San Mamés no es San Mamés
Que bote San Mamés
¿Por qué cada vez animamos menos en San Mamés?
San Mamés abre las puertas de la Taberna y el Restaurante
Este pasado sábado, acudiendo a San Mamés como de costumbre una imagen en la pantalla exterior de Licenciado Poza, me hizo reflexionar sobre todo lo que vivimos en torno a un partido de nuestro querido Athletic Club. Invadido por el recuerdo no pude evitar pensar en este campo, que nada tiene que ver con el del pasado, las personas somos las mismas, pero la pasión con la que vivimos las cosas ha cambiado, tanto como sus lugares. Añoro aquel campo con sabor inglés al que tantas veces he ido desde mi niñez, cuando vivíamos en un Bilbao gris e industrial, el paso en el bote a Olabeaga y la ascensión por aquellas escaleras para acceder a la trasera de la feria de muestras y al campo por el camino de la ventosa. Camino de ida repleto de comentarios sobre posibles alineaciones, sobre tácticas y jugadores. Un recuerdo de sabor especial en inviernos de lluvia paraguas y gabardina. Una vuelta a casa guardando cola para el gasolino, que más que una cola era una tertulia rojiblanca, aderezada por variopintos comentarios y amenizada por algún que otro transitor a pilas. De eso ya hace más de treinta años, Bilbao ha cambiado, y especialmente San Mamés, otra nueva edificación más, diseñada para el ocio y para el fútbol, un estadio que podríamos ubicar en cualquier lugar del planeta, y funcionaría de igual manera. Quiero pensar que es como una casa a la que nos hemos mudado y no acabamos de acostumbrarnos, porque lo que veo en ella me preocupa, y mucho. Ya no animamos como antes. Acudimos a un campo tan distante como grande, donde las reglas han cambiado, dividido por un anillo repleto de vacías localidades y palcos VIP, que necesita de algo tan abstracto como una grada de animación para que parezca popular. Hemos hecho una copia de cualquier otro recinto futbolístico, que aún carece de señas de identidad, no como la antigua catedral, aquella que tenía un escudo pintado en ese lugar en el que hoy tenemos una enorme pantalla. Una clave, puede estar en la distancia creada. Antaño, los jugadores, tenían contacto con la afición, llegaban en autobús y accedían al estadio a través de un pasillo formado por nosotros, e incluso cuando marchaban en sus coches particulares, normalmente aparcados en la feria de muestras, volvían a tener contacto, porque les podías estar esperando. Nuestro herritik zortu zinalako maite zaitu herriak, parecía algo real e innegable gracias a esos pequeños detalles, que considero esenciales. Cada vez nos parecemos más a cualquier otro equipo de fútbol profesional, hasta las celebraciones de los títulos se han vuelto algo muy Cool con ese autobús de dos pisos, en vez del camión y su cartola, eso sí, nos hablan de que son una cuadrilla y todo parece como de andar por casa. Pero lo peor de todo llega cuando el Club no quiere darse cuenta de que todo esto está ocurriendo, la afición se está distanciando, obligada. Miedo me dan también las obras de Lezama y el edificio para el primer equipo. Espero que no acabemos teniendo una rotonda donde hoy hay un cruce, y gracias a Dios nadie espera a nadie. La gente cuando acude a San Mamés por primera vez, dice que tenemos un campo espectacular, y puede tener razón como edificio, pero si sólo nos centramos en eso, vamos muy mal orientados. San Mamés no tiene nada propio ni característico, y esa baza de hacerlo único es nuestra responsabilidad, más bien de toda la gente que formamos la familia denominada Athletic Club. Puede que lo que ocurre sea el fiel reflejo del cambio de la sociedad Bizkaina, que nada tiene que ver con la de antaño, o puede que ni nosotros seamos nosotros ni San Mamés sea ya San Mamés. Por Koldo Ansoleaga Basauri, socio del Athletic Club y contertulio de Radio Popular Que bote San Mamés¿Ambiente o animación en San Mamés?San Mamés ya no botaArgumentos sobre ambiente y el añorado 'Espíritu' de San Mamés
