Más bonito y, para muchos, mejor que el Toyota RAV4
El RAV4 es una referencia, pero este SUV japonés es una alternativa top
Esta es la forma de tener un Toyota sin ser un Toyota
El Toyota RAV4 es una referencia por eficiencia híbrida y espacio, pero el Mazda CX-5 propone una relación más cercana entre conductor y coche. Su diseño evita las formas excesivamente robustas, el interior utiliza materiales agradables y la suspensión mantiene una respuesta más propia de un turismo. Para muchos conductores, esas cualidades lo convierten en una alternativa mejor para viajar y utilizar diariamente.
La comparación no necesita convertir al Mazda en superior en todos los apartados. El RAV4 aprovecha muy bien su sistema híbrido. El CX-5 destaca cuando se valora la calidad percibida, una postura de conducción natural y una carrocería elegante que evita parecer innecesariamente grande.
Un SUV familiar sin aspecto aparatoso
La nueva generación mide aproximadamente 4,69 metros, pero el capó bajo, la parrilla integrada y unos faros estrechos ayudan a controlar visualmente el tamaño. Los laterales utilizan pocas líneas y dejan que los reflejos de la pintura definan la forma.
El techo mantiene suficiente altura hasta la parte posterior y no intenta transformarlo en un cupé. Los pilotos horizontales ensanchan la trasera y el portón queda limpio, sin adornos destinados a fingir deportividad. Es un diseño fácil de entender y con argumentos para envejecer bien.
Frente a las formas cuadradas y marcadas del Toyota, el Mazda parece más ligero y elegante. Colores profundos como Soul Red o Machine Grey refuerzan esa impresión y aprovechan especialmente bien las superficies curvas de la carrocería.
Una cabina que prioriza la postura y el tacto
El asiento, el volante y los pedales quedan alineados de forma natural. Es una cualidad poco espectacular durante los primeros minutos, pero muy valiosa después de varias horas en carretera. Los asientos reparten bien el apoyo y la visibilidad resulta correcta.
Mazda utiliza una gran pantalla central, aunque mantiene una distribución horizontal y mandos claramente identificables. Las superficies principales tienen un tacto cuidado y la presentación evita depender de una enorme iluminación ambiental para transmitir calidad.
Las plazas traseras ganan espacio respecto a la generación anterior. El maletero ofrece 466 litros y unas formas regulares, suficiente para asumir equipaje familiar. El RAV4 puede superar esa capacidad en determinadas configuraciones, pero el CX-5 continúa siendo práctico sin crecer hasta dimensiones difíciles de manejar.
Suavidad antes que prestaciones espectaculares
La gama europea utiliza un motor de gasolina atmosférico de 2,5 litros con hibridación ligera, 141 CV y cambio automático. Obtiene la etiqueta ECO y entrega la potencia de manera progresiva. No acelera con la contundencia de un híbrido Toyota más potente, aunque su respuesta resulta fácil de dosificar.
Puede elegirse con tracción delantera o total. La suspensión favorece la estabilidad y la dirección conserva un tacto preciso, permitiendo colocar el coche con naturalidad. En autopista, el aislamiento y la respuesta progresiva ayudan a viajar sin fatiga.
El RAV4 seguirá siendo más recomendable cuando el consumo urbano o el máximo espacio sean prioritarios. El Mazda puede ser mejor para quienes quieran un interior más cuidado, una conducción agradable y un diseño menos robusto. No intenta dominar mediante cifras enormes; convence cada vez que se toca un mando, se encuentra la postura correcta o se enlazan varios kilómetros de carretera.
