La última escapada de Santamarina

El ciclista de Gallarta Luis Pedro Santamarina.
  • Como, casi, siempre rezando a San Mamés

  • Ziganda: "Hemos venido con intención de ganar e iremos a San Mamés igual"

  • Primer gol europeo de Aymeric Laporte

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Vergüenza. Tristeza. Rabia. Conmoción. Vacío. Tantas sensaciones como éstas pueden inundar a un ser humano en esta triste tarde del triste día de Santiago. Hasta el cielo, con las nubes y su lluvia de la madrugada. Hasta la destemplanza de una meteorología que parece aneja al invierno, y no inmersa en el estío. En este verano de 2017. Una estación que no recorro porque mi tren se detuvo hace treinta años. Descendí del vagón en La Canilla. Me remojé el garchanchón bebiendo del agua de su fuente, y, como el fútbol no me permitía darle (al propio fútbol) tanto (fútbol) como aún atesoraba, acompañado por Iñaki Montalbán, “txirrindulari amorratua”, me acerqué a la calle Gipuzkoa, 10, Portugalete, y ambos entramos en la tienda de bicicletas, en aquel templo de “los esforzados de la ruta” que regentaba Luis Pedro Santamarina, ciclista de “los sesenta”, como el ´seiscientos´, como los ´Beatles´, como ´Van Morrison´, como mi ´Primera Comunión´.  “Ciclista de los sesenta”. Un clásico. Luis Pedro Santamarina. Gregario de lujo, y , en ocasiones, también laureado. Maillot del Fagor. Entre el Olsa y el Werner. ´Picando´ en los puertos. Digno heredero de sus mayores que lo hacían, picar y picar, en las minas de Gallarta. De Abanto Zierbana. Como su compañero y director  José Antonio Momeñe  (barrio de´La Arena´) Como  Txomin Fernández Domingo. Un ´galipo´ y dos ´mineros. Momeñe (del que un día se escribirá con encendido criterio desde la palabra de su primo Santi Momeñe Bilbao), aquel que debió ganar el Tour de 1966, y que, por motivos que en su momento serán detallados de segunda mano, no lo hizo.

  Txomin Fernández, que “presume de acumular ´farolillos rojos´en su granja de Cunicultura S.A. muy cerquita de la coqueta villa de Lanestosa. Luis Pedro Santamarina y Teresa Cabrero, su esposa. Ambos estaban detrás del mostrador cuando Iñaki y yo entramos en  la tienda poco antes  de que aquel verano del ´87´ se incendiara en los calentines de la noche de San Juan...  Iñaki y Santamarina se conocían. La tienda estaba en las mejores manos. Y yo andaba loco por comprarme una “bici de carreras”, nada de ´montanbái´, lo mío era la carretera. Expulsado del ´Paraíso´ de La Florida,  estaba condenado a vagar por el asfalto de Bizkaia y sus aledaños. Y aquel ´castigo´, la verdad sea dicha, conllevaba cumplir el sueño que de pequeño no pude: Sollube, Orduña, Urkiola, Las Muñecas, Larreineta, el ´muro de Galindo´ que escalaban Gabika y ´cía´en aquella ´Clásica´ cuando yo era un crío de cuatro años sentado en una campa, enfrentado al cementerio hacia el cual, impulsados desde Repélega, bajaban los corredores a “tumba abierta”...  “Búscale una buena bici al chaval”. Luis Pedro me miró. Como sorprendido de que un futbolista del ´Portu´ se pasara al ciclismo, a ese duro deporte que él ya había vivido intensamente en calidad de profesional. Me sacó una ´Zeus´, que aún conservo a la espera de la enésima reparación luego de haberme desprendido de una Orbea ´de cine´.

Una ´Zeus´de entonces: con rastrales y aquellas dos gruesas serpentinas de plástico que te obligaban a  estirar el brazo derecho hacia abajo para cambiar de desarrollo a base de dos platos y media docena de piñones. Ni como para pedir un crédito ni regalada. “Una muy buena bicicleta”, convinieron ambos. 60.000 pesetas del ´87´. Juzguen ustedes. Que yo me voy a meter entre pecho y espalda mil quinientos kilómetros del ala en menos de dos meses. Y me eché a volar...  De vez en cuando pasaba por la tienda para ir sumando complementos. Para echar un vistazo al género tentador. Puro vicio. Para departir con Teresa (oh, aquellas tardes con Teresa), mientras ´Santa´ estaba dentro, trajinando en el taller, y ella y yo hacíamos tiempo a la espera de que mi amigo ´Maximo Podenzzana´ me viniera a recoger para completar la etapa del día, sería entones que todo eran mañanas (oh, mis mañanas con Teresa), la hora de salida que se necesita para hacer frente a la clásica Portugalete -Santuario de Urkiola- Portugalete, 100 kilómetros, como aquellos gloriosos suyos que lo llevarían al entorchado del ´Campeonato de España de Fondo en Carretera´ que, finalmente, saldrá a escena.   ´Juanjín´ mantuvo el tipo hasta que, a falta de trescientos metros, cuando ya se adivinaba el último muro que conducía al Santuario, el pequeño gran ciclista de Repélega echó el pie a tierra a pesar de que yo no hacía sino alentarle (como Santamarina a Ocaña) para que no se dejara abandonar, para que no se rindiera…

  Fue al principio de nuestras conversaciones cuando salió a escena “la foto” en precioso cuadro, y a la palestra, aquellas terroríficas ´Tres cimas de Lavaredo´, “en los Dolomitas, el puerto mas duro que he ascendido en toda mi carrera profesional”. Con respecto a la fotografía, impactante como ninguna, la copia que Santamarina tenía colgada de una de las paredes de su tienda catedralicia era una imagen de aquella ascensión al ´Ballon de Alsacia, Tour del ´69´, en el que, en primerísimo plano, aparecía él, ¡humanamente pletórico; su gesto generoso!, soplando el destrozado cuerpo de Luis Ocaña para que el “francés de Priego”, el  “español de Mont de Marsan”, no dejara de darle a los pedales, y así, no caerse de la bicicleta. Mi memoria, selectiva, incompleta, no conserva “dos caídas y un cuerpo que espera la carrera dejar”, sino la imagen más edificadora de la solidaridad y el sacrificio hacia el compañero al que “algo malo le había ocurrido”…  Vacío. Conmoción. Rabia. Tristeza. Vergüenza. Pero, cómo es posible; cómo lo ha sido: ¿Cómo haber cerrado él los ojos a la violenta luz de este mundo el 6 de Febrero de 2017...y haberlos abierto yo, a esa misma luz que a él le había cegado, el 25 de julio, ¡140 días después!?...¿Por qué hoy, tras la regata de Lekeitio (¿acaso porque el ´bote´de Zierbena bogaba?), y no en uno cualquiera de esos 140 días precedentes? ¿Cómo un periodista, pero sobretodo ser humano y deportista, puede permanecer al margen de una realidad tan terrible que le correspondía asumir?...

  Ni el valle leonés de Babia; ni los jiennenses cerros de Úbeda, ni la ´Luna de Valencia´: parajes ya caminados no pueden ser jamás excusa. Inopia. “Falta de riqueza”. Pobreza emocional. En la inopia estaba y ni siquiera era consciente del paraje virtual en el que mi mente se hallaba...     El 12 de junio, con motivo de una etapa del ´Giro de Dumoulin´, tuve ensoñaciones con él (con Luis Pedro Santamarina), y, en mi desconocimiento imperdonable, recreé al aire de este ´desmarque deportivo´ conversaciones con él sintiéndolo completamente vivo, protagonista de mis días y del porvenir. Leo aquel artículo, a toro pasado, a ciclista extinto, y siento vergüenza. Profanador de memorias sagradas. Pero triste, también: uno es profunda y vertiginosamente humano.   Rabioso con la vida y con la muerte. Conmocionado al sentir que no nos volveremos a cruzar, Carlos VII arriba y abajo (calle en la que ayer se hermanaron, cantando y bailando “la Bamba”, todas las culturas del Mundo para regocijo de jarrilleros presentes y televidentes entusiasmados de la ETB1), calles arriba y abajo, les decía, camino de su casa de Abaro. Vacío. Multiplicado por dos: el suyo... y el mío…

  ¡140 días!. Otras tantas oportunidades. Lo que buscando no vi, hoy (25 de Julio), mediodía de Santiago, sin pretenderlo, con lo más terrible me he topado...Revisando ´feisbuk´ en el día más aciago. La boda de mi peor sobrino. Caras que fingen una plenitud vital con tal de esconder tanto fracaso. ´Barbis´ desangrados en ´masas corales´ a la hora de la muerte. La dignidad, por los suelos. Fotografías de una villa jarrillera que me duele como si fuera mi propia entraña.   Aún así, por su histórico valor, pretendiendo compartirlas, he ´cliqueado´, y, de repente, la imagen de un Luis Pedro Santamarina engalanado con su maillot del FAGOR, letra en azul, exquisita caligrafía, dedicatoria “Para todos  los socios e integrantes del club ciclista Tarragona con mucho afecto y simpatía”. Su rostro limpio. Ojos profundos. Mirada seria. Un cierto aire melancólico. Pose del galán que un día fue, del atractivo hombre maduro que para Teresa yo aún pensaba que él seguiría siendo…  “A LA MEMORIA”...letras grandes, mal principio; su foto sonriente en el taller de su tienda de bicicletas...”DE LUIS PEDRO SANTAMARINA  ANTOÑANA, CICLISTA AFINCADO EN PORTUGALETE: El pasado día 6 de este mes falleció...”.

  De “este mes”: ¿de qué mes?...Febrero. Y empiezo a contar hasta cinco: vergüenza, tristeza, rabia, conmoción, vacío. Para qué más. Vergüenza: por mis errores y el olvido. Tristeza: porque duele dar por perdida la figura humana que uno tanto había querido. Rabia: porque 74 años resultan  indecente edad para terminar siendo los de la muerte de un deportista. Conmoción: no tengo palabras. Vacío: nada que decir. Si acaso agachar la cabeza pidiendo perdón ante tanto daño cometido por las cosas que escribí sin saber que Luis Pedro Santamarina ya no existía.   Humildad. Es lo más sagrado, y lo único valioso que me queda. Silencio. “¡Cállate, Luismari, Luisma, Samuel, Samu, Kuitxi...o como demonios te llamen...No cojas el boli: no escribas. No marques los números del teléfono de su casa: no le digas a Teresa las palabras que en su día no le supiste llorar. No hagas nada. Déjalo. Ni se te ocurra glosar su figura...porque, como te empeñes, machaconamente y a pulmón, en ´bucear´ en internet, sólo acertarás a constatar que lo mejor, y lo más sublime sobre su  vida y milagros, de su boca ya salió...y otros periodistas lo recogieron…  En tu pecado irás sintiendo el castigo de la penitencia. Lo que al escritor más le duele. Que ya no tienes nada que contar. Llegas tarde. Demasiado. Se secaron las lágrimas, y hasta los ríos de tinta. Te llevará unas horas caer en la cuenta de que en cualquiera de tus intentos no hallarás sino dolor, y te inundará la angustia. Pero, sin embargo, lees. No lo puedes evitar. Lo estás haciendo. El instinto te domina. Títere eres.  Hilos  manejados por “el que en las alturas hilvana”, Mario Angel Marrodan dixit…

  ...Aquel julio de 1967. Campeonato de España de fondo en carretera, cuando el oro de Sabadell, en la ´crono´ de los terribles ¡100 kilómetros!, no pudo resucitar los cuerpos de Simpson y Valentín Uriona. “Primer Campeón de la ´Vuelta al País Vasco´”. Presente en las “Tres Grandes”; etapas en la Vuelta y en el Giro. Corona de Rey en los  ´Valles Mineros´ de Asturias, territorio del ´Tarangu´...Y aquella foto. Sobretodo aquella fotografía. No la que recoge la prensa. Sino la que tú viste en su tienda, la que él, en persona, orgulloso te mostró. Sin palabras. Como si fuera cine mudo. Aquella imagen vale más que... “¡Pero la mía!: Mi imagen, Luisma…”  Luis Ocaña, dando tumbos; Luis Pedro Santamarina, elevando a su líder en aquel puerto francés con el ligero viento que provocaban  sus alas de ángel…  Déjalo. No te castigues. Todo el mal ya está hecho. Y un hipotético bien: el ´beneficio de la duda´ es un garante que también a ti te asiste. [galeria_jm path="201718/KIROLAK/CICLISMO/SANTAMARINA"]  Goian zaude, Luis Pedro Santamarina, Gallartako txirrindulari bikaina, ondratua, eskuzabala! Por Luis María Pérez, 'Kuitxi'. Futbolista, periodista, montañero, pero sobre todo escritor: cuentos, relatos, cronicas, artículos radiofónicos, literatura de viajes. 

@LuismaPrezGartz

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