Los barceloneses Weird Beluga firman una aventura de acción con una dirección artística sobresaliente y un mundo que invita a perderse
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Weird Beluga es un pequeño estudio independiente ubicado en Barcelona que ya nos demostró a todos su enorme talento con su título de debut, Clid the Snail, un fantástico juego de acción que se llevó el premio a mejor juego del año en los Premios PlayStation de 2019. Pero para su segundo trabajo, los chicos de Weird Beluga querían un reto mucho más ambicioso: crear un videojuego enorme a imagen y semejanza de los títulos con los que sus responsables crecieron, los grandes títulos de plataformas 3D de principios de los 2000.
Y Duskfade es justo eso, un increíble homenaje, una carta de amor al género y a aquellos grandes títulos de la etapa PlayStation 2. Basta con recorrer sus enormes escenarios para que la memoria viaje automáticamente a otra época, cuando las aventuras en tres dimensiones rebosaban imaginación, personalidad y un sentido de la exploración que hoy cuesta encontrar. Desde los primeros minutos resulta imposible no pensar en clásicos como Kingdom Hearts, Jak & Daxter, Ratchet & Clank o incluso Sly Cooper, aunque lo más interesante es que no pretende convertirse en una simple copia de ninguno de ellos. Eso sí, la inspiración en Kingdom Hearts es más que evidente, po la elección de su estilo artístico, el diseño de su protagonista y de su llave espada… ejem, minutero espada, perdón.
Y ya os lo avanzamos, el nuevo proyecto de Weird Beluga no es perfecto, pero si es muy bueno. Un juego que sobre todo entiende a la perfección qué hacía tan especiales a aquellos videojuegos de la era PS2. Un título que recupera esa constante sensación de descubrimiento, ese placer por moverse libremente por escenarios llenos de secretos y esa capacidad para construir mundos que invitan a detenerse simplemente para contemplarlos.

Un homenaje a los grandes clásicos con personalidad propia
Como ya hemos dicho, las comparaciones con Kingdom Hearts son inevitables. Zirian, su protagonista, empuña una enorme espada que inevitablemente recuerda a la Llave Espada de Sora, sus animaciones transmiten un entusiasmo contagioso y la secuencia inicial, con enormes vidrieras flotando en un escenario onírico, evoca inmediatamente algunos de los momentos más icónicos de la saga de Square Enix.
Sin embargo, reducir Duskfade a esa influencia sería tremendamente injusto. La obra de Weird Beluga bebe también de numerosos referentes del género y consigue construir una identidad propia gracias a un universo de “fantasía clockpunk” realmente inspirado.
La historia nos pone en la piel de Zirian, uno de los pocos humanos que habitan un mundo poblado por extrañas criaturas con aspecto de nubes. Tras la aparición de una gigantesca Torre del Reloj que sume el reino en una noche eterna, el protagonista inicia un viaje para rescatar a su hermana y descubrir el origen de la maldición que ha alterado el equilibrio del tiempo.

Zirian pertenece a una saga de relojeros, que en este mundo donde todo es tiempo y engranajes de relojes, son algo así como magos que dominan asombrosas habilidades. El abuelo de Zirian era un poderoso relojero, pero dejó a nuestro héroe y a su hermana cuando eran todavía muy jóvenes. Algo maligno ha desatado el caos en su mundo y ha encerrado a su hermana en una misteriosa torre. Zirian tendrá que luchar contra un poderoso enemigo, rescatar a su hermana y salvar su mundo, con su espada-minutero, sus incipientes habilidades de relojero y la ayuda de Cuco, un pájaro mecánico a medio terminar construido por su hermana.
Movimientos y plataformas: un auténtico placer
Si hay un apartado que los desarrolladores han conseguido es el sistema de control, movimiento y plataformas. Esa sensación de control total en el escenario la han clavado: Zirian corre, salta y despliega todo su poder en el aire con dash, dobles saltos, piruetas, un gancho para colgarse y balancearse o habilidades que permiten deslizarse sobre raíles o planear, entre otros. Y todas las habilidades de movimientos se explotan, al máximo, tanto en la exploración como en el combate.
Los controles responden con una precisión excelente desde el primer minuto y prácticamente todas las habilidades de movilidad resultan tremendamente satisfactorias. El doble salto ofrece una gran sensación de control, el dash permite corregir la trayectoria en el aire con naturalidad y el gancho añade una enorme verticalidad a los escenarios.
Lo más importante es que todas estas mecánicas trabajan juntas para convertir el simple desplazamiento en una recompensa por sí mismo. Saltar entre enormes plataformas, balancearse sobre precipicios o descubrir pequeños caminos ocultos genera una sensación de fluidez constante que recuerda a los mejores exponentes del género.

Y los enormes y preciosos escenarios están construidos para invitar todo el rato a la exploración, repletos de caminos y lugares ocultos que esconden monedas, materiales y objetos especiales que incentivan desviarse continuamente del camino principal. Esa curiosidad permanente es precisamente uno de los rasgos que definieron la época dorada de los plataformas tridimensionales y Duskfade consigue recuperarla con bastante acierto. Y lo mejor, cuenta también con ese ligero componente metroidvania (esos caminos inaccesibles hasta que desbloqueamos alguna habilidad y que invitan a revisitar todo el rato escenarios ya recorridos).
Un combate rápido y cargado de posibilidades
El sistema de combate también nos ha transmitido muy buenas sensaciones a nivel de control en casi toda la aventura. Los ataques son inmediatos, las animaciones tienen impacto y esquivar enemigos resulta muy satisfactorio gracias a una de las mecánicas más interesantes del juego: el desplazamiento temporal.
Cuando realizamos una esquiva perfecta justo antes de recibir un golpe, el tiempo se detiene durante unos instantes para todos los enemigos cercanos. Este efecto permite contraatacar con total libertad y aporta un componente estratégico que recompensa la precisión del jugador. Esta mecánica, junto con el doble salto, el uso del gancho para tirar de los enemigos y las diferentes habilidades que vamos desbloqueando en nuestro protagonista y en nuestra espada, van configurando un interesante y variado sistema de lucha. También contamos con un sistema para fijar enemigos que ayuda mucho en las escaramuzas más masivas.

Sin embargo, nos hemos topado con algunas sombras en el combate. Los enemigos más comunes ofrecen muy poca resistencia y algunos apenas reaccionan ante nuestra presencia. Tardan un poco en aparecer más variedad de enemigos, que nos exijan dominar nuevas habilidades, y eso hace que un buen trecho del primer tercio de la aventura cuente con combates un tanto repetitivos en mitad de los escenarios que exploramos.
Eso sí, el sistema de progresión hace que todo vaya ganando en intensidad y profundidad gracias al desbloqueo de nuevas habilidades y las mejoras que podemos adquirir para nuestra espada y para Cuco, que nos ayudará con algunos trucos interesantes. Para eso es vital la exploración y la recolección de recursos, que podremos intercambiar en el centro de Tick Town.
Los jefes finales ponen la guinda de desafío y nostalgia
Si los enfrentamientos contra enemigos normales nos han dejado a veces algunos momentos algo más aburridos y repetitivos, los combates contra los jefes finales son pura magia. Hay muchos y están fabulosamente diseñados. Weird Beluga entiende que un gran jefe debe ir mucho más allá de un simple intercambio de golpes.

Como en los grandes del género, cada vez que agotamos un trozo de la barra de vida del jefe, el escenario cambia completamente para dar paso a una secuencia de plataformas donde debemos sobrevivir mientras el combate continúa evolucionando. Conforme el enemigo pierde salud, los desafíos se vuelven más intensos y obligan a combinar constantemente movilidad, reflejos y precisión.
Las secuencias con los jefes finales son auténticos desafíos a los que hay que llegar con muchas ganas de aprender rutinas, explotar habilidades hasta el límite, saber racionar los restauradores de salud y entender los puntos débiles del monstruo en cuestión. Siempre son combates largos, agotadores y tremendamente satisfactorios y que nos ha dejado claro que es aquí donde el estudio sabe perfectamente cómo sacar partido a sus mejores ideas.
Tick Town, uno de los mundos más bonitos del panorama independiente
Visualmente, Duskfade es una auténtica maravilla. La primera visita a Tick Town provoca una impresión difícil de olvidar. Una gigantesca Torre del Reloj domina el horizonte mientras enormes cadenas sujetan la estructura sobre una ciudad iluminada por neones, engranajes colosales y una arquitectura fantástica cargada de personalidad.

La ambientación clockpunk funciona de maravilla y consigue transmitir una mezcla constante entre belleza, melancolía y misterio. Y cada uno de los emplazamientos que tendremos que visitar para romper cada una de las cadenas de la torre y poder acceder a ella tiene un diseño completamente distinto: una zona volcánica con ríos de lava y enormes cavernas, una región costera con bosques y villas junto al mar, un desierto… Cada bioma tiene su propio diseño y personalidad y mezcla sus virtudes visuales con nuevos desafíos jugables y mecánicas.
Los personajes secundarios también están muy cuidados y podemos interactuar con ellos para que nos des pistas, recompensas o nos ayuden con consejos e información. También tienen un buen nivel el diseño de enemigos y el juego cuenta con un considerable metraje de cinemáticas 3D muy bien ejecutadas, que recuerdan a las grandes superproducciones del género. Bien por sus creadores, que le han puesto mucho mimo a construir esta fabulosa historia que parece de dibujos animados.

El apartado sonoro también raya a un altísimo nivel. Las composiciones de al banda sonora que acompañan la exploración encajan perfectamente con el tono fantástico de la aventura y algunas melodías, especialmente las de Tick Town, consiguen reforzar enormemente la atmósfera del mundo.
El juego también cuenta con un fabuloso doblaje, tan solo en inglés, algo un poco incomprensible tratándose de un juego ‘made in Spain’, pero podemos disfrutar de los subtítulos y textos en castellano.
Una carta de amor a los grandes plataformas 3D
Lo que realmente hace especial a Duskfade es que comprende qué convirtió en inolvidables a los grandes plataformas 3D de principios de los 2000. No se trata únicamente de saltar mejor o de combatir con más espectacularidad. La clave está en despertar continuamente la curiosidad del jugador, construir escenarios que inviten a explorar cada rincón yun sistema de progresión y personalización adictivo y ofrecer un universo capaz de transmitir personalidad propia.
En ese sentido, Weird Beluga parece haber encontrado el equilibrio perfecto entre homenaje e identidad. Un servidor ha disfrutado enormemente de la profunda aventura que propone este título. Creo sinceramente que estamos ante una de las sorpresas independientes más interesantes del año.

Duskfade recupera con enorme acierto el espíritu de los grandes plataformas de acción de la generación de PlayStation 2 sin limitarse a imitarlos. Su excelente sistema de movimiento, una dirección artística sobresaliente y un universo repleto de personalidad convierten esta aventura en una de las propuestas independientes más prometedoras del panorama actual.
Plataforma analizada: PlayStation 5
Lo mejor:
- Un sistema de movimiento fluido, preciso y muy divertido.
- Una dirección artística espectacular con un mundo lleno de personalidad.
- La exploración recompensa constantemente la curiosidad del jugador.
Lo peor:
- El combate tiene algo de limitado y repetitivo.
- Los enemigos normales ofrecen muy poca resistencia.
- No cuenta con voces en castellano


