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Érase una vez un 27 de Abril... de 2023

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Jesús Navas y Rakitic se abrazan tras el final del partido (Kiko Hurtado).
Jesús Navas y Rakitic se abrazan tras el final del partido (Kiko Hurtado).

Érase una vez un 27 de Abril, perdón, un 18 de mayo. Érase una vez un canterano zurdo por la izquierda que desniveló la balanza, llamado Antonio, perdón, Bryan. Érase una vez una grada enloquecida, enardecida, con una ilusión desbordante nunca vista, perdón, casi nunca vista. Érase un Sevilla crecido, un Sevilla de menos a más en el curso, que corona su primavera con su primera final de la UEFA, perdón, la séptima.

Érase una vez un equipo que peleó hasta la prórroga para cumplir un sueño que parecía imposible y viajar al centro de Europa a por un título. Érase un Sevilla que se impuso en un duelo igualadísimo a un rival alemán, perdón, italiano, la Juventus ni más ni menos.

Érase un Sevilla que revivió su gran noche, como si fuera la primera vez. Una noche mágica, épica, especial, espectacular, con la que selló su pase a la gran final de la Europa League, que se disputará en Budapest el 31 de Mayo, con la Roma de Mourinho como rival.

Fue una noche sufrida como pocas, con una Juventus mejorada con respecto al partido de ida, con un rival más asentado, más cómodo, mejor, que, dicho sea de paso, perdonó al Sevilla en la primera parte en varias ocasiones. Pero como la vida, como el Sevilla, el partido iba de aguantar y no hundirse, ni siquiera cuando recibió un gol de Vlahovic que parecía tirar a la basura todas las ilusiones rojas en esta noche de mayo. Suso, minutos mágicos los suyos, igualó con un golazo que dio un vuelco al partido, porque a partir del empate el Sevilla fue ya superior, pudo incluso decantar la balanza al final del tiempo reglamentario.

Pero, como si fuera la primera vez, se encaminó a una prórroga, como aquella del jueves de Feria de 2006. Y ahí surgió Bryan para sacar una comba que Lamela llevó a la red con la fuerza de todos los sevillistas en su cabeza.

Y hasta ahí sufrimiento, coraje, casta, incluso para aguantar con diez por la expulsión de Acuña, ay esa expulsión innecesaria que cabreó al argentino hasta no salir al césped.

Y la explosión con un despeje de alivio, como aquel de Makukula hace 17 años. Vivió Nervión su noche mágica, la enésima, ya se pierde la cuenta, pero dejando de contar se encuentra el Sevilla con un noche como si fuera la primera, como si fuera la de Eindhoven. No, no es la primera vez, es la séptima, pero como si lo fuera. A Budapest a por la copa. Como si fuera la primera vez.

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  1. mariano

    Pobres criaturitas palmerines, ¿ que se creían? Cuantos no cambiaban ahora la situación de su fistro de equipo por el Sevilla f.c. ahora a rezar porque el Sevilla no gane la séptima, que penita dan, para un año que estaban contentos, otro año igual

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