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La media punta se llama Aketxe

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Con el sistema que utiliza Cuco Ziganda, y los hombres de los que se sirve para rellenar las cinco líneas que lo sustentan (que bien podrían ser cuatro si a uno le da por comprimirlo), sistema y futbolistas, jugadores y forma de ubicarlos, el Athletic Club, de un tiempo (inmemorial) a esta parte, es un ejército tan complejo de entender que, por exigencias de sus componentes, se ve obligado a hacer frente a sus rivales dispersándose en la foresta de los estadios hasta convertir sus partidos en una lucha de guerrillas, eso que, despectivamente, se dio en llamar "hacer la guerra por su cuenta", expresión que no debería acarrear menosprecio a la labor de un equipo y al 'comandante' que desde el banquillo lo arenga. Sino, más bien, dar a entender que es la única forma que tienen los leones de hincarle el diente a su enemigo al ver como de inmediato a saltar al circo se dispersan hasta dejar de ser manada, corriendo el serio riesgo de que sean tachados de 'lobos solitarios', apelativo del que uno se sirve no sin decir que nada más alejado de la realidad de esas alimañas que por matar a cien ofrecen su vida envuelta con el lazo de una cartuchera cargada de dinamita.

Si hiciéramos el esfuerzo de dejar en la cuneta de esta crónica el 'bienio negro', y nos centráramos en "mi sangre rojiblanca hirviendo en mis venas" de Caparrós, rescataríamos con suma facilidad el 1-4-4-2 del entrenador de Utrera. Con él, el planeta Athletic era del todo entendible para todos aquellos a los que nos apasionan el Universo y sus leyes, incluido este que escribe, que se tuvo que hacer de letras a fin de no encararse con esas divisiones con decimales previas a aquellos quebrados que lo empezaron a acechar antes de que los logaritmos le destrozaran su adolescencia. Con Joaquín Caparrós, el fútbol era tan sencillo como a veces nos parece, y tan complicado como cuando al que en las alturas hilvana le da por dislocar la ley de la gravedad que, cual espada de Damocles, pende sobre la testa del Athletic por culpa del que cree que es posible sacarle más jugo a un limón que ese del que uno se sirve para verter en una tacita de infusión de gengibre endulzada con miel de brezo. Gurpegi y Javi Martinez, en el doble medio centro. Llorente y Toquero, arriba, uno para las peinadas, el otro para el machaque. Con tanto como esto, poco para algunos, mucho para otros, lo justo para los que creen que la virtud está en el medio, el Athletic fue medrando en la Liga de las estrellas hasta jugar una final de Copa y meterse en Europa en aquel famoso partido de "clasificación, amigos". Llegaban las elecciones.

Y las ganó Marcelo Bielsa, porque sin el 'loco de Rosario' la cordura de Urrutia no le habría dado al "panaderito de Lekeitio" (va por ti, José Iragorri) para hacerse con el cetro y sentarse en el butacon del palacio de Ibaigane. 4-4-2. Sistemático Joaquín Caparrós. Y es que a veces, como decía la canción de 'Los Mitos', "es muy fácil, si lo piensas; es muy fácil, si lo intentas". El Athletic, aquel Athletic, no jugaba ni bien ni mal, sino todo lo contrario: ¡jugaba!...que no es poco... Con Bielsa, llegó el rosarino y mando a parar. Y uno, que no es de entrenadores ni de jugadores, sino, simple y llanamente, ¡del Athletic!, está en condiciones de prometerse a sí mismo que, en su corta o larga vida, no ha visto jugar a los leones de una manera tan hermosa como aquella que terminó derribando la puerta del 'Teatro de los Sueños' para ponerse a 'bailar la rumba' sobre la tarima rectangular de Old Trafford. Matemática. Física. Geometría. Hasta conseguir esa química tan depurada que, por mor de un alquimista, nos convirtió en el equipo más elogiado y envidiado de Europa. Inglaterra, Alemania, Portugal... Y si en Bucarest no rematamos la faena, no fue por deficiencias en el juego, sino por un loco que se empecinó en llevar a sus leones al matadero en el que les esperaba Simeone, un entrenador que por entonces ya sabía que su compatriota era tan testarudo que prefería perder con sus principios antes que ganar con la aburrida paciencia de la que se sirvió su verdugo.

4-2-3-1. O bien, 4-4-1-1 si entendemos por qué al Óscar de Biasteri se le termino apodando 'Desmarcos'. Susaeta y Muniain, en las bandas. Iturraspe, de eje. Herrera, con licencia para crear. De Marcos, para galopar hacia todos los espacios desocupados. Y Llorente, para el degüello. Quizás la hubiera habido antes. Pero nunca como con Bielsa la figura del 'media punta' cobro tanto protagonismo y peso. El Athletic, eso se cuenta desde dentro, terminó con el pecho ya muy cargado y deshecho. Aún así, la figura del media punta, esa que no había existido con Caparros, fue esa herencia no escrita que como pesado lastre (no anduvo fino Valverde) tomó para sus dictados Ernesto, "el hombre que fotografiaba a los leones". Su primer error fue calcar el sistema de Bielsa. Su segundo, más grave aún, adelantar la posición de Ander Herrera para que oficiara de De Marcos, al que desplazó al lateral derecho para evitarse los quebraderos de cabeza que le creaba el declive de Iraola. Con poco campo por delante, y demasiado espacio por detrás, Herrera se convirtió en el pájaro de Gabriel Aresti: una golondrina con los ojos arrancados. Se marchó el del Real Zaragoza al "United de toda mi vida". Problema gordo para Ernesto Valverde. Que tiro de Beñat Etxebarria como el que pretende con oro molido tapar la grieta que se abrió en la pared de una Catedral muy vieja. Antes de asumir su error, Txingurri cargo la culpa sobre la espalda del que venía de Heliopolis. Hasta que, ¡albricias!, Simeone puso en el mercado del Athletic a uno de sus legionarios que, cielo abierto para Urrutia, si entraban en la filosofía del Athletic.

Raúl García jugaba de todo a la orilla del Manzanares, pero encima de la ría del Nervion su condena ya había sido dictada por un Valverde que obró como el periodista que por nada del mundo quiere que una verdad le destroce un titular de mentira pero maravilloso. Y fue así que 'Rulo' paso a ser ese soldadito de plomo ubicado firme sobre ese casillero otrora ocupado por De Marcos, Herrera y Beñat Etxebarria. Desde que Raul García llegó al Athletic, los elogios que ha recibido siempre han tenido que ver más con virtudes de carácter, lucha, raza y liderazgo que con esas otras inherentes a un futbolista de bandera. Uno se moja porque cree que la pileta a la que se lanza esta sobrada de agua: Raúl García, más que una solución, se ha convertido en el gran problema que arrastra, hasta ser lastre, este Athletic de Ziganda, heredado de Valverde. Cuando lo veo, como esta noche lo he visto, a 'Rulo' sobre el verde, siento.... más lastima por el que rabia por el perjuicio que su entrenador le procura al Athletic ubicándolo en tierra de nadie, allá donde no es delantero ni centrocampista, allá donde media punta no puede ser porque la que un día Marcelo Bielsa se 'inventara' fue a costa de las portentosas condiciones físicas de un chico de La Guardia y de una manera prodigiosa de entender la práctica del fútbol. ¿Soluciones?... O el que ordena y manda recupera el 4-4-2 de Caparrós, o, de manera delicada, con el respeto debido, retira del tablero al soldadito Rulo para colocarlo en otra posición (el medio centro en detrimento de San José), el banquillo... o la grada.

Con Susa y Cordoba en las bandas, Ziganda tendría muy serios argumentos para recuperar el dúo que en ataque utilizaba Caparros: Aduriz...y Wilians despejándole el camino de moscones para que el Zorro siga rasgando con una zeta la vestimenta de los arqueros. Ah... ¿Qué no?... ¿qué dos arriba, no?... Entonces, la media punta para Muniain... Ah, ya, que está lesionado... Esta noche, frente al Villarreal, el Athletic ha visto desfilar delante de sus ojos toda la gama de colores. De pasarlas moradas...hasta ponerse morado viendo como el Villarreal, ufano y soberbio durante gran parte del partido, viéndose desnudo por querer alcanzar el súmmum de la sabiduría, se cubría sus vergüenzas con sus manazas de hoja de parra. Todo empezó con la entrada de Susaeta y Mikel Rico al cuarto de hora de la reanudación: ¿les suena la dupla Iturraspe-Rico en los inicios de Ernesto Valverde?... y empezó la curación. Se quedó sin naves Ziganda cuando activo a 'un tal' Ager Aketxe. Pues bueno. Ya sin barcos a los que subir en caso de ataque feroz del enemigo, el zurdo de Romo se empezó a asociar con sus amigos yendo y viniendo desde su posición de.. ¡Media punta!...

La media punta de De Marcos, la de Ander Herrera, la errada de Beñat, la de Rulo que tanto daño le hace a este Athletic...Aketxe, el hijo de Isaac. Isaac, el que a punto de morir estuvo en el monte Moria. Dicen que un ángel sujeto el brazo de Abraham evitando el infanticidio. Isaac, que significa "hará reír", insufló virtud y talento a su hijo menor, para que, en noches como esta, con la pelota atada a su pie zurdo, armara la de Dios es Cristo creando el pánico en un ejército amarillo que no daba a basto para librar su rostro de bofetadas. Fue Balenziaga el que la puso templadita (y aún dicen que el pescado es caro) al segundo palo. Fue Aduriz el que cabeceó pillándole a su 'víctima' con el pie cambiado. Pero la lectura más fidedigna de este atípico partido fue la aparición en la media punta de un futbolista distinto que fue capaz de, sin el rosarino en el banquillo, hacerme creer que al Athletic de la última recta del partido lo dirigía Bielsa desde la distancia de los años.
Por Luis María Pérez 'Kuitxi', periodista y exfutbolista
