Los que si caes, te levantan

Cuando nadie lo espera, cuando todo se vuelve en contra... emergió el manquepierda
Cuándo es el sorteo de los cuartos de final de la Copa del Rey
Llama poderosamente la atención que justo el día que menor entrada registró La Cartuja, fue precisamente cuando el Real Betis obtuvo mayor ayuda de su afición. Casualidades. O causalidades. Porque la remontada de este miércoles no fue cuestión del azar. Tampoco suerte. Ni siquiera cuestión de acierto sobre el campo. Tuvo que ver con ese manquepierda que tanto cuidaron los más viejos del lugar. Aquellos para los que el fútbol no es cuestión de modas. Un alegato de rebeldía. Un ejercicio de amor sin pretensiones, de dar sin esperar nada a cambio. Un acto de valentía. De coraje. De gallardía. Porque manquepierda no siempre es conformismo. Es lealtad. Es fidelidad incondicional. Y sobre todo, remar a contracorriente. Cuando nadie lo espera. Cuando todo se vuelve en contra.
Llama poderosamente la atención que justo el día que más se demandaba la crítica, que más merecido era el reproche y la queja, fue precisamente cuando menos importancia cobró. El Betis había suscitado dudas. El juego no era el esperado. La desidia trajo la impotencia. La (in)actitud encendió la rabia. Pero lejos de hacer leña del árbol caído, el beticismo supo recoger esa madera dañada para tallar su propio refugio.
Con el 0-1 del Elche, los pitos no tardaron en aparecer. Un sector importante del estadio, fruto de la rabia que producía verse fuera de la eliminatoria, mostró su descontento. Como era lógico, la apatía del equipo contagió a la grada. O a parte de ella, porque en el Gol Sur de La Cartuja no estaban dispuestos a comprar ese discurso. A ellos no les bastaba con un simple desahogo. Ellos no querían formar parte de ese desapego.
Y fue ahí, en un alarde de amor propio, cuando el Gol Sur levantó al equipo. El fracaso lo convirtió en inspiración. La desidia en ambición. La desesperanza en ilusión. Como ese padre que, lejos de castigar a su hijo por un suspenso, lo anima a insistir, persistir y volver a insistir hasta remontar el vuelo. Como esa madre que tan bien enseña que creyendo en uno mismo se superan mejor los obstáculos.
"Los que si caen, te levantas", cantaban justo después del 0-1. Un ejercicio de indisciplina. Indocilidad. Indomabilidad. Si ellos no bajaron los brazos, ¿cómo lo iba a hacer el equipo? Con más corazón que fútbol, con más ímpetu que cabeza, la afición llevó en volandas al Real Betis hasta la remontada. Si oscuro era el horizonte, más fuerte cantaban. Si amargo era el resultado, más fuerte resonaron las palmas. Cuestión de fe. Cuestión de entender qué supone de verdad el manquepierda. Y así hasta encontrar el premio. Para que digan que la afición no gana partidos...