Los ocho apellidos vascos de Roberto Ríos

El Athletic, un visitante incómodo en el Benito Villamarín
Joaquín y el recuerdo de una noche mágica
Roberto Ríos Patus, Bilbao, 8 de octubre de 1971. Nombre, apellidos y fecha de nacimiento de uno de los mejores centrales que han pasado por el Betis a lo largo de su historia. Es probable que el espigado exfutbolista verdiblanco haya visto la ya famosa película de Emilio Martínez-Lázaro, 'Ocho apellidos vascos', una comedia en la que un sevillano se enamora de una vasca, hasta tal punto de dejar su hogar para estar con ella y ganarse a su familia. Una historia, si nos permiten el atrevimiento, con tintes parecidos trasladados al balompié verdiblanco, aunque en esta ocasión, invirtiendo el orden de las provincias. Roberto, del País Vasco, se hizo profesional en Sevilla, en el Benito Villamarín. Formado en las categorías inferiores de Lezama, arribó muy joven a la cantera bética (con 15 años), cuando su padre, Eusebio Ríos, dirigía al primer equipo. Debutó con el primer equipo en 1992. Cinco años después firmó por el Athletic, club donde colgó las botas. Sin embargo, su amor por Sevilla era tal (como el de Rafa por Amaia, protagonistas del film citado), que no dudó en volver a la ciudad del Guadalquivir. Casado con una sevillana y con hija nacida en la misma ciudad, dirige junto a Pepe Mel uno de los dos clubes de su corazón, ocupando el puesto de segundo entrenador. Este domingo, en el coliseo de La Palmera, sus dos clubes se verán las caras sobre el verde. Ríos se enfundó la elástica del primer equipo del Betis por vez inicial en la segunda jornada del campeonato de Segunda división, el 13 de septiembre de 1992, en el campo de Las Llanas, frente al Sestao Sport Club. Tardaría dos años en pisar suelo de Primera división, concretamente, lo lograría el 4 de septiembre de 1994 ante el Logroñés. A sus espaldas dejó 114 partidos como verdiblanco, donde marcó 11 goles. Sus logros le llevaron a ser incluso llamado para la selección española por Javier Clemente, por entonces seleccionador. Siempre se sintió mitad bilbaíno, mitad sevillano. El de este domingo no será un duelo más para él. Su sangre vasca se cruzará con la verde y blanca que late por él desde hace más de 20 años. En el verano de 1997 fue traspasado al Athletic de Bilbao por algo más de dos mil millones de las antiguas pesetas, o lo que es lo mismo, alrededor de 12 millones de euros. El suyo fue hasta la fecha el traspaso más caro de un futbolista español, y por supuesto, del cuadro de San Mamés. Ríos aún recuerda ese momento. "Claro que me acuerdo. A mí me dio mucha pena, la verdad. A mí me quedaban aún siete años de contrato con el Betis. En ningún momento hubo cláusula, fue un traspaso. El club me llamó y me dijo, 'te hemos vendido al Athletic, negocia con ellos'. Me dio mucha lástima marcharme, aunque también hay que decir, que me fui al mejor equipo que podía irme, al equipo de mi familia", precisa a este medio.

Su padre también fue futbolista. Eusebio Ríos, igualmente central, era de Portugalete. Jugar en el Athletic le permitía estar más cerca de casa. Pero la capital hispalense había calado profundamente en él, y marcharse no fue fácil. El altísimo precio del traspaso no le influyó en ningún momento. "El tema de los dos mil millones de pesetas creo que pesó más a la gente de fuera que a mí realmente. Yo me centraba en jugar, en lo importante, apartándome de esos temas", rememora. Como jugador del Betis, se había enfrentado al Athletic de Bilbao en tres ocasiones. La primera se saldó con derrota, en la temporada 94-95. Los verdiblancos caían por 1-0 en San Mamés en la tercera jornada liguera. Los otros dos choques permitieron a Roberto llevarse los tres puntos. Ambos fueron en la temporada 96-97, con resultado de 3-0 en el Benito Villamarín, y de 0-3 en La Catedral. En el de casa, ante unas gradas a rebosar, anotó un tanto al equipo por entonces entrenado por Luis Fernández, y que contaba en sus filas con hombres como Etxeberría, Urzaiz o Julen Guerrero. Aquel día, Ríos tuvo emociones contrapuestas, aunque primó la felicidad por su equipo: "En primera mi primer enfrentamiento fue en la 94-95, y recuerdo que nos expulsaron a Josete y a mí (risas). Ganó el Athletic 1-0. Y en mi último año en el Betis, ganamos 3-1, yo marqué, y allí ganamos 0-3. Cómo pasa el tiempo, eh. Vaya recuerdos".
En Bilbao, las lesiones le impidieron mostrar su mejor versión
Roberto Ríos militó en el Athletic de Bilbao hasta 2001 que colgó las botas. No tuvo tanta suerte como en Heliópolis, pues en parte, las lesiones le impidieron tener continuidad. Aún así, fue alineado en 68 ocasiones, marcando 4 tantos. Allí, con la zamarra rojiblanca, se midió al conjunto ya entrenado por Luis Aragonés en otras tres ocasiones. Sólo en una pudo ganarles. La primera vez que se vieron las caras fue en la segunda jornada de la 97-98. El resultado en el coliseo bético fue de 1-1. En la segunda vuelta, un 18 de enero del 98 en San Mamés, también empataron, aunque esta vez a cero. Por último, en la 99-2000, los 'leones' doblegaron a los de Carlos Griguol (quien por entonces comandaba el barco) por 1-0.

Pero el encuentro que más emocionó a Ríos fue el primero. Su vuelta a Sevilla, apenas tres meses después de haberle dicho "hasta pronto". El vasco tiene las imágenes grabadas en la retina. "Sí que recuerdo perfectamente mi primer partido con el Athletic cuando vine aquí. Fue en la jornada dos, la primera salida del Athletic y el primer partido en casa del Betis. Lo que más recuerdo fue el cariño que le demostró la gente. ¿Sabe qué? Ya en el autobús, los béticos me daban muestras de cariño, me saludaban, me aplaudían... Tenía los vellos de punta, fue emocionante porque me encontré con gente como Vicente Montiel, fue muy emotivo".
Con Mel, pasó al mundo de los banquillos
Tras colgar las botas, decidió prepararse para el complicado mundo de los banquillos. En Pepe Mel encontró a su mejor profesor. En el verano de 2010, firmaron ambos por el Betis para devolverlo a la élite del fútbol español, algo que lograron con éxito. Desde entonces, sus caminos han ido de la mano, excepto en el breve periplo inglés del técnico madrileño en el West Bromwich Albion. Ríos tenía claro que su hogar estaba en Sevilla tras su retirada, aunque no tanto que regresaría al club que le permitió saltar al profesionalismo. "Desde el primer día que me marché pensé en volver a Sevilla. Yo quería vivir aquí. Luego estar trabajando en el Betis no dependía de mí. Surgió, pues mejor que mejor", expresa.

Desde entonces, es la mano derecha de un Pepe Mel que cuenta con él para la totalidad de sus decisiones. Una dupla que ya ha sumado dos ascensos, y cien partidos en Primera división al mando del Betis. Un final feliz, como el de ocho apellidos vascos. En el film, Amaia aparece en coche de caballos para mostrarle su amor a Rafa, cantándole la canción de "Sevilla tiene un color especial". Roberto tendrá nuevamente este domingo sentimientos encontrados. Gane quien gane, pierda quien pierda, Sevilla seguirá teniendo para él un color especial.