Dacia tiene un nuevo modelo que, para muchos, es el más bonito del catálogo y eleva el diseño de la marca

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Dacia lleva años creciendo sin renunciar a su filosofía de coches prácticos y precios contenidos, pero el Bigster introduce un matiz nuevo. Es el modelo más grande y ambicioso de la firma rumana y también el que más claramente intenta conquistar al comprador por la vista. Mantiene una estética robusta, aunque añade proporciones más estilizadas y una presencia que hasta hace poco no se asociaba con la marca.

La valoración estética siempre es subjetiva, pero no cuesta entender que muchos lo consideren el Dacia más atractivo. El frontal vertical, la firma luminosa en forma de Y, los pasos de rueda marcados y la línea de cintura elevada consiguen que parezca sólido sin caer en un diseño excesivamente recargado. Mide 4,57 metros de largo, por lo que entra de lleno en el territorio de los SUV familiares de tamaño medio.

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También ayuda la manera en que Dacia ha trabajado los detalles. Las protecciones exteriores utilizan Starkle, un material parcialmente reciclado que no necesita pintura, mientras que determinados acabados permiten elegir una carrocería bicolor. No pretende aparentar un lujo que no ofrece: busca transmitir resistencia, funcionalidad y una imagen moderna con soluciones coherentes con el posicionamiento de la marca.

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Un Dacia más grande y cuidado

El salto se aprecia igualmente en el habitáculo. El salpicadero conserva un planteamiento sencillo, con mandos reconocibles y numerosos huecos portaobjetos, pero la presentación es más elaborada que en otros Dacia. Según el acabado, puede incorporar instrumentación digital de hasta 10 pulgadas y una pantalla multimedia central de 10,1 pulgadas, además del sistema modular YouClip para fijar accesorios en distintos puntos del interior.

Su gran argumento, en cualquier caso, es el espacio. La distancia entre ejes y la carrocería de formas regulares favorecen unas plazas traseras amplias, mientras que el maletero puede alcanzar 667 litros en determinadas versiones. Es una cifra especialmente valiosa para familias que viajan con equipaje, carritos infantiles o material deportivo, y sitúa al Bigster entre los modelos más aprovechables de su categoría.

El confort también recibe más atención. Puede disponer de portón eléctrico, techo panorámico, climatizador de doble zona, asiento del conductor con regulación eléctrica y ayudas como el control de crucero adaptativo. No todos estos elementos son inéditos en el mercado, pero sí representan una evolución considerable dentro de Dacia y reducen la sensación de estar ante un coche deliberadamente básico.

Mecánicas electrificadas y enfoque familiar

La gama incluye alternativas de gasolina con hibridación ligera, una versión de GLP y el sistema híbrido autorrecargable Hybrid 155. Este último combina un motor de gasolina de 1,8 litros con dos motores eléctricos y una batería de 1,4 kWh. Entrega 155 CV y permite circular en modo eléctrico durante parte de los recorridos urbanos, sin necesidad de conectar el coche a un cargador.

No es un SUV pensado para buscar prestaciones deportivas. Su planteamiento prioriza la suavidad, un consumo razonable y la facilidad de conducción. En las variantes adecuadas puede remolcar hasta una tonelada y existe una opción con tracción integral para quienes necesitan circular por pistas o afrontar condiciones de baja adherencia, aunque la mayoría de compradores encontrará más lógica una versión de tracción delantera.

El Bigster demuestra así que Dacia puede elevar el diseño y el equipamiento sin abandonar su identidad. No se convierte en un modelo premium ni intenta competir en refinamiento con propuestas mucho más caras. Su mérito está en ofrecer una carrocería atractiva, mucho espacio y tecnología útil dentro de un conjunto racional. Precisamente esa combinación puede convertirlo en el nuevo referente visual del catálogo de la marca.