Ford, ahora, reconoce el error con el Focus

Ford Focus
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Ford ha admitido recientemente que mantener el Focus en su catálogo durante más de veinte años fue un error estratégico. Así lo ha señalado la propia dirección de la marca, reconociendo que el enfoque adoptado en el segmento de los compactos y utilitarios, donde también se encontraba el Fiesta, terminó siendo insostenible desde el punto de vista económico. Este viraje en el discurso oficial refleja un cambio profundo en la visión que la marca estadounidense tiene de su papel en el mercado global, especialmente en Europa.

Durante años, modelos como el Focus ofrecieron a Ford una gran visibilidad en el mercado europeo, pero los márgenes de beneficio eran extremadamente reducidos. En un contexto de creciente presión competitiva por parte de fabricantes asiáticos, con estructuras de costes más eficientes, mantener una gama de volumen basada en productos como el Focus o el Fiesta se convirtió en un lastre más que en una oportunidad. Lo destacable en este caso es que la propia marca asuma abiertamente que no podía seguir compitiendo con actores como Hyundai, Toyota o Kia en términos de eficiencia industrial y precios.

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La estrategia de Ford se aleja ahora de los modelos compactos accesibles y se orienta hacia productos de mayor valor añadido. El nuevo enfoque prioriza vehículos con una fuerte carga emocional y un posicionamiento más aspiracional, como el Mustang, el Bronco o las pick-up, que han demostrado una rentabilidad superior por unidad vendida. Este giro marca el abandono de la idea de ser un fabricante generalista, apostando por una gama más reducida, especializada y centrada en mercados clave.

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El adiós definitivo al Focus

Por todo ello, el fin del Focus no solo representa la desaparición de un modelo histórico, sino el cierre de una etapa en la estrategia comercial de Ford. La marca renuncia de forma explícita a competir en el segmento de los compactos, pese a que este le proporcionó durante años un volumen considerable. Cabe destacar que esta decisión afectará especialmente a Europa, donde el Focus contaba con una base sólida de usuarios y una imagen consolidada. El cambio de rumbo plantea nuevos desafíos: apostar por la rentabilidad en detrimento del volumen exige una reconfiguración completa de la identidad de marca, especialmente en un mercado donde Ford no cuenta con el posicionamiento premium necesario para sostener una oferta limitada pero más exclusiva.