Para la mayoría, mejor que el Mercedes GLA, con un interior cuidado, gran confort y una tecnología muy avanzada

Mercedes. Mercedes
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El Mercedes GLA tiene el prestigio de la estrella en el frontal, pero el Mazda CX-60 pone encima de la mesa argumentos muy difíciles de ignorar. Especialmente porque ofrece más coche en términos estrictamente físicos, un habitáculo con una calidad muy cuidada y una gama mecánica que se atreve con soluciones que prácticamente han desaparecido entre sus rivales.

La primera diferencia es evidente. El CX-60 mide aproximadamente 4,74 metros frente a los alrededor de 4,41 metros del GLA. Son más de 30 centímetros adicionales que permiten al Mazda ofrecer un planteamiento claramente más familiar, especialmente cuando toca viajar con pasajeros y equipaje.

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Más espacio y un interior que juega la carta premium

El maletero del CX-60 ofrece 570 litros. Es una capacidad importante y convierte al Mazda en un coche especialmente interesante para viajes largos, familias con niños o simplemente para quien no quiera estar haciendo malabarismos cada vez que carga el coche.

Pero el espacio no es su único argumento frente al Mercedes. Mazda ha conseguido desarrollar un interior que transmite calidad sin necesidad de llenar el salpicadero de pantallas.

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La pantalla multimedia está situada en una posición elevada y puede manejarse mediante un mando giratorio. Hay controles físicos para diferentes funciones y la instrumentación digital se complementa con información proyectada frente al conductor.

En los acabados superiores aparecen además materiales inspirados en la artesanía japonesa, combinando madera, tejidos y superficies de tacto agradable. El resultado es un habitáculo menos efectista que el de algunos rivales premium, pero especialmente cuidado en materiales y presentación.

Incluso incorpora un sistema capaz de utilizar la altura del conductor como referencia para ajustar automáticamente la posición del asiento, el volante y los retrovisores.

Mazda todavía apuesta por motores diferentes

La segunda gran baza del CX-60 está en su oferta mecánica. El híbrido enchufable combina un motor de gasolina de 2,5 litros con una unidad eléctrica para desarrollar 327 CV y 500 Nm de par.

Utiliza un cambio automático de ocho relaciones, tracción total y puede recorrer hasta 63 kilómetros en modo eléctrico según el ciclo WLTP. Es una configuración que permite hacer desplazamientos cotidianos sin consumir gasolina y seguir teniendo autonomía suficiente para viajar sin depender de la recarga.

Pero quizá la mecánica que mejor demuestra la personalidad del CX-60 sea el diésel e-Skyactiv D de 3,3 litros y seis cilindros en línea.

En un mercado en el que prácticamente todos los fabricantes han reducido cilindradas y número de cilindros, Mazda ha tomado el camino contrario. Este motor puede combinarse, dependiendo de la versión, con propulsión trasera o tracción total.

También se ha trabajado uno de los puntos que más críticas recibió el CX-60 cuando apareció. Mazda revisó la puesta a punto de la suspensión para conseguir una respuesta más progresiva y mejorar el filtrado de las irregularidades, reforzando precisamente su faceta de coche para viajar.

El Mercedes GLA sigue teniendo ventajas, especialmente por sus dimensiones más compactas en ciudad y por el peso de una marca premium consolidada. Pero cuando la comparación se centra en espacio, capacidad de maletero, presentación interior y variedad mecánica, el CX-60 ofrece argumentos muy poderosos.

Y ahí está la clave: por tamaño y planteamiento, Mazda pone sobre la mesa bastante más coche. Para quien busque un SUV familiar confortable y bien acabado, el logotipo de Mercedes deja de ser una razón suficiente para elegir el GLA.