A medio paso del abismo
El Sevilla FC se ha complicado sobremanera su pase a los cuartos de final de la Europa League con un inesperado empate a dos goles ante el Slavia de Praga, un equipo inferior al que por momentos subestimó y que se lleva un botín importantísimo para resolver la eliminatoria ante los suyos, en la República Checa, la próxima semana. Al Sevilla sólo le falta que le abandone el desodorante, pues hasta la fortuna del pentacampeón se le ha vuelto en contra en una noche de jueves europea de las que no se recuerdan en Nervión. Pablo Machín optó esta vez por un sistema híbrido, que en ataque era más bien un 4-4-2, con Mercado y Wöber de laterales, y en defensa cuando Jesús Navas replegaba era el 5-3-2 clásico de lo que va de temporada. Con el que brilló ante el FC Barcelona hasta que las lesiones le obligaron a cambiar su idea inicial. Como también pasó ante el Slavia. Casi en el tiempo de mirar cómo se disponía el equipo sobre el césped llegó el primer gol. Banega robaba y se la dejaba franca a Ben Yedder, que batía a Kolar, igualaba su mejor marca como profesional y superaba sus mejores números como sevillista.
En un abrir y cerrar de ojos el Sevilla se ponía con ventaja y el Slavia se mostraba como lo que es, un equipo bastante inferior. Parecía que el pentacampeón iba a cerrar la eliminatoria por la vía rápida, pues salió con ganas de morder. Pero ese ahínco se convirtió pronto en suficiencia, abuso de los pases largos, la consecuente falta de control del partido… y pasó lo que tenía que pasar. En una jugada defendida con nula intensidad, igual que en Huesca, Stoch chutó desde fuera, la pelota tocó en Sergi Gómez y se coló en la meta de Vaclik. El guantazo de recibir un gol en casa, el primero en los últimos tres partidos de la Europa League, le sirvió al Sevilla para reaccionar. Tras avisar con una jugada de estrategia que casi es gol de Ben Yedder llegó el primer gol de saque de esquina en cuatro meses y medio. Banega la sacó al segundo palo y Munir la empalaba con calidad para volver a ponerse en ventaja. El hispanomarroquí se estrenaba a lo grande como goleador en el Sevilla tras el sinsabor de su gol anulado en El Alcoraz. Pero cuando las cosas no vienen de cara, no vienen de cara. El Sevilla parecía, esta vez sí, con ganas de acabar pronto con la contienda, pero los errores defensivos y la mala fortuna se aliaron para que se produjeran cinco minutos fatídicos en Nervión. Mercado fallaba en un pase largo y todo acababa en córner gracias a Banega. El saque de esquina estuvo fatal defendido por Sergi Gómez y Wöber –que llevaba minutos con molestias-, pero tampoco es normal que la pelota pegue en el hombro de Kral, y se cuele por la escuadra cuando el futbolista del Slavia miraba al cielo buscando el esférico. Para colmo de males, Vaclik se golpeó con el poste y tuvo que ser sustituido, desnudando la pésima planificación de la portería. Si lo del checo es grave, el Sevilla se jugará buena parte del tramo fundamental del campeonato con Juan Soriano, un chico del que siempre se han hablado maravillas pero que no inspira confianza. Al menos de momento. En el descanso Machín tuvo que dar entrada a Roque Mesa por Wöber, también lesionado, el pan de cada día de un equipo al que casi todo lo que le pasa es malo. Sarabia pasó al carril derecho y el canario empezó a cerrar, liberando de ese trabajo a un Banega con tarjeta. La eliminatoria se decidirá en Praga y sin el argentino es mucho más difícil.
Los dos últimos equipos que eliminaron al Sevilla de una UEFA o Europa League fueron dos excampeones, el Parma y el Oporto. Lo del débil Slavia suena a broma pesada.
El Slavia tenía lo que había venido a buscar. Un resultado para que la eliminatoria se resolviera en Praga. De hecho, un muy buen resultado ya que casi cualquier empate le clasificaba. Al Sevilla le tocaba embestir, y lo hizo y mucho en la segunda mitad. Munir fue el gran protagonista y también el gran responsable de que el partido no se decantara. Primero se le anuló un gol por fuera de juego y después empezó a fallar ocasiones, algunas en el mismísmo área chica, a cada cual más clara. Pese a haber marcado por fin, no se irá contento a casa. A falta de un cuarto de hora Machín hizo el único cambio no obligado, introduciendo a Promes en lugar de un Banega que corría el riesgo de ver la segunda amarilla. El Sevilla se iba arriba y conseguía el tercer gol gracias a un gran movimiento de Munir y la sangre fría de Ben Yedder, pero el línea levantaba la bandera erróneamente y aquí no ha llegado aún el VAR… Sin Banega, perdió el control del centro del campo y comenzó a funcionar a arreones mientras el Slavia de vez en cuando merodeaba el área de Juan Soriano. La buena noticia para el Sevilla es que el Slavia no parece gran cosa y su buen resultado ha estado cimentado en dos chispazos de fortuna. La mala es que esa suerte imprescindible para ser algo en la vida ya ni se acuerda del equipo nervionense, y que así es imposible ganarle a nadie. Como ha quedado demostrado en 2019. Los últimos que eliminaron al Sevilla de la Europa League fueron excampeones como el Parma o el Oporto. Lo del Slavia casi suena a broma pesada, pero lo único cierto es que el jueves que viene el pentacampeón se juega su futuro en Praga, al borde del precipicio.
