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Análisis

Fire Emblem: Fortunes’s Weave, un RPG infinito que se eleva al podio de la saga

Periodista. Sevillano, cinéfilo y retrogamer.

Fire Emblem: Fortunes’s Weave. Nintendo
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La corona de Fire Emblem es un debate ambiguo con tantas comparaciones como gustos, pero la excelencia de Fortune’s Weave es excesiva, incluso al sobrepasarse con el contenido. La facilidad para inventar, crear o discutir oportunidades son infinitas desde tantos espacios que parece imposible sentarse a admirar las horas que componen una experiencia completa. Y entre tanto, el fan del tactical game sonríe como tantas otras veces ante una de las genialidades de la Nintendo Switch 2.

Fire Emblem: Fortune’s Weave es pura inspiración. El modelo que ejerce como base para atender a la experiencia de juego es tan, tan amplia, que es imposible no hablar de la iniciativa al admirar su universo. Porque la bendición en la construcción de personajes, en sus diseños y en cómo evolucionan durante el juego es admirable, tanto así como una obra magna con pocos pero señalados peros.

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El peso de Fortune’s Weave está en el desarrollo evolutivo de su concepto. El despliegue del mapa es un proceso a seguir para llegar al summum: decisiones, futuro y luchas. El menú del te espera ante sí con el reto de saber analizar, papel y boli incluso, cuáles son las mejores vías para llevar a Alexandra a su máximo potencial a pesar de que su peso como unidad no concuerda con el valor de su habilidad. Y así todo.

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Concordar el deseo de reclutar a un personaje con llevarlo al máximo nivel, en la mejor experiencia y alineado al resto del equipo te deja horas y horas de mejoras. Y como Fortune’s Weave controla tu tiempo, la toma de decisiones bien podría ser una reunión con todo un staff para cada movimiento. Así me lo he imaginado yo cada vez que tenía una decisión crucial, como un entrenador de la NBA con sus siete asistentes valorando pros y contras de cambiar a tal personaje de clase o antes de reclutar a uno antes que a otro. Y entre tanto, la historia te abruma con una oscuridad que se valora aún más con el paso del tiempo.

El legado de un camino en cuatro viajeros

El encantamiento de la historia con motivos y pasajes tan diferentes como los que están detrás de Cai, Leda, Dietrich y Theodora son parte de la consistencia del guion y de la evolución propia de los personajes. Es la proyección de distintos viajes del héroe, de la intersección entre todos ellos, de las conexiones y de lo que está por llegar.

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Fortune’s Weave es el manejo del presente para disfrutar del futuro, así he entendido el juego mientras malograba los combates en la máxima dificultad para alentarme a probar suerte con equipos imposibles. En ese salto se cuestiona uno por qué un RPG merece tantas horas entre comidas, regalos y escenas que saltas una y otra vez en el coliseo, hasta que lo entiendes.

Esa formación repetitiva de un equipo pasa por la historia como lo hacen las conversaciones con cada uno de tus apoyos. Porque son significativas, porque tienen sentido y sobre todo porque se aúnan a un final a la altura de una de esas grandes epopeyas en el tercer acto una vez has decidido viajar y eliminar cruces que no son siempre obligatorios.

La repetición, el reclutamiento y el timing

Mi mayor debe en un RPG de este estilo después de remar contra viento y marea por desengancharme de decenas de gachas en los últimos años está en el tiempo para farmear y reclutar. Las dos cosas aquí se enfundan en el vicio de querer llegar a todo en un par de rutas, y es posible, pero la realidad es que el juego se esfuerza en atrapar al jugador.

Es ahí donde cada uno entiende cuánto le consume hacer una misión semanal antes de seguir abriendo el mapa, o cuántas veces entras al coliseo para profundizar en las mejoras. Llegar a todo no es imposible, pero a veces parece que se come parte de la experiencia si te dedicas solo a eso en una extensión de juego de un par de horas por ejemplo.

Es ahí donde todo se encadena a la manera de jugar, a plantearlo como un juego a largo plazo donde el marco sea el disfrute y no correr al completismo. Porque es ahí donde Fire Emblem brilla, en permitir la libertad tanto en el reclutamiento como en las batallas, con sus márgenes y sus asteriscos, pero con una amplitud de opciones inaudita.

Combate: profundidad y diversidad

El encaje perfecto de todo ello es el combate, la excelencia del género. Es difícil explicar cómo de bien encajan las batallas no solo por su variedad, sino por las formas de obtener el privilegio de la satisfacción de maneras tan diversas. Tanto a la hora de derrotar al villano de turno como al encontrar la forma para explotar a tu equipo en sus virtudes.

El mayor debe de Fire Emblem: Fortune’s Weave está en las mazmorras, y no solo porque el combate por turnos esté exento de profundidad, sino porque parecen un contenedor de tiempo más que de satisfacción. Son repetitivas, no aportan gran cosa a la trama, y además se conciben como algo que explota la subida de experiencia sin hacer nada más que chupar tiempo. Que el propio juego te ofrezca la opción de saltar cada uno de esos combates es el indicador de que es un extra sin la fanfarria que tiene el resto del juego.

El proceso marca un camino que se disfruta y que permite además la, no la descarto, rejugabilidad para volver a emitir esa conexión más adelante con otro equipo totalmente diferente. Y en sí, esa gracia hace del juego algo eterno e infinito por todo lo que puede suponer jugar más allá de la historia. No es solo cuestión de habilidades, subclases y decisiones, son las posibilidades de ejecutarlo a la perfección en cada acometida.

Lo mejor:

  • El combate es la lucidez de Engage con el talento de Three Houses, el éxtasis absoluto del título
  • La forma de romper la historia en pedazos en el tercer acto es deslumbrante

Lo peor:

  • El hastío de repetir las mismas acciones con cierta continuidad se hace pesado al repetir las rutas
  • Las mazmorras y los combates por turnos, un añadido con poco peso y profundidad
Valoración 95/100