La DGT multa con hasta 200 euros si comes o bebes mientras conduces
Puede suponer un grave peligro para la seguridad vial
¿Cuál es la multa de la DGT por saltarte un semáforo en rojo?
Muchos conductores aprovechan el tráfico o los viajes largos para dar un bocado rápido o beber agua. Parece algo sin importancia. Un gesto cotidiano. Sin embargo, la Dirección General de Tráfico (DGT) recuerda que esa costumbre puede acabar en sanción económica. Y no precisamente pequeña.
Aunque la ley no prohíbe de forma explícita comer o beber al volante, sí obliga a mantener el control total del vehículo en todo momento. El Reglamento de Circulación exige libertad de movimientos, atención permanente y dominio del coche. Si un agente considera que estás distraído, puede actuar.
Comer al volante disminuye nuestra atención
El problema no es el bocadillo, es la pérdida de atención. Si sujetas el volante con una sola mano, si miras hacia abajo, si tardas en reaccionar ante un frenazo… Eso puede interpretarse como conducción negligente. Y ahí llega la multa.
Las sanciones varían según la gravedad. Puede tratarse de una infracción leve de 80 euros. O elevarse hasta 200 euros si el comportamiento supone un riesgo claro. No implica retirada de puntos. Pero sí un castigo económico por comprometer la seguridad vial.
El peligro es mayor de lo que parece. A 120 km/h, en solo tres segundos se recorren más de 100 metros. Si durante ese tiempo apartas la vista de la carretera, circulas prácticamente a ciegas. Y cualquier imprevisto puede tener consecuencias graves.
Las multas pueden llegar a los 200 euros
Además, no es el único hábito cotidiano sancionable. Conducir con calzado inadecuado, maquillarse, fumar de forma que impida maniobrar o manipular pantallas también puede acarrear multa. En el caso de tocar dispositivos, la sanción puede incluir 200 euros y 3 puntos.
Dicho esto, ten en cuenta que, cuando conduces, tu prioridad absoluta es la carretera. Si necesitas hidratarte o comer algo, detente en un lugar seguro. Mantén siempre las dos manos en el volante y la atención en el tráfico. Porque una distracción mínima puede salir muy cara. En dinero. O en algo peor.
