Sin sueños de plata, dignidad de oro

Sin sueños de plata, queda la dignidad de oro. Es el doloroso consuelo que le puede quedar al Real Betis tras caer en la tanda de penaltis ante el Athletic Club en el choque de cuartos de final de la Copa del Rey. Con la tremenda crueldad de ver cómo te empatan en el descuento un partido controlado y te lo ganan en la ruleta rusa de los once metros, el cuadro bético se despidió del sueño copero, pero debe aferrarse al orgullo de haber podido lograrlo. Y de tener motivos para albergar otros sueños. Este Betis da la cara y lo hace ante cualquiera, incluido un león al que Marcelino ha despertado de su letargo. El buen planteamiento de Pellegrini y la entrega del grupo narcotizaron durante muchos minutos sus zarpazos. Estos llegaron al final y lo hicieron de la forma más descarnada. La ilusión del beticismo acabó desangrada, pero no cabe sino hacerla cicatrizar con el orgullo de un bloque que está a la altura de la institución y de quienes la sostienen con su aliento. El auténtico thriller del torneo del KO protagonizado por ambos equipos transitó en sus inicios por un tanteo largo de púgiles cautos, que saben que el de enfrente puede dar la hostia más fuerte. El dominio del Athletic Club fluía más como sensación que como dominio, apenas proyectando el peligro de los balones aéreos. Media hora tardó el olor a prórroga a esfumarse, el tiempo que empleó el Betis en adueñarse del juego. El planteamiento de Pellegrini fue socavando el empuje de este nuevo Athletic de Marcelino. La fragilidad defensiva parece haber pasado a mejor vida y el espíritu de este grupo se sostiene en esa confianza, apuntalada por la dupla Guido-Carvalho en el pivote. La sangre ofensiva no parecía alcanzar al sistema nervioso con el corazón Canales tan arriba, pero en cuanto éste fue a buscar el balón más atrás y entroncó con Fekir la cosa cambió. Cuando los buenos cogen la pelota este equipo sabe mejor que nunca a lo que juega. Dos leones moviéndose como gacelas entre líneas que diluyeron el empuje de un rival con sordina en los rugidos. Las mejores oportunidades del partido afloraron en un cuarto de hora de buen fútbol que seguro permitió a los béticos colgar los desfibriladores un rato en la pared. Las diabluras de Fekir cargaron de tarjetas amarillas al cuadro vasco, que se salvó de quedarse con uno menos en una entrada de Yeray, tibiamente castigada sólo con falta por Hernández Hernández.
Un león bilbaíno con sangre en la mirada
Sin Muniain, el Athletic perdió su fiereza más fría, la del toque y la visión. Aun así no cabe demérito ajeno, sino virtud propia en un Betis que se bastó para hacer valer su sello. Sin embargo, el túnel de vestuarios devolvió al césped a un león bilbaíno con sangre en la mirada. Los de Marcelino desperezaron su instinto asesino con un juego rápido y directo que hizo merodear el KO técnico por la portería de Joel Robles.

“Anda, Mari, dame otra vez el cacharro ése para el corazón”, se tuvo que escuchar en alguna casa de la capital hispalense. Williams, león con cuerpo de pantera, le alteró la cordura a los de Pellegrini. Pero este nuevo Betis compite, se faja y se empeña en hacer honor al escudo. Recuperó el pulso con mucho trabajo, amagó con un par de golpes y soltó el directo con el puño izquierdo de Juanmi. Un zapatazo de justicia divina para un futbolista que apenas ha podido saber lo que es vestir de verdiblanco por las lesiones. La ilusión se escuchaba viva en el silencio del Villamarín de la pandemia.
¿Hablamos del Betis? No podía ser todo tan fácil...
¿Hablamos del Real Betis? Así es, por lo que no podía ser todo tan fácil. Cuando menos apuros pasaba el cuadro bético, cuando más cerca parecía la prolongación del sueño, cuando los ojos de la afición verdiblanca flotaban en lágrimas de ilusión, llegó Raúl García para ahuyentar la felicidad y meterla en las fauces de la manada rojiblanca. La prórroga siguió como una lucha sin cuartel, fiel reflejo de la bella rivalidad copera que se ha ido fraguando durante décadas entre los dos equipos. Con menos ocasiones por ambas partes, aunque cruenta, trepidante e incierta. Cuando la batalla se fue a los penaltis, una vena se saltó en los corazones béticos. Canales, el dios todopoderoso del actual Betis, se hizo hombre y falló, mientras que Juanmi le cantó una balada a su redención. El sueño de plata tendrá que esperar, la dignidad de oro se la lleva el bético colgada en el cuello.