Averías más frecuentes en coches
Es imprescindible contratar un seguro de coche
Ángel Gaitán y la herramienta que puede acabar con las averías de los Pureteche
Hay situaciones en las que, incluso antes de comenzar la marcha, el conductor percibe que el vehículo no está funcionando perfectamente. Un pequeño ruido, un olor extraño, una pequeña vibración... ligeras señales de advertencia que pueden anticipar una avería grave. Por ello, es imprescindible contratar un seguro de coche, cuya asistencia en carretera permita obtener una respuesta ágil y proporcionar esa seguridad y tranquilidad adicional que todo conductor necesita.
Cuanto más avanzan los coches en tecnología, más complejos se vuelven y más puntos potenciales de fallo presentan. Los coches de hoy en día están construidos con una mezcla de robustez y fragilidad en un mismo sistema: motores potentes, electrónica de alta gama y múltiples asistentes a la conducción conviven junto a componentes sujetos a un uso intensivo, condiciones ambientales cambiantes y falta de mantenimiento.
Conducimos nuestros coches todos los días, hacemos viajes cortos y largos, experimentamos temperaturas severas y diferentes condiciones de carretera. Incluso cuando se siguen las sugerencias de mantenimiento, ningún diseño es inmune a las incidencias. Conocer las incidencias más frecuentes ayuda a gestionarlas eficientemente y a reconocer la importancia de tener una buena póliza de seguro.
Tipos de fallos más comunes
- Desgaste del motor
El motor es la parte clave del vehículo y siempre está sometido a estrés. Con el tiempo y los kilómetros recorridos, empiezan a aparecer los signos de desgaste: ruidos extraños, una disminución de la potencia del motor, aumento del consumo o vibraciones que no detectaste antes.
El aceite del motor puede degradarse, espesarse o ensuciarse, arrastrando partículas que favorecen el desgaste interno. Las correas se deterioran, las juntas pierden capacidad de sellado y algunas partes móviles reducen su eficiencia.
Aunque el motor debe trabajar bajo condiciones extremas, necesita un mantenimiento periódico y suficiente, con cambios de aceite, filtros e inspecciones programadas para minimizar los riesgos de averías.
Incluso con un buen mantenimiento, el envejecimiento de los materiales es inevitable y, transcurrido cierto tiempo de uso, el motor puede necesitar reparaciones o sustitución de elementos importantes.
- Averías eléctricas
La electrónica se ha convertido en el elemento más importante de los vehículos actuales. Esto significa una mayor sensibilidad a pequeños fallos.
Los fallos eléctricos más comunes son fusibles fundidos, sensores defectuosos, conexiones sueltas o corroídas y baterías descargadas o en mal estado.
Su principal problema no es la gravedad del daño, sino la imprevisibilidad: un vehículo puede estar funcionando correctamente y luego, de repente, no arrancar, mostrar fallos en el tablero y desactivar sus sistemas de seguridad o asistencia. La avería debe ser diagnosticada profesionalmente mediante equipos de lectura y análisis específicos, ya que muchas veces el problema no es detectable a simple vista.
- Daños en la carrocería
La carrocería es la parte del vehículo más expuesta a golpes, arañazos y agentes externos. Los daños en la pintura y la carrocería pueden ocurrir ante espacios de estacionamiento reducidos, elementos estructurales mal señalizados, pequeñas colisiones a baja velocidad o maniobras ajustadas.
Además, fenómenos climáticos como el granizo o la caída de ramas también hacen abolladuras en minutos. Y, con el tiempo, la carrocería puede presentar marcas que afectan la apariencia del vehículo y, si no se reparan, conducen a la corrosión.
Reparar la carrocería y la pintura es costoso, especialmente si implica sustitución de piezas o repintar múltiples áreas, por lo que disponer de una cobertura adecuada en la póliza resulta especialmente relevante.
- Fallos en el sistema de freno
Los sistemas de frenos son críticos para la seguridad. Su funcionamiento suele ser silencioso y progresivo, lo que lleva a que muchos conductores no sean conscientes del desgaste hasta que los síntomas se manifiestan.
Entre los signos de deterioro están el desgaste de las pastillas con el uso, la deformación o desgaste de los discos, la pérdida de efectividad del líquido de frenos o la aparición de ruidos al frenar (chirridos, roces).
También puede notarse un aumento de la distancia de frenado o una sensación "esponjosa" en el pedal.
Las averías de este sistema pueden tener consecuencias graves, por lo que es fundamental realizar inspecciones regulares y atender cualquier síntoma anómalo.
¿Cómo debemos actuar ante una de estas averías?
Cuando ocurre una avería, a menudo sucede en el peor momento posible para la agenda del conductor. Sin embargo, la seguridad debe ser siempre prioritaria. Ante cualquier incidencia significativa hay que:
1. Detener el vehículo con seguridad. Siempre que sea posible, hay que aparcar en un lugar seguro, señalizar con los dispositivos obligatorios y evitar seguir circulando.
2. Evaluar la situación sin correr riesgos. Hay que comprobar, en la medida de lo posible, el tipo de avería: luces de advertencia en el tablero, ruidos, olores, pérdida de potencia, etc.
3. Contactar con la asistencia del seguro. Las pólizas de seguro generalmente comprenden servicios de asistencia en carretera y remolque. Un técnico profesional podrá determinar el alcance de la avería y prevenir cualquier daño adicional, y transportar el coche a un taller.
4. Documentar el incidente. Siempre que sea útil, es recomendable anotar la fecha, ubicación, situación y, si es posible, realizar fotografías. Información como esta puede ser útil en la tramitación con la aseguradora o el taller.
