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'Cucada' en el Tartiere, por Kuitxi

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Soy del ´Bilbao´.  Desde siempre lo he sido.  Aquellas noches de domingo en las que los ´hombres de Sarita Estévez´ desgranaban crónicas catedralicias y aquellas otras que venían desde Candás, Ponferrada o Cacabelos.  Aquel ´Bilbao´ cuyo once terminaba  en Sada y Trabudua. Adicto, siempre. Pero desde que José Angel Ziganda cogiera al equipo, obedeciendo órdenes directas de su correligionario Josu Urrutia, más, mucho más, hasta el punto de ser tildado de “Cucodependiente” en los mentideros de mi villa jarrillera. “Cucodependencia”. En la ´tacita del plata´  ganó el de Larrainzar su medalla de oro, y su derecho a sentarse en el banquillo casero de San Mamés. El banquillo del ´Bilbao´. Del ´Bilbao Athletic´. Porque en el ideario de Ziganda no existe ´plan B´: “¿Athletic B?… ¿Qué cosa es el palabro?”… El domingo, a eso de las cuatro y media, como un clavo, y eso que sabía que a partir de las cinco de la tarde se vería mucho ´cemento´ en el ´Aurkene´ de Miren, ese estadio que habría de llenarse hasta la bandera para ver la exhibición de los hombres de Txingurri en el Benito Villamarín. Uno de noviembre. Domingo.  Casi solo frente al televisor. Todo un lujo. Día de difuntos. No hay llanto ni luto aunque haya ´duelo´. El Bilbao Athletic de ´Cuco´ Ziganda juega en el Carlos Tartiere. Palabras mayores. El Real Oviedo es ave Fénix renacida de sus cenizas y en fase de crecimiento. Avivada por el aliento carballón de guajes y veteranos, humedecida por el orbayu y el orpín, inspirada por el espíritu de aquel mítico, legendario, fantástico goleador llamado ´Marianín´, ´el jabalí del Bierzo´, que se gustaba ´jodiéndome´ tardes de domingo marcándole goles al Athletic en el tiempo de descuento, en el viejo Carlos Tartiere. Cinco de la tarde. Oviedo versus Bilbao Athletic. José Angel Ziganda se dispone a escenificar en el teatro de los sueños ovetense esa obra sublime que tanta fama le ha dado y tanta gente concita en esta gira por provincias que es la ´Liga Adelante´. Aurrera! ´Cuco´. Titiritero. Diez dedos y se inventa uno para manejar a sus tiernas marionetas a fin de encandilar a aquellos que pensamos que el fútbol se inventó para despertar las más bellas emociones. Y lo consigue. Las despierta. El domingo, una vez más. Me tiene cautivado. Dependencia le llama mi amiga de cabecera. Enganche, le llamo yo.  Mirar al rectángulo de juego y quedarme embobado. Sentir. Nada de juicios. Disfrutar, incluso cuando vienen las llamadas ´mal dadas´. Remiro. De la Rivera. Cascante. Como Kike Sola pero con figura y estampa. A Iribar le gusta. Es uno de los suyos. Markel me hace olvidar a Lekue. Yeray, saliendo de la cueva como en arranques de furia impregnados de bellísimas maneras. Gil, otro navarro hasta el sumun elegante. Iriondo, como un Jordi Alba pero en ´Ocho apellidos vascos´.  Guarrotxena, el genio de su tío, su descaro. Aitor Seguín, seda en la banda, a medio camino entre Yeste y Argote pasando por Gabilondo y deseando ser Clemente. En la zona noble, lo tremendo. El criterio de Vesga. Lo imperial de Undabarrena, un ´emperador de izquierdas´. Un Unai López descomunal que parece no correr, sobrevuela el verde con alitas de ´Mercurio´ adheridas a sus tobillos, dios mensajero de los dictados de su técnico, un entrenador de fútbol al que le apodan ´Cuco´ por aquel olfato de gol que tenía cuando compartía delantera con Valverde. ´Cuco´, sí, Ziganda, sí, capaz de habitar el espíritu de Villalibre e  insuflarle su instinto. ´Cuco´ Ziganda,  ese  que, a fin de que la fiesta del pasado domingo fuera completa, implora a Bodus, y el dios astur de la victoria le hace caso: no es Iñigo Córdoba el que ha sustituido a Aitor Seguín, sino ´Marianín´, leyenda viva del Oviedo, Mariano Arias Chamorro, el que me jodía las tardes de los domingos mientras jugaba al pinpón en el txoko de ´Los Barbis´… Asier Villalibre hace suya la pelota en el centro del campo. La controla. Se la cose a la bota.  La conduce y allá va,  viento en popa, solo y  hacia adelante librándose de rivales, como una ventolera. Gana la línea de fondo. Levanta la cabeza. Y entonces, lo inesperado. Los Reyes Magos existen. No son los padres. Es ´Marianín´, Cuco, que le ha maniatado a Unai López para que no sea él el del último remate. La ´pericia´ de Bielsa. El instinto asesino de los nueves puros. Si Marianín, en este momento, es maletilla en coso astur, es porque ama la fiesta del fútbol hasta el extremo. El pase de la muerte será siempre de Villalibre. Pero el verdugo será Marianín. Aquel  ´pitxitxi´ leonés que me jodió más de una tarde de domingo marcándole goles a mi Athletic fuera de tiempo.  Este que hoy, en este momento, se dispone a fusilar a Esteban. Esteban. Vaya. Qué casualidad. El primer mártir cristiano, aquel que murió lapidado. Esteban, que mira al delantero y en interrogación le suplica, “¿Un asturiano asesinando a otro asturiano?” Esto es lo que hay, guaje, le explica muy serio Mariano. Ya era hora de que un fútbol como el que practica el ´Bilbao´ recibiera el ´Principe de Asturias´ premiando el fútbol más erudito de esta categoría en la que medran los astutos enseñados por la edad. Ganó el Bilbao Athletic. No hagan caso a  los diarios. El gol fue de Marianín. ´Gol fantasma´, pero gol al fin y al cabo.  Justicia en Oviedo. ´Cucada´ en el Tartiere. Casa de los sueños. La Florida. Portugalete.  Por Luis María Pérez, 'Kuitxi'.  Periodista y Exjugador del Portu.   

@kuitxi