Mazda reivindica su filosofía Kodo con un diseño más limpio, elegante y sofisticado
El CX-80 es el SUV más top de la marca japonesa
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El Mazda CX-80 es el coche más grande de la gama europea de la marca, pero evita demostrarlo mediante una carrocería llena de adornos. Mide casi cinco metros, puede tener seis o siete plazas y, aun así, conserva unas superficies limpias y unas proporciones alejadas del aspecto pesado de muchos SUV familiares.
Esa contención encaja con la filosofía Kodo de Mazda. El diseño no depende de falsos elementos deportivos ni de una parrilla descomunal. La presencia procede de un capó largo, una cabina visualmente retrasada y laterales que cambian de aspecto según la luz.
Un coche grande que no necesita parecer agresivo
El frontal utiliza unos faros muy estrechos unidos visualmente a una parrilla ancha. El marco cromado se prolonga hacia los extremos y el capó queda situado bastante alto, aunque las formas redondeadas evitan que el conjunto parezca una pared vertical.
De perfil se aprecia su rasgo más particular. El CX-80 adopta unas proporciones cercanas a las de un turismo de propulsión trasera: mucha distancia entre el eje delantero y el parabrisas, voladizo contenido y un techo prácticamente recto. Las ruedas grandes ayudan a equilibrar sus 4,99 metros.
Mazda tampoco llena las puertas de líneas. Las superficies curvas reflejan el entorno y dan profundidad a colores como el Soul Red Crystal o el Artisan Red. Es una forma sencilla de conseguir presencia sin añadir piezas que terminarían envejeciendo peor.
El interior apuesta por materiales antes que por espectáculo
La cabina mantiene una distribución horizontal. La pantalla central queda elevada, pero puede controlarse mediante una rueda situada entre los asientos, reduciendo la necesidad de tocarla durante la marcha. El climatizador conserva mandos físicos claramente identificables.
Los acabados superiores combinan cuero, madera y tejidos inspirados en acabados tradicionales japoneses. Las costuras y uniones permanecen visibles en determinadas zonas, aportando personalidad sin recurrir a una iluminación excesiva. El ambiente resulta más sereno que tecnológico.
Puede configurarse con siete plazas o con dos butacas independientes en la segunda fila. Esta última opción crea una zona central más cómoda y facilita el acceso posterior. Con todos los asientos utilizados, el maletero es limitado; al plegar la tercera fila aparece una capacidad mucho más adecuada para viajar.
Dos motores coherentes con su tamaño
La alternativa híbrida enchufable combina un gasolina de 2,5 litros y una unidad eléctrica para desarrollar 327 CV. Mantiene la tracción total y permite realizar recorridos cotidianos en modo eléctrico cuando se carga con regularidad.
También existe un diésel de seis cilindros en línea con hibridación ligera. Es una solución poco habitual actualmente, pero encaja con conductores que recorren muchos kilómetros por autopista, remolcan o prefieren evitar las frecuentes recargas que exige aprovechar correctamente un PHEV.
La arquitectura longitudinal y la tracción integral aportan una conducción estable. El CX-80 no es pequeño ni ligero, aunque la dirección precisa y la postura al volante evitan la sensación de manejar una furgoneta elevada.
Mazda ha creado un SUV enorme sin abandonar aquello que distingue a sus coches. El capó largo, la pintura trabajada y un habitáculo construido alrededor de materiales agradables convierten el tamaño en elegancia. La filosofía Kodo aparece aquí en su versión más madura: menos líneas, menos ruido visual y bastante más presencia.
