El Honda que ahora vale una fortuna es de 1990 y es una pieza de coleccionista

Su periodo fue corto, pero dejó una huella imborrable
La nueva Honda es la mejor para ruta
Hablar del Honda NSX de los años 90 es hablar de uno de los deportivos más influyentes de su tiempo. No era un coche cualquiera. Era una revolución. Un modelo que demostró que un superdeportivo japonés podía mirar de tú a tú a Ferrari o Porsche. Hoy, tres décadas después, se ha convertido en una auténtica pieza de coleccionista.
El primer NSX, conocido como NA1, llegó a comienzos de los 90. Su diseño era limpio. Muy bajo. Y con los icónicos faros escamoteables. Pero lo importante estaba debajo. Montaba un motor V6 atmosférico en posición central. Una configuración poco habitual en Honda. Y que marcó un antes y un después en la marca.

Un Honda que se ha convertido en un objeto de culto
Este motor, de 3.0 litros, entregaba alrededor de 270 CV. Iba asociado a tracción trasera. Y a una puesta a punto muy precisa. El resultado era un coche equilibrado. Fácil de conducir. Y muy eficaz. De hecho, fue desarrollado con la ayuda de Ayrton Senna, lo que dice mucho de su enfoque. No buscaba solo potencia. Buscaba perfección.
A finales de la década llegó una evolución. El NSX pasó a montar un bloque de 3.2 litros con hasta 290 CV. Mejoraba en todo. Más potencia. Más par. Y también una caja de cambios manual de seis velocidades. Era la respuesta de Honda a rivales como el Ferrari F355 o el Porsche 911. Aunque, curiosamente, nunca tuvo el éxito comercial que merecía.
Solo hubo unas 200 unidades del NSX Type S, la versión más radical
Dentro de esta etapa apareció una versión muy especial. El NSX Type S, lanzado en 1997. Era más ligero. Más exclusivo. Y solo se vendió en Japón. Incorporaba elementos del Type R, como asientos más ligeros y componentes optimizados. Se fabricaron muy pocas unidades. Poco más de 200. Por eso hoy es una rareza absoluta.

Visualmente también tenía detalles únicos. Algunas unidades lucían el color Platinum White Pearl, muy poco común. El interior, en tonos naranjas, reforzaba su carácter especial. Además, a diferencia del Type R, el techo no iba en negro. Eran pequeños matices. Pero suficientes para diferenciarlo y aumentar su valor entre coleccionistas.
Hoy, el Honda NSX original es mucho más que un coche. Es un símbolo. Un modelo adelantado a su tiempo. Y un ejemplo de ingeniería bien hecha. Su fiabilidad, su diseño y su historia lo han convertido en un clásico muy cotizado. Encontrar una unidad en buen estado es complicado. Y su precio no deja de subir. Ya no es solo un deportivo. Es una inversión.