Omoda marca tendencia con una imagen que lleva su lenguaje inspirado en el arte a una nueva generación

El Omoda 5 se ha convertido en la mejor arma de la marca china en España
Omoda se carga el número 3
Omoda ha tenido bastante claro desde su llegada a Europa que necesitaba entrar por los ojos. Competir únicamente con precio habría sido el camino fácil para una marca prácticamente desconocida hasta hace poco, pero el Omoda 5 buscó desde el principio algo más: que alguien pudiera reconocerlo sin necesidad de mirar el logotipo. Su última evolución insiste precisamente en esa idea.
El nuevo Omoda 5 SHS-H mantiene la silueta que ya conocíamos, aunque cambia bastante donde más se nota. El frontal es más limpio, los faros ganan protagonismo y la enorme parrilla se integra ahora de una manera diferente en el paragolpes. Hay cierto gusto por jugar con las formas y las superficies que encaja con esa inspiración artística que la marca lleva tiempo utilizando para explicar sus coches.
Un frontal que cambia por completo su expresión
La diferencia más clara está delante. La nueva parrilla pierde los bordes tradicionales y ocupa prácticamente toda la zona central mediante pequeñas formas que crean profundidad. Omoda la denomina parrilla paramétrica, pero a simple vista lo interesante es otra cosa: ya no parece una pieza colocada encima del coche, sino una continuación del propio frontal.
También cambian las luces diurnas. Son mucho más finas y afiladas, mientras los faros principales quedan separados y colocados más abajo. Es una solución que ya se ha convertido en habitual entre los SUV modernos, aunque aquí está suficientemente trabajada para darle una mirada propia. El resultado resulta más sofisticado que en el primer Omoda 5 y lo acerca visualmente a modelos como los nuevos Omoda 7 y 9.
El lateral conserva una de las partes más reconocibles del modelo. El techo cae ligeramente hacia atrás y parece separado de la carrocería gracias a los pilares oscuros. No llega a sacrificar demasiado espacio interior para buscar una apariencia de cupé, algo importante en un coche de 4,45 metros que sigue teniendo que cumplir como SUV familiar.
Detrás aparecen pilotos unidos de lado a lado y una inscripción OMODA bien visible en el centro. Hay dos pequeños alerones y bastantes detalles, pero el conjunto funciona porque la carrocería tiene suficiente tamaño para asumirlos sin parecer sobrecargada.
La misma idea llega a un coche mucho más eficiente
La evolución estética coincide además con un cambio importante bajo el capó. El Omoda 5 SHS-H utiliza un sistema híbrido de 224 CV que combina un motor de gasolina 1.5 TGDI con un propulsor eléctrico. Homologa 5,3 litros cada 100 kilómetros y acelera de 0 a 100 km/h en 7,9 segundos.
Son cifras que cambian bastante la personalidad del coche. Ya no se trata únicamente de comprar un SUV diferente por diseño y equipamiento, porque la mecánica híbrida permite competir directamente con propuestas que llevan años asentadas en Europa. Además, obtiene la etiqueta ECO sin necesidad de enchufarlo.
Por dentro mantiene esa búsqueda de una imagen tecnológica mediante dos pantallas de 12,3 pulgadas. Desde el acabado Pure aparecen elementos como climatizador bizona, faros Full LED, control de crucero adaptativo, detector de ángulo muerto o acceso sin llave. El Premium añade techo solar, cámaras de 540 grados, asientos delanteros calefactados y ventilados y equipo Sony.
Omoda empieza a tener una cara reconocible
Quizá eso sea lo más interesante de esta nueva generación. Omoda ya no necesita recurrir únicamente a una larga lista de equipamiento para explicar qué ofrece. Está construyendo una estética que se repite entre sus diferentes modelos y permite identificar la marca desde cierta distancia.
El Omoda 5 fue el coche que empezó ese camino en España y su evolución híbrida lo lleva bastante más lejos. Hay más personalidad delante, una mecánica mucho más interesante y suficientes detalles propios para no parecer otro SUV asiático llegado a Europa. En apenas unos años, Omoda ha pasado de presentarse al público a empezar a tener una imagen reconocible. Y eso, para una marca tan joven, no es poca cosa.