El Mercedes Benz 300SL, conocido como alas de gaviota, marcó un antes y un después en belleza y sofisticación en los 50

Nacido de la competición, este Mercedes alcanza cifras estratosféricas en el mercado de segunda mano
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Cuando el Mercedes-Benz 300 SL apareció en Nueva York en 1954, pocos coches podían compararse con él. Su carrocería baja, sus proporciones elegantes y unas puertas que se elevaban hacia el cielo causaron sensación. No parecía un automóvil convencional. Era una máquina llegada del futuro en plena década de los cincuenta.
Aquellas puertas le dieron el sobrenombre de «alas de gaviota», pero no fueron creadas únicamente para llamar la atención. El chasis tubular ocupaba buena parte de los laterales e impedía instalar unas puertas tradicionales. Los ingenieros encontraron una solución tan funcional como espectacular. Sin pretenderlo, crearon uno de los rasgos más reconocibles del automóvil.

Un Mercedes nacido de la competición
El 300 SL de carretera nació a partir del exitoso modelo de competición de 1952. Mercedes-Benz había regresado a las carreras internacionales y quería trasladar esa experiencia a un coche matriculable. El resultado combinaba ligereza, resistencia y prestaciones extraordinarias. También estrenó la inyección directa de gasolina en un motor de cuatro tiempos de producción.
Su rendimiento era impresionante para la época. Dependiendo de la configuración, podía alcanzar una velocidad máxima cercana a los 250 km/h. Una cifra reservada entonces a vehículos de competición. El 300 SL no solo era bonito. También era uno de los automóviles más rápidos del mundo y demostraba la enorme capacidad técnica de Mercedes-Benz.

Menos de 3.300 unidades salieron de fábrica
Acceder al habitáculo requería cierta práctica. Los altos laterales del chasis dificultaban la entrada, por lo que el volante podía abatirse. Una vez dentro, el conductor encontraba un ambiente refinado y deportivo. Incluso las manillas exteriores estaban cuidadosamente diseñadas. Permanecían integradas en la carrocería y aparecían al presionarlas suavemente.
Entre 1954 y 1957 se fabricaron únicamente 1.400 unidades del Coupé. Después llegó el Roadster, del que se produjeron otros 1.858 ejemplares. Su limitada fabricación y su importancia histórica han convertido al modelo en una pieza muy deseada. Actualmente, los ejemplares bien conservados alcanzan cifras extraordinarias entre los coleccionistas que superan el millón de euros.