Opinión

Guedes, Galarreta... y Nico Williams caminando innecesariamente entre tinieblas en San Mamés

Redacción local

Nico Williams rodeado de rivales en el derbi de San Mamés
Nico Williams rodeado de rivales de la Real Sociedad en el derbi vasco de San Mamés. (Foto: Athletic Club)
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Gonçalo Guedes. Verdugo del Athletic Club de Marcelino y del de Ernesto Valverde. Es lo que tiene el fútbol desde que los jugadores se dedican a ir de equipo en equipo como mendigos. Gonçalo Manuel Ganchinho Guedes el portugués, el europeo. Guedes el mercenario. Digo bien: "dicho de un soldado que por estipendio sirve en la guerra a un poder extranjero". Gonzalo Guedes, al mejor postor. Llegado a LALIGA para procurarle al Athletic el mayor daño posible.

Guedes, el ejecutor. El que se gusta disparando a matar en la diana del Athletic. Jugaba para el Valencia en la 2022. Fue en Cuartos de final de la Copa cuando le fusiló a Julen Agirrezabala desde el balcón del área. Su disparo, seco y certero, le dejó al Athletic sin poder de reacción. Al borde del descanso. El Valencia CF acabaría cayendo en la final. Se quedó sin remontar la ría en la Gabarra el 'orador de Careñes'.

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Cuatro años después, y otras tantas temporadas, Guedes se volvió a cruzar en el camino del Athletic. En liga está vez. Jornalero a sueldo de la Real Sociedad, un equipo, el txuri urdin, que llegaba a San Mamés al alza desde que Rino Matarazzo se había hecho cargo de una Sociedad en decadencia por tanto talento como había huido de Zubieta. Aún así, y sin necesidad de alardes ni alharacas, la Real, ya de salida, maniató a los leones. Desde el banquillo local, Txingurri observaba como el que nada puede haber. Y en sus ojos se reflejaba una infinita tristeza.

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La primera parte se vencía. Como en Valencia en aquella noche copera. Estaba escrito. En el contrato de Gonzalo Guedes. No tiene secretos la Real Sociedad cuando se trata de hacerle daño al Athletic. El tiempo. El tiempo es una palabra. Dada por Guedes. Una promesa por cumplir.

Si en Mestalla su certero y violento disparo se coló en la portería de Julen ajustada a su poste izquierdo, en la noche del primer día de febrero de 2026, por el palo contrario. Recogió. Controló. Se orientó. Y sin oposición, se inventó un zapatazo de lujo que superó a Unai Simón, portero de noche con una hoja de servicios tentadora para los grandes equipos de la Champions Ligue, competición recientemente incinerada.

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El gol de Guedes, el jornalero, el mercenario, el europeo, era el merecido premio para una Real Sociedad que, sin aspavientos, se movía por el verde como 'Pedro por su casa'. Tal era el descaro del equipo donostiarra, que consiguió profanar la Catedral hasta convertirla en la mansión de "tócame Roque". Pobre Athletic. Quién te ha visto y quién te ve.

Ernesto Valverde, sin ir más lejos. El 'entrenador que fotografiaba a los leones' se quedó con ganas de hacer spoiler en la sala de prensa Jose Iragorri. Cuando el equipo esté matemáticamente salvado, Txingurri hablará sin tapujos. No dejara títere con cabeza. Está en su derecho.

Sabremos, entonces, por qué la Real Sociedad dio la impresión de que, con su fútbol, estaba humillando al Athletic. Bajas por lesión y enfermedades. Estrellas fugaces, como Nicolás Williams, obligadas por su entrenador a arrastrarse por el campo. Era tal el desvarío, que más de uno, y de dos, y de tres, llegaron a decir, Trienio negro, o sea, el de la vencida. Entre tinieblas. Basta que uno se quede ciego para que contagie su ceguera a los compañeros.

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Llegó, entonces, el momento del milagro. Así como Guedes se había vendido al mejor postor, de entre la manada de leones se diferenció el que, a pesar de que había sido repudiado por su Club yéndose al garete los mejores años de su vida, amaba, ama y amará al Athletic como a si mismo, y a sus seres más amados...

Valverde lo había puesto en juego. Al que Marcelo Bielsa llamaba "Ruiz", al que el Loco de Rosario le puso la medalla de "el 4 del Athletic". Cedido hasta terminar siendo vendido como un juguete estropeado. El Mallorca, entonces. El 'Vasco Aguirre' lo bendijo y es así que "Te lo dice Pérez, que estuvo en Mallorca". Luego de que todos los balones pasaran por él, se dijo que no sería mala cosa intentar caminar hacia la luz entre tinieblas.

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Se internó en el Laberinto. Evitando el gentío, creyó ver al Minotauro. Remiro. Le tenía ganas. Lo evitó, sin embargo. Del palo largo, sus redes. Golazo. Chicharro. El "bakalao" de la "Popu". El eterno retorno de Jose Iragorri, 'Hoss'. Boss. El 'jefe'. Así como Bruce para Minneapolis, Galaxy para el Athletic. Las calles de Bilbao, con ganas de lágrimas.

Y hasta Ricardo Reis se retrajo, cerró la boca mientras pensaba, Nada queda de nada. Nada somos. Futbolistas aplazados que procrean.

.- Por Kuitxi Pérez García, Periodista y exjugador del Club Portugalete