El madridismo no aguanta más, Courtois alucina con la actitud de sus compañeros y el Bernabéu dictará sentencia

Courtois tuvo que convencer a algunos compañeros para que fueran a saludar a la afición
La portería maldita de Courtois: en el descuento, el mismo estadio y el mismo protagonista que el gol de Ramos en la Décima
El Real Madrid se fue de vacío de Lisboa. Ni la victoria ni la clasificación para el top ocho. Cientos de aficionados madridistas acompañaron al equipo en el partido de Champions y se agarraron un monumental cabreo -no sólo por la derrota y la mala imagen que dio el equipo- si no porque casi ningún jugador del primer equipo se dignó a dirigirse a la grada donde estaba su afición para darles las gracias por el apoyo durante los más de 90 minutos que dio el encuentro. Sólo Courtois y cuatro jugadores más se acercaron a despedirse de la hinchada, un gesto que levantó ampollas.

Los aficionados del Real Madrid, muy molestos con la actitud del equipo
Varios aficionados desplazados hasta Lisboa compartieron el vídeo del momento en el que, tras el pitido final, la mayoría de los jugadores del Real Madrid desfilaron con rapidez el túnel de vestuarios sin dirigirse hasta la grada visitante. Como siempre, Courtois sí lo hizo, y no sólo eso, si no que alucinó con la actitud de sus propios compañeros. Les pidió con un gesto que le siguieran pero sólo fue capaz de convencer a cuatro jugadores. Todo ello mientras los aficionados del Real Madrid no paraban de increpar a sus propios jugadores con improperios varios y alguna que otra peineta. Un enfado que se trasladó a los vomitorios tras abandonar el graderío, con cánticos varios en contra de los futbolistas y con gritos de 'Florentino, dimisión'.
Varias cuentas madridistas en redes sociales ya animan a todo merengue que acuda el próximo fin de semana al Santiago Bernabéu a volver a dedicar una sonora pitada a ciertos jugadores de la primera plantilla con Bellingham y Vinicius a la cabeza de las críticas. El estadio merengue volverá a dictar sentencia en una relación -la de jugadores y aficionados- que no para de resquebrajarse.
