La falta de autocrítica crispa a la afición del Mallorca: celebraciones por una década en la isla y sin noticias de Pablo Ortells
Una celebración por todo lo alto crispa aún más a una afición que ve cómo la propiedad no hace autocrítica de la situación en Liga
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En Mallorca la crispación va en aumento. Y no solo porque la situación deportiva va cuesta abajo y sin frenos, sino también porque parece que no hay nadie al volante. Jagoba Arrasate parece incapaz de resucitar a una plantilla corta de efectivos que acaba de volver a los puestos de descenso. La última derrota en el Metropolitano ante el Atlético de Madrid provoca que el club balear esté, de nuevo, con el agua al cuello. Si bien es cierto que en la parte baja de la clasificación hay hasta diez equipos en cuatro puntos, la sensación de inoperancia por parte del Mallorca es enorme. La afición empieza a estar harta de la situación, de ver cómo los rivales por el descenso se refuerzan con jugadores contrastados. A Palma solo ha llegado, hasta la fecha, Justin Kalumba, y de manera improvisada. Eso sí: la propiedad cumple una década en la isla y no han dudado en celebrarlo por todo lo alto. Un acto más de despropósito e incoherencia con la realidad que atraviesa actualmente el club; un hecho que ha elevado el tono de los mallorquinistas.
La propiedad americana aterrizó en Mallorca hace diez años. En esa época, el club estaba en Segunda División y, pese a que luego se descendería a Segunda B, su llegada marcó un antes y un después en la historia de la entidad. Además de sanear las cuentas, Robert Sarver, Andy Kohlberg y Steve Nash transformaron radicalmente el club. Más allá de volver a Primera División o llegar en 2024 a una final de Copa del Rey, este Mallorca se ganó un hueco en el recuerdo de todos los aficionados. Motivo por el cual, no han dudado de sacar pecho pese a la situación actual. "Me ilusionan aún más los diez próximos años. Tenemos hambre y una base sólida para seguir creciendo. Agradezco a Alfonso Díaz y a Pablo Ortells el excelente liderazgo y trabajo que están haciendo", destacaba el presidente del Mallorca, Andy Kohlberg, durante el acto de celebración de los diez años liderando el club. Unas palabras que no han sentado bien a los mallorquinistas.
La realidad del Mallorca: un fichaje y en descenso
Las palabras de Kohlberg contrastan radicalmente con la realidad del Mallorca. Díaz y Ortells llevan semanas siendo señalados por una afición que exige autocrítica y un cambio de discurso. Mientras el presidente da riendas y lanza elogios, la parcela deportiva sufre de lo lindo. El Director de Fútbol, el mencionado Ortells, acostumbra a esperar hasta el final de los mercados para fichar. Una estrategia que, alguna vez, puede salir bien. Sin embargo, la cantidad de noes que ya ha recibido es desmesurada: Yáser Asprilla, Benjamín Domínguez, Raúl Moro, Ilias Akhomach y a saber qué de largo puede ser el etcétera.
A falta de cinco días para que el mercado de invierno cierre, el Mallorca sigue sin haber movido una ficha interesante que sirva de esperanza para una afición que empieza a asumir el descenso a Segunda. Kalumba llegó hace semanas y aún no ha debutado; y, para colmo, la situación sigue empeorando para todas las partes. En Mallorca nadie entiende el discurso de la propiedad en un contexto tan grave; tampoco la inoperancia de Arrasate y Ortells, o la simple falta de autocrítica. Aunque en el club siguen optimistas, la cruda realidad es otra bien diferente.
