Citroën vuelve a enamorar con un diseño que rompe con todo lo visto en la marca en los últimos años

El nuevo C3 se aleja de la imagen de la generación anterior y se convierte en un crossover
El Citroën menos bonito es una ganga
Durante años, el Citroën C3 fue uno de esos utilitarios fáciles de reconocer por sus formas redondeadas y su aspecto simpático. La última generación ha roto prácticamente con todo aquello. El nuevo C3 es más alto, más cuadrado y mucho más contundente, hasta el punto de acercarse visualmente al universo SUV sin abandonar sus dimensiones de coche urbano.
El cambio le ha sentado especialmente bien. Citroën ha conseguido recuperar algo que históricamente formó parte de su ADN: hacer coches diferentes sin necesidad de recurrir a soluciones extravagantes.
Un C3 que no se parece al anterior
La transformación comienza en el frontal. El nuevo logotipo ovalado de Citroën ocupa el centro de una superficie mucho más vertical, acompañado por una firma luminosa dividida en tres segmentos que está extendiéndose al resto de modelos de la marca.
Los pasos de rueda marcados, las protecciones inferiores y una carrocería más elevada completan el cambio. El resultado recuerda más a un pequeño crossover que al antiguo C3, pero conserva unas dimensiones contenidas.
Supera ligeramente los cuatro metros de longitud, por lo que sigue siendo perfectamente válido para moverse y aparcar en ciudad. Al mismo tiempo, sus formas más rectas permiten aprovechar mejor el habitáculo y facilitan el acceso.
El maletero dispone de 310 litros. No es una cifra récord dentro de la categoría, pero sí suficiente para cubrir las necesidades habituales de un utilitario utilizado diariamente.
Citroën también ha cambiado por completo el interior. El denominado C-Zen Lounge sustituye el cuadro de instrumentos convencional por una banda de información situada cerca de la base del parabrisas. Dependiendo del acabado, puede incorporar una pantalla multimedia central o utilizar el teléfono del conductor como interfaz.
Sigue siendo un Citroën donde realmente importa
La segunda razón por la que el nuevo C3 destaca no está relacionada con su aspecto, sino con algo mucho más tradicional en la marca: el confort.
Puede incorporar los asientos Advanced Comfort y una suspensión con topes hidráulicos progresivos. La intención no es conseguir el utilitario más deportivo del segmento, sino filtrar mejor baches, juntas y badenes y hacer más agradable el uso cotidiano.
Es una filosofía especialmente coherente en un coche de estas características. La mayoría de sus propietarios pasarán mucho más tiempo atravesando calles deterioradas, rondas y carreteras convencionales que buscando los límites de adherencia en una carretera de montaña.
La tercera baza es una oferta mecánica capaz de cubrir necesidades muy diferentes. Existe un motor Turbo de 100 CV asociado a un cambio manual, una versión Hybrid de 110 CV con transmisión automática y el ë-C3 completamente eléctrico.
Este último puede utilizar una batería de 44 kWh y homologar hasta 322 kilómetros de autonomía. Su motor desarrolla 113 CV y admite carga rápida en corriente continua de hasta 100 kW, pudiendo recuperar aproximadamente del 20 al 80 % de la batería en 26 minutos bajo condiciones adecuadas.
También existe una alternativa eléctrica con una batería de menor capacidad y un enfoque más urbano.
El nuevo C3 no necesita recurrir a grandes potencias ni a una imagen agresiva para llamar la atención. Citroën ha cambiado completamente sus proporciones, ha creado un frontal reconocible y, al mismo tiempo, ha conservado el confort como uno de sus principales argumentos.
Es precisamente esa mezcla de ruptura y continuidad la que hace que el C3 vuelva a parecer un Citroën con personalidad propia.