Pellegrini cumplió la promesa que hizo a un abuelo de 86 años en Nochevieja

Remóntense al 31 de diciembre. Fin de año. Cita de reencuentros, proximidad, de compartir y celebrar que el maldito 2020 se terminó. Por aquel entonces nadie creía en este Betis, el de los triunfos, el del orgullo y la ambición, el que lucha por Europa. Futbolistas y 'estrellitas' lo celebraban en redes sociales, con estrafalarias vestimentas, banquetes desorbitados, alejados del aficionado puro... ¿Quién va a querer perder su tiempo para hacer feliz a los demás? Manuel Pellegrini. 21.20 horas. Cuando la mayoría cenaba, otros preparaban las uvas y algunos incluso ya dormían, Bartolomé, un anciano de 86 años y su nieto Gonzalo, de nueve, recibieron la llamada de Manuel Pellegrini. Atónitos, con las piernas temblando, sin saber cómo reaccionar. Cinco minutos de pura dulzura, cordura y recogimiento. Un entrenador de 67 años, que ha dirigido a tipos que cobran 20 millones de euros en Real Madrid o Manchester City, y que gastó su tiempo para hacer felices a aquellos dos béticos. Un 31 de diciembre. "Les prometo que lo daremos todo, nos dejaremos la piel. Les vamos a mandar el regalo de Reyes. Vamos a tratar de dejar al Betis lo más arriba posible para que tengamos un buen año. Así me gusta, del Betis para toda la vida", decía Pellegrini en esa videollamada. Hace poco, en una rueda de prensa, volvía a hablar de él. Ya con la promesa cumplida. Esas palabras ahondaron en el corazón del abuelo y su nieto, orgullosos (ya era hora) de su equipo. "Yo le dije que a ver si enmendaba esto, que el Betis estaba muy flojo. Le dije que a ver si subíamos para arriba, que si no estábamos perdidos. A Pellegrini le dije que corrieran más y lucharan más. Él me prometió que se iba a arreglar esto", le respondió Bartolomé, que atendió a ElDesmarque unos días después.

Pellegrini. Un tipo sencillo y que aparcó su vida para hacer felices a los demás Y cumplió su palabra. El tiempo dirá pero aquel abuelo no necesita más. Hoy el Betis lucha por Europa, le da alegría a los béticos, representa a sus aficionados. Aquel técnico que devolvió la esperanza a dos béticos y a tantos otros. El que consiguió que un abuelo de 86 años, de manos maltratadas y gastadas en el campo, volviese a sonreír. A llorar, a confirmar sus creencias, a ser feliz, a creer en el Betis como guía de vida.
