Mazda convierte su gran SUV en una alternativa con mucho equipamiento frente a los modelos premium de BMW, Mercedes y Audi

El CX-80 es un SUV que no tiene nada que envidiar a los más top
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El Mazda CX-80 juega en una categoría donde casi todo conduce inevitablemente hacia las marcas premium alemanas. Mide prácticamente cinco metros, puede llevar siete personas, tiene tracción total y ofrece una versión híbrida enchufable de 327 CV. Sobre el papel, podría compartir perfectamente garaje con los grandes SUV de BMW, Mercedes o Audi.
Mazda ha preferido atacarlos desde otro lugar. El CX-80 ofrece mucho equipamiento desde niveles relativamente bajos y permite escoger configuraciones interiores de seis o siete plazas. Es un coche pensado para quien necesita realmente espacio, pero no quiere que cada elemento de confort convierta el configurador en una escalera interminable de opciones.
La tercera fila no está ahí únicamente para decir que tiene siete plazas
Con casi cinco metros de longitud y más de tres metros entre ejes, el CX-80 es el Mazda más espacioso vendido actualmente en Europa. La diferencia frente al CX-60 se nota especialmente detrás.
Puede configurarse con una banqueta para tres personas en la segunda fila o con dos asientos individuales. En este último caso es posible dejar un pasillo central hacia las plazas posteriores o instalar una consola entre ambos.
Esa posibilidad de llevar seis personas en una configuración cercana a la de algunos monovolúmenes de lujo resulta bastante poco habitual. Si se necesitan siete plazas, la banqueta convencional recupera el asiento central y mantiene los dos lugares de la tercera fila.
Cuando estos últimos no hacen falta, se pliegan y dejan una superficie prácticamente plana para el equipaje. Es una solución pensada para alternar viajes familiares con el uso diario sin tener que llevar siempre un SUV enorme con medio habitáculo desaprovechado.
Equipamiento de coche caro sin depender tanto de las opciones
El CX-80 puede incorporar asientos delanteros ventilados y calefactados, equipo de sonido Bose, techo panorámico, cámaras de visión periférica, head-up display y diferentes asistentes de conducción dependiendo del acabado.
También cuenta con Alexa integrada y un sistema de navegación capaz de combinar funciones conectadas con mapas disponibles sin conexión. Para quien utilice remolque, Mazda ofrece además una vista específica que facilita alinear el enganche utilizando la cámara posterior.
El interior sigue una filosofía bastante diferente a la de muchos rivales. Hay una pantalla central, pero Mazda conserva controles físicos y una gran ruleta en la consola para manejar buena parte del sistema. No hace falta tocar una superficie táctil para cada pequeña operación.
Los acabados superiores añaden madera, tejidos claros y cuero Nappa. El resultado busca una sensación japonesa propia en lugar de reproducir el habitual interior negro de un SUV deportivo alemán.
Dos motores muy diferentes para viajar
La versión PHEV combina un gasolina 2.5 con un motor eléctrico para desarrollar 327 CV y 500 Nm. Tiene tracción total, cambio automático de ocho relaciones y acelera de 0 a 100 km/h en 6,8 segundos.
La batería permite recorrer alrededor de 60 kilómetros en modo eléctrico según homologación. No es una cifra especialmente alta entre los PHEV actuales, pero puede cubrir desplazamientos diarios si se carga regularmente.
La alternativa resulta todavía más peculiar: un diésel 3.3 de seis cilindros en línea con 254 CV y sistema microhíbrido de 48 voltios. En una época en la que casi todos los fabricantes abandonan este tipo de motores, Mazda lo mantiene pensando precisamente en quienes hacen muchos kilómetros.
BMW, Mercedes y Audi ofrecen rivales con una imagen premium más consolidada y catálogos de opciones enormes. El CX-80 juega otra partida. Da hasta siete plazas, mucho equipamiento, tracción total y dos mecánicas pensadas para viajar sin obligar a entrar directamente en sus tarifas.
Para una familia que necesite un SUV realmente grande, esa combinación puede pesar bastante más que el emblema del capó. El Mazda no intenta imitar a los premium alemanes. Simplemente ofrece buena parte de lo que se busca en ellos por un camino diferente.