Cómo afecta el invierno a tus huesos y articulaciones: hábitos diarios para reducir la inflamación y el dolor

En personas sanas el efecto es casi imperceptible, pero si la articulación está dañada, los efectos del frío se notan
Los consejos de una nutricionista para que la llegada del frío no te pille con las defensas bajas
MadridEl frío y la humedad no son los responsables de las enfermedades reumáticas, pero eso no quiere decir que no afecten especialmente a huesos y articulaciones, sobre todo a estas últimas. La combinación de bajas temperaturas y ambientes húmedos hacen que los músculos estén más contraídos y entumecidos, lo que provoca más contracturas; el dolor relacionado con esto, aunque a veces lo sintamos así, no está en los huesos, sino en las articulaciones.
Otra de las consecuencias del frío es que el líquido sinovial, encargado de lubricar las articulaciones, se vuelve un poco más espeso, lo que dificulta el movimiento y hace que la sensación de rigidez en las articulaciones sea mayor. En articulaciones sanas apenas son perceptibles los efectos, pero si está dañada, la sensibilidad de los nervios será mayor, haciendo que duela más. También se verá más afectadas por el cambio de presión que supone el cambio de temperaturas.
La caída en la presión hace que músculos y tendones se expandan ligeramente, lo que hace que los nervios se presionen más y provoque un dolor mayor. Estos cambios, como decimos, no son perceptibles en articulaciones sanas. No podemos dejar de señalar que, generalmente, en los días fríos apetece menos salir a la calle y moverse, lo que lleva a una menor actividad que puede verse reflejada en una mayor rigidez articular, lo que causa molestias y dolores que una persona no sedentaria podría evitar.
No es una impresión, el frío y la humedad afectan a huesos y articulaciones y hacen que el dolor sea mayor, por eso está bien conocer algunos hábitos que pueden ayudarnos.
Hábitos diarios para reducir la inflamación y el dolor de las articulaciones en invierno
Una vida activa es el mejor hábito para impedir o reducir inflamaciones y dolores articulares, no solo en el momento de hacer ejercicio, sino a lo largo de todo el día, cambiando de postura con frecuencia y evitando estar sentados o de pie demasiado tiempo.
Al hacer ejercicios es importante incluir aquellos que fomenten la movilidad y la flexibilidad, con estiramientos y ejercicios de equilibrio. Entre los ejercicios más recomendados está caminar, pero también el yoga o el pilates, así como los entrenamientos de aquagym, que reduce el peso sobre las articulaciones. También es importante hacer ejercicios de fuerza, siempre adaptados a su nivel.
Cuidar la alimentación es otro factor clave, incluyendo alimentos que son protectores de las articulaciones, como los que son ricos en omega-3, que son ideales ante la respuesta inflamatoria, en antioxidantes y vitaminas C, D y K, que protege el cartílago. No conviene olvidar las frutas y las verduras, pero también se pueden incorporar algunas especias, como la cúrcuma y el jengibre, con propiedades antiinflamatorias.
Busca mantener una buena postura, intenta que tu peso sea saludable, descansa lo que necesites y, sobre todo, no ignores las señales de aviso de tu cuerpo, ya sea en forma de dolor persistente o de inflamación, porque si estás atento a los avisos puedes evitar que una situación se cronifique.
