El icono de Nissan, al que muchos ya daban por sentenciado, desaparece definitivamente

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Después de casi dos décadas escribiendo una de las páginas más importantes de la historia reciente del automóvil deportivo, el Nissan GT-R R35 pone punto final a su trayectoria. El modelo japonés deja de fabricarse definitivamente, despidiéndose como uno de los deportivos más influyentes del siglo XXI y como un coche que cambió para siempre la forma de entender las altas prestaciones.

Desde su llegada al mercado en 2007, el GT-R R35 rompió todos los esquemas. Frente a superdeportivos europeos mucho más caros y exclusivos, el modelo de Nissan demostró que era posible ofrecer un rendimiento extraordinario sin disparar el precio. Su combinación de potencia, tecnología y eficacia lo convirtió rápidamente en una referencia tanto en carretera como en circuito, ganándose el respeto de aficionados, pilotos y fabricantes de todo el mundo.

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La noticia de su desaparición marca el final de una era para Nissan, que durante años mantuvo vivo un modelo convertido ya en leyenda.

Un deportivo que desafió a coches mucho más caros

El éxito del GT-R R35 nunca estuvo basado únicamente en su potencia. Su verdadero secreto residía en la forma en la que era capaz de aprovechar cada caballo disponible. Bajo el capó escondía un motor V6 biturbo de 3,8 litros ensamblado a mano por los maestros artesanos de Nissan, una mecánica que fue evolucionando con el paso de los años hasta superar ampliamente los 560 CV en sus últimas versiones.

A ello se sumaban una sofisticada tracción total, un avanzado sistema electrónico y una caja de cambios de doble embrague que permitían ofrecer unas aceleraciones y una capacidad de paso por curva difíciles de igualar incluso por deportivos de categorías muy superiores.

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Precisamente por eso recibió el sobrenombre de "Godzilla". Era un coche capaz de plantar cara a Ferrari, Porsche, Lamborghini o McLaren en circuitos de todo el mundo, sorprendiendo continuamente por su eficacia y por unos tiempos por vuelta que pocos esperaban de un modelo con el emblema de Nissan.

Lejos de quedarse anclado en el tiempo, el GT-R fue recibiendo numerosas mejoras a lo largo de su vida comercial. La marca revisó el motor, perfeccionó las suspensiones, aumentó la rigidez estructural, modernizó el interior y afinó la electrónica para mantenerlo competitivo frente a rivales mucho más modernos.

Un icono que seguirá siendo una leyenda

Más allá de sus cifras de prestaciones, el Nissan GT-R R35 consiguió algo reservado para muy pocos automóviles: convertirse en un auténtico icono cultural. Su presencia en videojuegos, películas, competiciones internacionales y preparaciones extremas hizo que millones de aficionados soñaran con conducir uno.

Además, se ganó una enorme reputación entre los especialistas en preparación mecánica. Su robusto motor admitía incrementos de potencia espectaculares, dando lugar a unidades capaces de superar con facilidad los 1.000 CV sin perder su fiabilidad, algo que alimentó todavía más su fama entre los apasionados del motor.

Su extraordinaria longevidad también merece una mención especial. Mientras la mayoría de deportivos cambian completamente de generación cada seis o siete años, el GT-R R35 permaneció en producción durante casi veinte, algo prácticamente inédito en la industria moderna. Esa larga vida fue posible gracias a una evolución constante que permitió mantenerlo vigente durante todo este tiempo.

Aunque Nissan ya trabaja en el futuro de la saga GT-R y todo apunta a que la electrificación tendrá un papel protagonista, el R35 será recordado como el modelo que democratizó las prestaciones de primer nivel. Su combinación de potencia, tecnología, fiabilidad y eficacia lo convirtió en uno de los deportivos más importantes de su generación.

Con su despedida desaparece un coche irrepetible, pero también nace definitivamente una leyenda que seguirá ocupando un lugar privilegiado entre los grandes iconos de la historia del automóvil.