¿De verdad merecía la pena? (5-0)

Jamás deberíamos elevar algo a definitivo por un simple amistoso. O sí, quién sabe. Quizás tampoco se puedan sacar conclusiones sólidas... pero algo queda claro en estos dos primeros bolos del Real Betis en Sudamérica: la unidad B no funciona. Es superflua. Ni aporta ni amaga con mejorar. Y no se habla aquí de canteranos. Se escribe de teóricos suplentes que deberían derribar la puerta. La derrota ante el Colo-Colo, precedida por la goleada de River Plate que aún revoloteaba en el recuerdo, evidenció la falta de profundidad que existe en la plantilla. Que sí, que era solo un compromiso. Cierto, el club engorda sus arcas con este viaje... pero la imagen nunca se debe negociar. Con una plantilla mermada, golpeada por las lesiones y que sigue acumulando cansancio en las piernas. Lejos de hacer marca, manchó su prestigio. Sin ánimos de ser derrotista... ¿De verdad merecía la pena? Cierto es que en este tramo inicial de curso el equipo ha cumplido con ciertas rotaciones. Disfruta de un once titular capaz de aspirar a todo y un bloque de 12-14 futbolistas muy competitivos, pero a la hora de la verdad la unidad B no da ese paso adelante. A la plantilla le faltan cosas (no pocas) y alternativas de garantías para los primeros espadas. Si Fekir no tiene el día y Canales falla, no hay clarividencia en zona de tres cuartos. Sin Borja Iglesias el equipo se vuelve inocuo, inofensivo, inocente. Y sin Guido, el equipo se cae. Se parte en dos. El gran cambio del presente curso, obligado también por los condicionantes, residía en que Pellegrini ha construido al equipo desde atrás, mejorando los números defensivos en general. Hasta ahí vale, pero el entramado defensivo se desbarata cada vez que entra una pieza que no encaja. Una sucesión de errores individuales que condenan al Betis partido sí y partido también (al menos últimamente) y que obligan al equipo a remar a contracorriente cada vez que pisa un terreno de juego. Un equipo que por momentos echa en falta al Betis del año pasado. Aquel plantel vertical con vértigo, dominador y que se sabía superior a la mayoría de rivales. Una impronta que ha aparecido a fogonazos este curso y de la que prácticamente ha parecido carecer en estos dos duelos ante River Plate y Colo-Colo.
Colo-Colo arrolló al Betis desde el inicio
Ya casi desde el pitido inicial, con un Estadio Ester Roa volcado con los suyos y la presión alta de Colo-Colo, se parecía atisbar lo que estaba por venir. Apenas duró cinco minutos el conjunto local en aprovechar las carencias del Betis, provocando una pena máxima por una mano innecesaria de Víctor Ruiz. Un error que logró corregir Dani Martín, adivinando las intenciones del delantero y atrapando el penalti en lo que debía ser un punto de inflexión para él. Lejos de buscar la réplica, el Betis era incapaz de enlazar tres pases seguidos y el Colo-Colo, ante el ímpetu de los suyos, evidenció las terribles carencias defensivas del equipo hispalense. Un minuto después de atajar el penalti, una salida en falso de Dani Martín la aprovechaba Lucero (8') para batir por alto al guardameta. Una herida que se ahondaría aún más al cuarto de hora, cuando los fantasmas del pasado apresaron a un Betis condenado por errores groseros. No logró interceptar Edgar el envío a la espalda de la defensa y un envío sin aparente peligró dejó Lucero a solo en el mano a mano frente a Dani Martín. No falló el atacante de Colo-Colo, logrando el segundo. A partir de ahí buscó el Betis meterse en el partido a través del dominio de la pelota, con Canales retrasando su posición y Fekir voluntarioso en busca de la asociación en zona de tres cuartos... pero cada vez que se rondaba el área rival se nublaban las ideas. El dato era desolador. El primer disparo entre los tres palos, de Fekir, llegaba en el minuto 40...
Alanceado por el rival
Sí que se dejó entrever un cambio de actitud tras el descanso. El Betis salió mandón, con ánimos renovados y un Nabil Fekir plenamente comprometido. Fue precisamente el francés el que tuvo lo más clara, con un disparo que se topó con el larguero. Un simple espejismo, pues el equipo volvió a caer preso de sus propios errores. Gabriel Costa, en primera instancia, y Lucero, a 12 minutos del final, completaban una goleada histórica para Colo-Colo. Un resultado que redondeó Zabala, completando una manita histórica para Chile. Todo lo contrario para el plantel verdiblanco, que emigró a Sudamérica en busca de hacer marca... y vio dañada su imagen, su prestigio. Con una plantilla mermada, golpeada por las lesiones y que sigue acumulando cansancio en las piernas. ¿Merecía la pena?