Más moderno, asequible y, para algunos, mejor que el Volkswagen Golf

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El Volkswagen Golf conserva el peso de un nombre que lleva medio siglo definiendo el segmento compacto. Sin embargo, el Mazda3 demuestra que una alternativa menos habitual puede resultar más atractiva por un desembolso parecido o inferior. Su diseño sigue teniendo personalidad, el interior está organizado con especial cuidado y la actual mecánica de 140 CV obtiene la etiqueta ECO sin renunciar al cambio manual.

El Mazda gana fuerza entre quienes buscan un compacto moderno sin que todas las funciones dependan de una pantalla táctil. La tecnología está presente, pero acompaña a la conducción en lugar de dominarla. Esa facilidad de uso, unida a una cabina de apariencia casi premium, le permite enfrentarse al Golf desde una posición muy sólida.

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La modernidad también consiste en hacerlo fácil

El salpicadero del Mazda3 evita las superficies táctiles para operaciones tan frecuentes como cambiar la temperatura. La climatización conserva mandos físicos y el sistema multimedia se controla mediante una rueda situada en la consola. Es posible manejarlo sin apartar durante demasiado tiempo la vista de la carretera.

La instrumentación combina información digital con una presentación convencional y fácil de leer. El conductor se sienta relativamente bajo, con el volante, los pedales y la palanca perfectamente alineados. No hace falta acostumbrarse a una postura extraña ni recorrer varios menús antes de iniciar la marcha.

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El Golf ha corregido parte de los problemas de uso que acompañaron a sus primeras interfaces digitales, pero continúa concentrando numerosas funciones en la pantalla. El Mazda parece más tradicional y, precisamente por eso, resulta moderno donde importa: reduce distracciones y permite comprender cada mando desde el primer trayecto.

Una carrocería con algo que contar

El Mazda3 de cinco puertas mide unos 4,46 metros y mantiene unas proporciones poco frecuentes entre los compactos. El capó es largo, el techo bajo y el pilar posterior muy ancho. Los laterales prescinden de una colección de nervios decorativos; las curvas de la chapa cambian con la luz y dan movimiento a una silueta sencilla.

La luneta inclinada y los pilotos redondos crean una trasera cercana a la de un cupé. Esa forma limita algo la visibilidad posterior y las plazas traseras no son las más espaciosas, pero consigue que el modelo se distinga incluso varios años después de su estreno.

El Golf ofrece una carrocería más cuadrada y aprovechable. El Mazda responde con una apariencia mucho más especial y un habitáculo que transmite calidad mediante los materiales, el ajuste y el tacto de los mandos, no mediante adornos llamativos.

Etiqueta ECO y posibilidad de cambio manual

La gama española actual utiliza un motor de gasolina e-Skyactiv G de 2,5 litros, 140 CV y apoyo eléctrico ligero. Esta hibridación le permite recibir la etiqueta ECO de la DGT. Puede asociarse a un cambio manual de seis relaciones o a una transmisión automática.

La entrega de potencia es progresiva y obliga a utilizar las revoluciones cuando se busca una aceleración intensa. A cambio, ofrece una relación clara entre lo que ocurre con el pedal derecho y la respuesta del coche. La dirección precisa y una suspensión bien controlada terminan de darle un tacto agradable.

Las campañas comerciales colocan las versiones de acceso en una franja competitiva frente al Golf, aunque las cantidades finales cambian con el acabado y la financiación. El Mazda3 resulta mejor para quien valore ergonomía, calidad interior y conducción natural. Mantiene la tecnología necesaria, pero no obliga a relacionarse con el coche como si fuera otro dispositivo electrónico.