Por fin es Lunes
El Atlético de Madrid se llevó el derbi ante el Real Madrid por 2-1
La presencia de Enrique Riquelme que no gustó a Florentino Pérez y tensó el derbi en el palco
Antes de Simeone, el lunes solía ser mal día para los atléticos. Solían ser víctimas del chiste fácil en la oficina. Hoy el cuento ha cambiado. Si hay derbi, ahora los lloros, como las risas, van por barrios. El derbi madrileño dejó dos realidades opuestas. El Madrid pasó la semana entre la ponzoña de Ceuta y la nueva moda de reclamar los Balones de Oro. El Atleti pasó la suya preparando un plan sencillo: fútbol control, evitar pérdidas, no dejar correr al Madrid y martillear el sector derecho del ataque. La tropa ejecutó el libreto a la perfección. Sin brillo, pero con precisión de cirujano. Giuliano jugó con sangre en el ojo, se merendó a Vinicius y convirtió a Cucurella, que se comió una paella, en Carreras; el Cuti Romero gobernó su área, domó a Bellingham y retrató a Mbappé; Cardoso estuvo imperial interpretando la partitura que le quedó grande a Tchouameni; Kang In Lee volvió a ser eléctrico y levantó a la gente del asiento, Baena dejó pinceladas de su clase y de todo lo demás se encargó Koke. El de siempre. El de toda la vida. El señor que, nada más entrar, contribuyó al triunfo de su equipo con la enésima master-class de un veterano que juega con la ilusión de un quinceañero. Los críticos de sofá seguirán insistiendo en que este señor de Vallecas es un tractor, un tipo que no tiene velocidad y al que le pasan por encima los partidos con ritmo, pero la verdad es que Koke, con 34 años, interpreta mejor el fútbol que todo el centro del campo del Real Madrid.
El Atleti tuvo un plan, salió a ganar y lo logró. El Madrid salió a empatar, perdió y su único plan fue culpar al árbitro. Sacó el manual de la desigualdad arbitral y lo recitó de memoria (sic) con la misma desesperación que un náufrago se agarra a un madero en alta mar. Mourinho hizo lo suyo, lo de siempre. Montar el ‘show’. El que monta cuando palma, para el club que le paga. Si le paga el Benfica, monta el número contra el Madrid. Y si cobra del Madrid, pues al Madrid le roban. El caldo de cultivo ideal para que los voceros del Real Madrid, el club con más penaltis a favor en la historia de la Liga y de la Champions, hablen de todo, menos de fútbol. La que habrían montado estos 'genios' si hubieran perdido una Champions con un gol en fuera de juego. Habrían temblado los cimientos de la RFEF, el CTA, la UEFA, la FIFA, Moncloa y el Tribunal de La Haya.
Estas historias para no dormir, que no obedecen a colores exclusivos y se alternan en el tiempo, dependiendo de si el equipo de uno gana o pierde, son más viejas que el hilo negro. Todos los equipos del fútbol mundial se quejan de los árbitros cuando pierden y callan como meretrices en misa cuando ganan. El Madrid, el Betis, el Atleti, el PSV y el Steaua de Bucarest. Todos. Sin excepción. Lo surrealista es ver llorando por las esquinas y echando bilis, por la boca como la niña de ‘El Exorcista’, a los que se pasaban la vida negando la desigualdad arbitral y llamaban llorones a los demás. Lo sorprendente es que la coartada arbitral sea la bandera de un equipo que tiene una delantera que asusta al miedo y que, anoche, además de no correr para presionar a su rival en un derbi, no fue ni siquiera capaz de generar más de dos ocasiones en noventa y seis minutos. El problema del Madrid no son los árbitros, ni la memoria selectiva de tertulianos que tienen el coeficiente intelectual de Bob Esponja. El problema del Madrid es que salió a empatar en el campo del Atleti y perdió, con toda justicia, porque su rival tuvo más intensidad, fútbol y ambición. Es lunes y hasta dentro de tres semanas, las plañideras mediáticas del Madrid seguirán llorando. Un mar de lágrimas que saca una sonrisa a los atléticos.
