Si esta noche no, ¿cuándo?

Aduriz perdonó ante Ter Stegen.. LaLiga
  • El mejor Athletic... pero estaba Messi

  • Lekue: "Ha sido casi perfecto"

  • Iturraspe: "La derrota es injusta"

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Joanna, la hija del malogrado ciclista británico Tom Simpson, fallecido de manera trágica escalando el 'Calvo' Mont Ventoux, contestando al periodista que la inquiría sobre su obsesión por coronar puertos de montaña de envergadura, respondía: "Cada vez que escalo una montaña en bicicleta siento como si dentro de mí mi padre resucitara". El partido ha terminado. El Athletic ha sucumbido. Sé, porque siempre me ha ocurrido, que, mientras escribo, y a su final, yo no experimento lo que aquella mujer experimentaba: el Athletic vuelve a perder, acaso con más saña por parte del destino. Ese destino al que, incluso, estamos condenados en noches como la de ayer. Incluso. Sí. Porque si no se goleó al Barcelona, ¿cuándo será?. Si no se le venció, ¿cuándo se le derrotara?. Si ni siquiera un punto se ha sacado, ¿cuándo se terminara un partido frente a ellos con un empate en el luminoso?. 4-4-2, con el portero fuera del 'sistema' por ser 'animal de otra galaxia'. Dos centrales groseros. Un lateral derecho muy justito. Un centro del campo a base de cuatro canteranos, canteranos de cantera donde pican piedra Barrabas y sus amigos esclavos: Rakitic, Gomes, Paulinho, ese alicate que se hace llamar Sergio para que los árbitros pasen por alto que se trata de Busquets cuando reparte y protesta con su boca inexperta. Hormigón. Cuatro hormigoneras. Otros tantos sacos de cemento. Arriba, un tal Suárez con culo de actriz porno y más sobrepeso que Mikel Goñi cuando llegaba a los frontones de gau-pasa. Un Barcelona que se ha arrastrado sobre un verde demasiado botón, de bote, no de muestra, la hierba tenía sed.  Se habla de Messi como si por el hecho de saltar al campo ya tuviera firmado de antemano un partido de bandera. El Messi de esta noche fue más vago que la vestimenta de un espantapájaros. Descolgado en todo momento. O tal vez colgado. Despistado por tener la mente puesta en Argentina, y no en el Barcelona de la Cataluña que defiende. El Messi más indolente de la historia fue incluido en el once,  tal vez, y tan solo, para que mientras Alba profundizaba por la izquierda con el permiso de Lekue, en vez de correr en horizontal a su compañero, se retrasara, diera pasitos hacia atrás, cangrejo que con la pinza golpea el cuero que le viene en retroceso y diagonal.

Ese gol, similar a tantos, adelantaba a un Barcelona lamentable para lamento de Ziganda, del respetable y de un servidor, que, junto a su compañero de asiento, había maldecido la FALTA DE PERICIA de, cantemos la canción del 3, Aduriz de cabeza porque el centro le llegó a falta de velocidad; Williams porque, estrategia que ridiculizó el entramado defensivo de Valverde, se atolondró cuando lo tenía todo para golear; Aritz Aduriz, otra vez, porque, al plantarse más solo que la una delante del arquero teutón, entre todas las maneras de matar a Cerbero escogió la del perdón. ¿El Athletic perdonando al Barcelona?. Quién, díganme, quién no sabía que la próxima que el cuadro visitante tuviera la convertiría en gol. Marcó Messi, pero yo mismo habría marcado de haberme hallado en el campo, en el punto de penalti y libre de toda marca. La FALTA DE PERICIA, que no la de juego, condenaba por enésima temporada a un Athletic que, si esta pasada noche, no, cuándo, díganme, cuándo le podrá destrozar a este equipo que venía con sobrepeso en el centro del campo y en las nalgas de Suárez, grotesca figura la del 'canibal' uruguayo.  Jordi Alba, percutiendo por la izquierda, estiraba en ataque a un equipo sin otro patrón que no fuera su presidente. Sus avances, sus llegadas a la línea de fondo eran el único don que dignificaba la presencia de un cuadro 'cule' que en todo momento se vio superado por un Athletic irreconocible. Distinto a todo lo hasta hora visto. Un Athletic que, de haberse cambiado sus jugadores la camiseta con las de su adversario, habría dado el pego de ser, y parecerlo, "el mejor equipo del mundo". Liderado por Laporte en la defensa. Llamando la atención en la zaga Unai Nuñez con sus ayudas, con sus cruces, portentosas sus coberturas. Lekue, obligando a Roberto a seguirlo. Iturraspe y 'Sanjo' trenzando en corto. Williams y Córdoba haciendo maniobras por las bandas. 'Rulo' acaparando balones. Lástima de Aduriz: el Zorro perdonó al tirano cuando la noche era más negra. Un Athletic sin gol. Nada nuevo bajo la luna.  Lo que sentenció Marcelo Bielsa flotaba en el ambiente como una maldición: "A los jugadores les FALTA PERICIA a la hora de la verdad". Pericia para marcar uno, dos, tres. Ni tres, ni dos ni uno: los leones no la saben meter. Frigidez a la hora del remate. Gatillazo. Disparaba y disparaba, así con el cuero de la bota  como con el pelo de la testa convenientemente crecido luego de que se lo dejaran rapar para ser uno con un Yeray que muy pronto entrará en la 'leonera'  tras haberle dado 'pal pelo' a esa 'puta' enfermedad que ha no mucho se llevó por delante a mi querido compañero Marqueta.  "Sin tetas, no hay paraíso". Jamás vi capítulo alguno de la serie. Pero me dicen que hubo un día en que triunfó. Sin goles, y ante el Barcelona, no hay  ni siquiera lo que habría sido un alegre empate. El mejor equipo del mundo que lidera LaLiga Santander con insultante suficiencia, en la segunda mitad, ya de manera muy acusada, fue incapaz hasta de acercarse a la portería de un Arrizabalaga que, a ciento cinco metros de distancia, asistía a las meritorias intervenciones de su colega como si, en realidad, lo que observaba fuera un entrenamiento plagado de seguridad y poca palomita, un entreno del todo inusual porque ni un solo gol recibía. ¿Mérito de Ter Stegen o defecto de los míos? Lo segundo, 'Arri', lo segundo.  Defecto en toda regla. Carencia llamativa. FALTA DE PERICIA. Las mil y una noches. Relatos oníricos en La Catedral. Cuenta que te cuenta el portero alemán porque sabe que, mientras su 'cuento' le dure,  el sultán aleonado no tendrá legitimidad para darle muerte.  Y si el apuro se les sube a las barbas, lo nunca visto en un equipo dirigido por Valverde, digamos que el Athletic y su ciclo 'cuaternario': un central, Umtiti, pidiéndole en silencioso grito a Martínez Munuera que le mostrara la tarjeta amarilla por negarse a poner la pelota en juego. Un Rakitic fingiendo una lesión que no tenía. Y es que el Barcelona agonizaba en un partido que moría. Lo que en el Athletic jamás hacía, en el Barcelona, a la vista y con descaro. Ernesto, quién te ha visto y quién te ve. 

Dirigiendo a un equipo que no necesita entrenador. Dicen que Messi brillo. El Messi que yo vi, sin embargo, fue un espantapájaros, palo clavado en la medular sin obligaciones en defensa y con el derecho de empujar un balón que yo mismo habría convertido. Un Messi, ya con el tiempo cumplido, conduciendo un tres contra dos. Su mérito, pasarle el balón al obeso Suárez para que el 'nueve' blaugrana fallara de manera escandalosa. Paulinho la empujó a portería vacía. El cero a dos goles final fue un engaño para los sentidos. Un gran Athletic acababa perdiendo ante un Barcelona lamentable. Blaugranas arrastrándose por el campo.  Terminando esta crónica he podido saber la causa que me daba la razón en cuanto a la llamativa pasividad mostrada por Messi durante todo el partido. Arcadas a cada paso. A punto de vomitar. Messi ha jugado 'indispuesto'. Y ni aun así. FALTA DE PERICIA. Saberla meter. Releer tal vez la obra del psiquiatra López Ibor. Y es que ayer era LA NOCHE DEL DÍA. Qué pena. Por Luis María Pérez, 'Kuitxi', exfutbolista y periodista

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