo txuri-urdin allá por 2021 ante el Athletic Club, por lo que no es una novedad verle acertado de cara a portería. Historia que tampoco falla en clave Selección Española. Hasta la fecha, Oyarzabal ha jugado cuatro finales con España (una Eurocopa, dos Nations League y la de los JJOO de Tokio). En todas ellas hay un denominador común: en todas ha marcado.

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Mikel Oyarzabal, héroe y talismán de nuevo

Para la Real Sociedad, Mikel Oyazabal es un héroe y un talismán. Lo ha sido hoy, pero lo lleva siendo muchos años. Su capacidad goleadora ha ido aumentando con el paso de los años, hasta convertirse en un '9' de garantías. Imanol Alguacil lo tenía como punta y ahí se quedó; tanto Sergio Francisco como Pellegrino Matarazzo en la Real, y Luis de la Fuente en la Selección, Oyarzabal es delantero centro.

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Y lo mejor para todos los casos es que el español cumple con nota. De esas seis finales que ha disputado Oyarzabal, ha marcado en todas: hablamos de las dos Copas del Rey con la Real Sociedad y de las cuatro en clave Selección. Es, en definitiva, un talismán que, exceptuando lo ocurrido en los JJOO, siempre termina de la mejor manera: levantando el trofeo.