¿Bielsa? Les acompaño en el sentimiento
¿Hacia dónde vamos?
Athletic: Caída en picado
No la saben meter lejos de San Mamés
Estos días, al hilo de la noticia del fichaje de Marcelo Bielsa por el Lille francés he escuchado un comentario tan lacónico y sarcástico como acertado; “les acompaño en el sentimiento”. No puedo estar más de acuerdo ni expresar de mejor manera lo que me inspira la figura del gurú argentino. Y es que, aunque no seré yo quien ose cuestionar sus conocimientos técnico-tácticos, por no estar capacitado para hacerlo, sí soy de los que piensan que la figura de Marcelo Bielsa está sobrevalorada. Tengo la sensación de que una de sus principales virtudes es conseguir que se le valore más por lo que parece que hace, que por lo que realmente logra en cada una de sus aventuras competitivas. Es más, considero que su mayor éxito radica en saber imbuirse de un halo de semidiós futbolístico que no se corresponde con sus resultados reales. Una aureola complementada por una imagen de loco místico, por encima del bien y del mal y por unas leyendas urbanas que siempre aportan una imagen populistamente positiva de él (ese personaje capaz de cambiar un Rolex por un pin, de regalar unas entradas a un mendigo, de vivir de manera austera pese a hacerlo en un hotel de lujo…). Pero sin entrar a valorar su compleja personalidad –fue capaz de poner de rodillas a todo un club centenario como el Athletic-, sus repetidas polémicas, sus declaraciones demagógicas –aseguró ganar una cantidad obscena de dinero pero no le importó cobrarlo- o sus espantadas (Espanyol, Lazio…) sí que me gustaría poner en cuestión sus logros futbolísticos. Insisto en que no se trata de poner en tela de juicio su sabiduría y capacidad profesional porque, además de venirme grande, la tarea supondría adentrarme en un terreno absolutamente subjetivo y abonado al oportunismo; resultaría ventajista, por ejemplo, recordar que si fuera por el criterio de Bielsa, Aduriz no hubiera regresado al Athletic.Soy de los que piensan que la figura de Marcelo Bielsa está sobrevaloradaHablemos pues de resultados –“clasificación, amigo, clasificación”, que diría Caparrós. Dejando de lado sonados fracasos como el protagonizado con la selección argentina en el Mundial de Corea y Japón, vamos a centrarnos únicamente en su paso por Bilbao, donde obnubiló a tantos y tantos aficionados. Muchos de los cuales se resisten a reconocer los méritos de una leyenda rojiblanca como Valverde –claro está que Txingurri es un tipo demasiado sencillo y cabal como para desatar pasiones. En sus dos temporadas al frente del Athletic Bielsa disputó seis competiciones oficiales. En Liga el balance fue bastante desalentador; el Athletic no consiguió superar en ninguno de esos dos cursos la décima posición, quedando en ambas temporadas lejos de los puestos europeos. En Copa nos topamos con una de cal y otra de arena. Frente al subcampeonato obtenido en su primera temporada (en el camino a la final solo se eliminó a un Primera) hay que recordar el fracaso de la segunda campaña (los rojiblancos cayeron en la primera eliminatoria por un Eibar que entonces militaba en la división de bronce. Esa dicotomía se repite a la hora de repasar los resultados obtenidos por Bielsa en la UEFA Europa League. Es innegable que alcanzar la final de Bucarest y, en especial, las eliminatorias superadas ante Manchester United y Shalke 04, supusieron algo extraordinario. Un éxito, casi a la altura de lo logrado por un mucho menos alabado Koldo Aguirre, que en la temporada 76-77 sumó a los subcampeonatos en UEFA y Copa un tercer puesto liguero. Y eso obviando que el equipo de Bielsa sorteó el playoff sin tener que disputar el partido de vuelta de una complicada eliminatoria ante el Trabzonspor turco. Su segunda experiencia europea con el Athletic se resume en una decepcionante eliminación en la fase de grupos. En síntesis, el idolatrado Loco dejó en Bilbao dos finales perdidas, poco más de un par de meses de muy buen fútbol, un puñado de partidos para recordar y… un equipo desfondado. Admito que, pese a tratarse de datos objetivos, pueda entenderse este análisis como un ejercicio de demagogia, simplista e injusto –sobre todo para los futbolistas. ¡Cierto! Tanto como encumbrar a los altares a Marcelo Bielsa. Ya se sabe, “ni tanto ni tan calvo”. Por José Ángel Peña, periodista de COPE Bilbao
