La delgada línea azul

La delgada línea roja fue la película, la delgada línea azul la que apareció en la jugada de la polémica del partido del Betis en Villarreal. Cuestión de milímetros para unos, de fe para otros. Ese fue la pequeña diferencia que pudo marcar un partido tan igualado como el que protagonizaron los heliopolitanos contra los castellonenses. Azul fue la camiseta del Betis en La Cerámica como la línea de la discordia, la que habilitó a Yeremy Pino para empatar en la segunda mitad el gol con el que Borja Iglesias había puesto en ventaja a los de Pellegrini en la primera. Un polémica que se une al pisotón de Gerard Moreno sobre Miranda, en otra acción que bien pudo ver otra tarjeta diferente a la amarilla. Otra vez con los colores. A vueltas con la línea, en esta ocasión, otra es la que marca y mantiene el Betis respecto al Villarreal. Cuatro puntos más el golaveraje particular que afianzan al cuadro bético en la quinta plaza después de pasar por uno de los escenarios en los que menos puntos se dejan los locales. Un detalle a tener en cuenta, apenas tres días después del varapalo de Old Trafford. Ejemplo de madurez. Porque el Betis volvió a demostrar en Villarreal que se levanta pronto, que un resultado no le afecta y es capaz de volver a competir a su mejor nivel. No se puede decir abiertamente que fuera mejor que los de Quique Setién, tampoco que fuera peor. Un resultado, un juego, que marca la dimensión de este equipo que mira hacia arriba, los puestos de Champions League, y no hacia abajo, hacia sus perseguidores. Fue duelo de espejos en la idea, con dos equipos que apostaron por elaborar y manejar los tiempos sin arriesgar en exceso. El Betis fue sólido atrás, con un Pezzella que sigue manteniendo un nivel alto y que comandó la defensa. Arriba cierto es que la faltó chispa y solo las diabluras de Rodri, que fue quien se atrevió a disparar en el gol, dieron la impresión de poder desequilibrar. Sin Fekir lesionado, William Carvalho sancionado y con un Canales aún por mejorar sus prestaciones tras salir de la lesión, el Betis de Pellegrini apostó por el orden y el sentido común. Manejo de los tiempos, seguridad y también, no conviene pasar por alto, el olfato de nueve de Borja Iglesias. Toque definitivo. Cuestión de milímetros para anotar. Una delgada línea.