Las cuatro razones por las que Almeyda no es destituido pese a la racha del Sevilla
Los números no avalan al argentino en los últimos meses, pero hay más cuestiones a tener en cuenta
El duro momento del vestuario del Sevilla, entre la frustración y el apoyo incondicional a Almeyda
Cualquiera que no conozca de cerca la realidad del Sevilla FC se preguntará cómo es posible que Matías Almeyda siga siendo el entrenador del primer equipo nervionense. No solo no está cerca de ser destituido, sino que tampoco está siendo su figura especialmente discutida pese a los números del equipo.
Suma 20 puntos, está a tres del descenso pasada la primera vuelta, lo que visto sin contextualizar no parece tan malo. El problema principal es que 13 de ellos se lograron a inicio del mes de octubre, y desde ahí el Sevilla solo ha sido capaz de sumar siete de los últimos 33 puntos, merced a las victorias ante el CA Osasuna y el Real Oviedo y un único empate ante el Valencia CF en Mestalla, en un partido que tenía ganado y le igualaron en el descuento.
Ocho derrotas ha sumado desde entonces, once en total teniendo en cuenta las de los primeros compases de LALIGA EA SPORTS, convitiéndose en el equipo que más ha perdido de la competición. Solo el Levante UD, si cayera ante el Villarreal en el partido aplazado que jugarán en las próximas semanas, podría igualar tan infausto registro.
Expuestos los datos, está claro que los números no son lo más importante para los dirigentes sevillistas. En ElDesmarque analizamos los motivos por los que Almeyda sigue siendo entrenador del Sevilla y por los que no parece que nada vaya a cambiar.
El económico
A nadie sorprenderemos si decimos que el Sevilla está arruinado, entre otras cosas por su pésima gestión en los entrenadores. En las últimas tres temporadas y media ha tenido que lidiar con los finiquitos de Julen Lopetegui, Jorge Sampaoli, José Luis Mendilibar, Diego Alonso y Xavier García Pimienta. Quique Sánchez Flores y Joaquín Caparrós se marcharon a final de temporada sin compensación alguna. Almeyda tiene firmado un contrato por tres temporadas, y la destitución le supondría al club otra indemnización más que asumir.
Apoyo de la plantilla
No todos los últimos entrenadores del Sevilla se encontraban arropados por la plantilla, pero Matías Almeyda sí lo está. El argentino les habla claro, defiende siempre su entrega en la cancha y tiene claro, clarísimo, cristalino, lo que tiene entre manos. Su sinceridad engancha, y la plantilla está unida en torno a su técnico. Además, la afición no le culpa a él, de momento, y durante parte de la temporada pareció su único clavo al que agarrarse.
Tiene claro lo que hay
En el mismo sentido que lo anterior, a Almeyda nadie le engaña ni le ha engañado desde el primer día que conversó con Antonio Cordón. Desde que decidió hacerse con las riendas del equipo -recuerden que Imanol Alguacil no veía claro el proyecto- sabía en dónde se metía, Un equipo con muy pocas posibilidades económicas, sufriendo una voraz decadencia y teniendo que desprenderse de sus mejores jugadores. Es consciente de que en invierno no va a haber fichajes salvo milagro. A ver quién compra el discurso como lo hizo él. Es realista e intenta difundir ese realismo, lo que en otras palabras significa que es perfectamente consciente de las inmensas limitaciones del equipo que dirige, aunque confía en que los regresos de algunos futbolistas ayuden a no pasar apuros a final de temporada.
Incertidumbre con un posible sustituto
Si el Sevilla no puede fichar jugadores, imagínese el tipo de entrenadores al que podría acceder en caso de destituir a Almeyda. El catálogo de errores que se ha apuntado el club desde que se echó a Julen Lopetegui es amplio, y serían prácticamente los mismos los que tendrían que decidir el técnico que se pusiera en el banquillo para cambiar el rumbo. Da miedo. Por cierto, de los que sonaron en verano, Alguacil está en puestos de descenso con el Al Shabab en la Saudi Pro League, Jesús Galván ha sido destituido solo ocho partidos después de dejar el Sevilla Atlético por el Mirandés, mientras que José Bordalás, al que los dirigentes no querían por su difícil personalidad, sigue en la brecha con un Getafe con muchos problemas, pero por encima del Sevilla.
