Forges e Inocencio: ¿dos muertos sobre la mesa para pasar de ronda?

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El Athletic se clasificó para octavos en una noche negra.
Kuitxi
  • Nueve detenidos tras la batalla campal de San Mamés

  • El ertzaina muerto no presentaba traumatismos

  • Ziganda: "Un episodio muy triste que entristece el día de hoy"

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Yo pregunto a los lectores, si no se han puesto a pensar, ¿cuántos colegios de Moscú ordenó Putin que se cerraran ante la visita del Athletic y la llegada de un puñado de entusiastas athleticzales?. Con motivo del partido de vuelta de dieciseisavos de final de la Europa League, esos hijos de la madre patria rusa que aún no han superado la humillación que supuso la ocupación de la URSS por el régimen nazi del genocida Adolf Hitler vomitan su complejo de imperio sometido a base de educación en cursos acelerados, y a cielo abierto, de hordas de descerebrados que dan sentido a su vidas haciendo turismo del pánico y pánico del turismo. Hace tiempo que Rusia ya no es nada ni nadie en el concierto europeo, y qué decir del Mundial. De virtuosos del balón han pasado a magnates que se dedican a conformar plantillas de fútbol a base de mercenarios, esbirros, e incluso esclavos negros, pues de esclavos es hacerse con una soldada a cambio de ser humillados por el color oscuro de su piel.  Este Athletic-Spartak no debería haberse celebrado. Y no ya porque antes de que comenzara se tuviera noticia del fallecimiento de un ertzaina en el hospital de Basurto, ni siquiera por el mazazo que para uno haya sido desayunarse con la triste noticia de la última viñeta de Forges.     UEFA, o su jefa la FIFA, o la madre que parió a ambas, deberían haber impedido que desde Moscú despegaran 'pájaros de acero' con destino Bilbao y Gasteiz previo aterrizaje en Loiu, o que desde el Sur y el Levante se elevaran hasta el Norte esos maestros y maestras del empine de la jarra cerveza y un buen vaso de vodka.  Ante las amenazas vertidas en las redes sociales por esos machotes que, erguidos, braman en los estadios con el tronco desnudo a temperaturas de espanto, el colegio Pureza de María, desde el otro lado de la explanada de San Mamés, instaba a padres y madres a que, a pesar de que el profesorado estaría al pie del cañón, no vistieran a sus criaturas para llevarlas al colegio. 

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    Estado de Sitio. De excepción. 500 ertzainas. 100 municipales. 200 agentes  de seguridad privada, y, no se lo pierdan, ¡tres policías rusos, tres!, para que hubiera buen rollo en la entente vasco-rusa. Un pueblo, el vasco, "acomplejado, miedoso, histriónico", habla la 'peña rusa' más enrollada, escribe en las redes, nos tienen miedo, ellos sabrán por qué, nosotros tan sólo dijimos que nuestro objetivo eran 'los policías españoles' (sic) y esos grupos de extrema violencia que adornan la centenaria historia de un Club segundón como el Athletic, inferior a nosotros, ganadores de nada, perdedores de todo, de esta guerra, por ejemplo, de este pulso que ya hemos ganado. ¡Nos tienen miedo!. "Nuestra afición es de lo más sana del mundo". ¿Quién? Y un italiano a sueldo del club moscovita, un entrenador cobarde, un técnico al que le da lo mismo el amor del fútbol que la muerte de un hijo de Ermua, muerta anunciada, ya lo había dicho Fatria y los Gladiators Firm '96 : "Venimos de caza, caza mayor, donde esté un policía 'español' (sic) que se quiten esos vascos que ha ya tiempo perdieron la pureza de su raza". Un colegio cerrado. Bares alertados. Hosteleros con ese miedo tan libre como atenazador. Bilbao en el ojo del huracán. En un jueves frío y húmedo. El Athletic empezó perdiendo el partido, y la eliminatoria, en esas horas de la madrugada que escogen los genios para despedirse de este  mundo a la francesa. Antonio Fraguas 'Forges', el humorista que mejor dibujaba a los leones, le dijo adiós a su ídolo el Txopo antes de alzarse en vuelo para reunirse con Zarra y San Mamés. Golpe duro. Y hacía frío.

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  A pesar de ello, a las siete de la tarde ya estaba yo en esa explanada maldita donde a no mucho tardar se haría un hueco la muerte. Entré en el campo. Tenía frío. Mucho frío. Desde aquel partido que sirvió de homenaje a Andoni Goikoetxea no había sentido tanto frío en mi cuerpo. Sensación térmica como de bajo cero.  Y yo, ora sentado, ora de pie, tirando fotos, hasta que la guerra cruel estalló en los aledaños y mis oídos se hicieron eco de ella. Un muerto. Otro más. Pero yo no lo sabía. Tan solo estaba capacitado para sentir frío, mucho frío, tanto que, les confieso, por momentos estuve tentado a salirme del estadio, coger el metro y acercarme hasta Portugalete, La Florida, casa de los sueños, cálida estancia, meterme en la cama, quedarme dormido, goxo-goxo, soñar que todo había sido una pesadilla, que el Athletic había caído en la fase de grupos, que no había vuelta de Europa League, que tan soló quedaba centrarse en el partido del Málaga, tres puntos, sumar hasta 31, a tan solo cuatro victorias de la salvación.  El partido se jugó, sin embargo. Más que por mí, que lo sufrí alelado, lo sé por esa 'crónica del metro' tan triste que mi compañero Asís Martín ha tenido la obligación de escribir. Gritaban los rusos desde el palomar. Canciones a muerte. Y yo, en la higuera. Proclamas fúnebres. Estaban en su salsa. Ganar, perder, empatar. "Hemos venido a matar a alguno de esos policías españoles que una prensa miedosa, que un pueblo menor, que un club acomplejado, está poniendo a los pies  de los caballos. Le aplastará el metal de la herradura. Y dirán que hemos sido nosotros. Psicosis. Estado de sitio. De excepción. Un colegio cerrado. Puntos de sutura. Un corazón que no late. Y yo sigo aquí escribiendo, a las tantas de la madrugada, cual si no pasara nada. Tengo muy mal cuerpo. Deseo con ansia meterme en la cama. Con una tristeza infinita. Con el temor de que la UEFA nos deje fuera por los graves sucesos causados, y por esos otros que no hemos podido evitar. Putin pide que se haga justicia con sus hijos masacrados. Y uno, con el corazón tan debilitado, no sabe ya si es por sus chicos del Spartak o por esos machotes que se entrenan en los claros de bosques ignotos de la Rusia infinita. Si fuera por los discípulos de Massimo Carrera, sepa el dirigente ruso que el Athletic mereció pasar de ronda porque fue más, mucho más, así en la ida como en esta vuelta que tan cara nos ha costado.

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  Cero a uno. Saborit y Etxeita. Y cuando todo parecía consumado en el verde, la enésima perdida desidiosa-infantil de uno de nuestros medio centros. Sea Rico, San José, sea, como fue, Ander Iturraspe, que salió al contraataque de estampida olvidando que se había dejado el balón atrás. Uno a dos. Me gustó mucho 'Rulo'. Mas ahora tan solo deseo que el sueño me acoja. Como a Antonio Fraguas 'Forges'. Como a Inocencio Alonso García. Qué quieren que les diga, ¡me da todo esto tanto asco!    Post-Scriptum: Por  respeto a Leonidas y sus trescientos valientes espartanos, por no manchar la memoria de los héroes del desfiladero griego de las Termopilas haría bien el Spartak de Moscú si se cambiara su nombre. Por Luis María Pérez, 'Kuitxi', exfutbolista y periodista