Análisis

MotoGP se quiere parecer más a la F1: los cambios que propone Liberty Media y que no gustan en el paddock

30 años buscando el rebufo de Alonso y Márquez.

MotoGP en Balaton Park. Europa Press
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MotoGP afronta una nueva etapa de transformación y, para muchos dentro del paddock, la dirección que está tomando el campeonato recuerda cada vez más a la Fórmula 1. Y eso no tiene por qué ser positivo. La propuesta de reducir costes mediante la limitación de recursos durante los fines de semana de competición encaja perfectamente con una filosofía que Liberty Media lleva años impulsando en la categoría reina del automovilismo. La idea de que los pilotos dispongan de una sola moto durante los entrenamientos, junto con la reducción del tiempo en pista, responde a un modelo más controlado y eficiente desde el punto de vista económico. Sin embargo, no todos en MotoGP consideran que lo que funciona en la F1 deba trasladarse automáticamente a las dos ruedas.

La medida más llamativa es, sin duda, la posibilidad de que los pilotos trabajen con una única moto durante gran parte del fin de semana. Históricamente, la doble montura ha sido una de las señas de identidad de MotoGP, permitiendo cambios de configuración inmediatos y ofreciendo una red de seguridad cuando surgen problemas mecánicos o caídas. Reducir ese margen operativo acerca la categoría a la lógica de la Fórmula 1, donde cada piloto dispone de un único monoplaza y debe optimizar al máximo cada salida a pista. Para algunos equipos, esta modificación supone una simplificación excesiva de una disciplina cuya complejidad técnica siempre ha sido uno de sus principales atractivos.

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Una sola moto en entrenamientos y menos tiempo en pista

La reducción de los entrenamientos también genera dudas entre varias estructuras del campeonato. En la F1, la disminución de las sesiones libres se ha utilizado para concentrar la acción y aumentar el valor de cada minuto en pista. Ahora MotoGP parece querer recorrer un camino similar. El problema es que las motos son especialmente sensibles a factores como la temperatura, el estado del asfalto o el desgaste de los neumáticos, por lo que disponer de menos tiempo para recopilar datos puede perjudicar el trabajo de ingenieros y pilotos. Algunos equipos consideran que se corre el riesgo de limitar el desarrollo técnico y reducir la capacidad de reacción durante los Grandes Premios. Es un cambio que, en definitiva, va en contra de la filosofía histórica de MotoGP. Un sinsentido.

Todo ello se enmarca en la gran revolución reglamentaria prevista para 2027, con motores de 850cc, menos aerodinámica y una búsqueda constante de contención presupuestaria. Sobre el papel, el objetivo es hacer el campeonato más sostenible y atractivo para nuevos fabricantes e inversores. Sin embargo, dentro del paddock hay voces que no terminan de entender esta tendencia. La sensación entre algunos responsables es que MotoGP corre el riesgo de perder parte de su personalidad en su intento por adoptar mecanismos que han dado resultado en la Fórmula 1. La cuestión ya no es si los cambios reducirán costes, sino hasta qué punto la categoría está dispuesta a modificar su ADN para lograrlo. ¿Valdrá la pena?

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