La desesperación de Fernando Alonso con Honda no desaparece y sus gestos lo dicen todo: "Prefiero meterme en boxes"

Fernando Alonso, practicando la salida en Brasil
Fernando Alonso, practicando la salida en Brasil. F1
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Es un infierno que no termina nunca. Fernando Alonso debe estar al borde de la desesperación absoluta. Cuando no es la fiabilidad, es la falta de potencia. Y en esta primera jornada del Gran Premio de Brasil ha tocado lo segundo. Pese a tener unos primeros entrenamientos libres algo esperanzadores, la realidad ha vuelto a azotar al asturiano. El AMR26 sigue sin darle las garantías que necesita y Honda continúa siendo un quebradero de cabeza para un piloto que lleva demasiado tiempo conviviendo con los mismos problemas. Interlagos parecía una oportunidad para dejar atrás el desastre de México, pero las sensaciones no han tardado en torcerse.

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La frustración terminó de hacerse visible durante la práctica de salida. Después de bajarse del monoplaza, la cámara del AMR26 captó unos gestos que hablaban por sí solos. Alonso no escondía su enfado y su lenguaje corporal reflejaba perfectamente el hartazgo de quien lleva meses esperando una solución que nunca termina de llegar. No era una simple queja puntual por el comportamiento del coche. Era la sensación de volver a encontrarse con el mismo muro. Y todavía hubo más. En una breve conversación con su ingeniero durante la sesión, el asturiano dejó una frase que resume perfectamente su estado de ánimo: "Prefiero meterme en boxes".

Lo más preocupante es que esta situación llega después de que Honda anunciase cambios de hardware y software para intentar solucionar los problemas que condenaron a Aston Martin en México. Allí, tanto Alonso como Lance Stroll tuvieron que abandonar por cuestiones de fiabilidad, mientras que en Brasil el fantasma ha vuelto a aparecer por otra vía: el rendimiento. El asturiano ya había avisado de que necesitaban terminar la carrera y que un resultado entre los puestos 12 y 14 sería competitivo para el equipo. No pide milagros, pero sí poder competir sin que cada sesión se convierta en una nueva batalla contra su propia unidad de potencia. De momento, ni las promesas ni las contramedidas parecen suficientes para devolverle la tranquilidad. Y sus gestos en Interlagos son una nueva muestra de ello.

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