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Marcelino abandona a su suerte a los leones
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Marcelino abandona a su suerte a los leones

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Kuitxi Pérez

Se me preguntaba por la suerte de este partido. Si el Athletic Club sería capaz de jugarle al FC Barcelona con todas las de la ley. Remitía a los curiosos a Marcelino García Toral. A su impronta. A ese haber sido capaz, con la ayuda de su gente de confianza, de preparar convenientemente esta final de Copa 2020-2021. Y es que si algún equipo necesita de manera imperiosa la benéfica mano de su técnico, ése es el Athletic. Para ganar ligas y copa. Para salvar la categoría.

Hazañas de un Javier Clemente al que todas las directivas le tienen prohibida su entrada a Lezama así que su intención sea la de ejercer de utillero del cadete de segundo año. El 'rubio de Barakaldo' ejercía de comentarista en 'la previa' para los compañeros de 'Onda Vasca'. Le preocupaba la "superioridad numérica de futbolistas del Barcelona en el centro del campo".

"Me salen", decía, "cuatro y pico centrocampistas del Barcelona por dos de nuestra parte". Esta mayoría aplastante conllevaría el "dominio constante" del equipo de Koeman. La necesidad "por nuestra parte", de "no parar de correr todo el rato". Esfuerzo físico brutal que deriva "en el agotamiento". Como entrenador experto y sabido, confiaba en que "Marcelino lo tendrá planificado".

Que, al corriente de las maneras del FC Barcelona, incrustadas en una defensa con tres centrales, se habría esmerado durante las dos últimas semanas en pulir esas famosas "herramientas" que desde su llegada a Lezama prestó a los jugadores para que las utilizaran en 'asuntos propios'.

Requerido en el descanso por el micrófono de la emisora a la que ilustraba con sus conocimientos, las palabras de Clemente le llevaban a uno a un escenario con "mucha gente suelta en el centro del campo", centrales rojiblancos "sin referencias a la hora de fijar sus marcas". Y lo peor estaba por llegar.

Marcelino da órdenes durante la final de Copa del Rey ante el FC Barcelona (Foto: Kiko Hurtado).
Marcelino da órdenes durante la final de Copa del Rey ante el FC Barcelona (Foto: Kiko Hurtado).

El empate de inicio se había sostenido en el luminoso por cuestión de probabilidades. Ni el propio Javier Clemente se lo explicaba luego de "tanto dominio" culé y "continuas entradas" en el área de Unai Simón por parte de todo aquel que se lo propusiera. "Tanto tiempo por delante". "Todo el rato corriendo". Agotamiento. Un primer acto en el que Marcelino García Toral había quedado en evidencia por su inacción.

¿Había preparado realmente Marcelino esta final en los largos días de Lezama?

Pregunta tan inquietante como la respuesta que requiere. Ni sí ni no, sino todo lo contrario. El cronista delega en la persona que lee. La invita al atrevimiento. A la osadía. A la valentía. Y, en especial, a que trate de descifrar un jeroglífico de revista infantil.

Cuando lo que sucede es lo que se ve. Necesitaba, para ello, que el partido se pusiera en marcha. Ojalá no lo hubiera hecho. Que, así como había acontecido con esa primera final heredada de la era Garitano, el partido hubiera quedado 'bertan behera' y todos a la cama. Disgusto evitado. Batacazo que no llega. Ni catástrofe. Ni bochorno. Ni las preocupantes declaraciones de un entrenador que confiesa "no saber por qué suceden las cosas que nos pasan". Asume todas las culpas cual 'enviado' aquel que bajó un día a la Tierra para terminar de 'aquella manera'.

Marcelino durante la final de Copa del Rey ante el FC Barcelona (Foto: Kiko Hurtado).
Marcelino durante la final de Copa del Rey ante el FC Barcelona (Foto: Kiko Hurtado).

Qué distancia tan brutal. Qué mundos tan separados. Y en tan solo cuatro meses. Tiempo suficiente para señalar que "el mismo don que a Marcelino lo levantó ante el universo Athletic... puede ahogarlo en lodo". Dejémoslo ahí. Puede. Aunque, si con el técnico asturiano se utilizara la misma vara con la que a Garitano se le midiera, a la prensa y afición no debería templarles el pulso a fin de comprobar si entonces se actuaba con esa justicia tan severa que ahora se pospone por motivos de empatía hacia el que de fuera llegó con sus labios  prestos  para el beso en la frente de Pitxitxi, Gainza, Zarra... y en la delicada mano de San Mamés.

Marcelino tenía su segunda gran oportunidad para relevar a Clemente como ganador copero. Declaró haber liberado a los jugadores del "peso brutal de una mochila a sus espaldas". Ya ligeros de equipaje, tan livianos como el árbitro permite, convencernos de que competir frente al Barcelona es posible. 'Koparen bila! Bizi ametsa!

A medida que el partido iba llegando, en ventanas, balcones, fachadas, y hasta en lo más alto del Puente Colgante, todo lo que había sido zurigorri, por segunda vez colgando. Era el momento de Marcelino. Ya se dijo al inicio que el Athletic necesita a su entrenador como un niña de mantos los pechos de su madre. Qué habría preparado Marcelino para entrar en La Cartuja con intenciones de medrar...

Como arrancar una muela sin anestesia. Al primer intento, aunque duela. Si ha de ser, sea. Si ha de hacerse, hágase. Ubíquense los jugadores del Athletic a la altura de la media luna del área grande de la meta de Unai Simón. Désele el balón al Barcelona. Y el tiempo. Todo él.  Un espacio desierto por recorrer. Ni un obstáculo en el que despistarse haciendo florituras. Fueron acumulando posesión los blaugranas del mismo modo que el agua de la Ría tiende a la pleamar  y la temperatura sube en los termómetros de mercurio.

¿Ésta era la propuesta de Marcelino? ¿Darle lo suyo al tiempo para que nos regalara un marcador sin luces? ¿No hacer nada porque en la inacción se basaba el espectáculo? ¿Que la pelota se resistiera a convertirse en gol cual mártir que no reniega de su fe ante el tormento?

Marcelino, con semblante serio, tras perder la final ante el Barça (Foto: Kiko Hurtado).
Marcelino, con semblante serio, tras perder la final ante el Barça (Foto: Kiko Hurtado).

A veces sucede. Que lo que en 46' no se llega a ver, en 13' cuatro veces acontece. No me hables de los "errores de siempre", Marcelino. No me digas que "no sé por qué suceden estas cosas". Que ignoras "lo que somos" y "lo que queremos ser". Asumes todas las culpas.

¿Incluso lo que de ingenuo tiene creer que vivir durante noventa minutos plantado en la frontal del área grande acarrea la conquista de una Copa? Porque si de defender a la italiana se trataba, el catenazzio requiere de virtudes que por Lezama no se estilan. Tal vez una defensa más elevada. Acaso la línea de cuatro muy adelantada para negar espacios y tentar al fuera de juego.

Me gustaría. Lo necesito. Entenderte. Hay un 'universo Athletic' que con tu proceder [o su ausencia] ha quedado trastocado y nos amenaza con esa nada que nos resulta insoportable. En la rueda de prensa, sin embargo, has dejado pistas como migas dejaba Pulgarcito para no perderse en la noche. En la noche oscura. En la noche oscura del alma.

Ese 'alma' que Joaquín Caparrós detectó en este Athletic que tanto nos duele. Dices que hay un antes y un después.

Que la clave para entender el estropicio monumental de caer sin ofrecer resistencia, ni argumentos que igualen o superen, se sitúa en el Wanda Metropolitano. Media hora de fútbol tan excelso como el que Bielsa puso en escena en el 'Teatro de los Sueños'. ¿Cómo se entiende que jugar de lujo fuera el comienzo de una epidemia de empates y el final de dos Copas desastrosas?

En un pueblo de Albacete hay un Athleticzale y peñista que nos tiende su mano. Sabe que la noche debilita los corazones. Que estamos rotos. Por fuera. Por dentro. Por todos los lados. Me acuerdo, cómo no hacerlo, de Sabiote: el lado que, junto a Ubeda y Baeza, cierra el 'triángulo mágico de Vandelvira'.

Allí, en el local de la 'Peña Athletic Club el Castillo de Sabiote', Navidades de 2002, ella y yo supimos del amor verdadero al Athletic cuando entre 'el Gallo' y Ezkerro la armaron hasta completar una remontada de locura [3-4] en los Campos de Sport de El Sardinero. Aquella noche. Ésta. En Jaén. En Portugalete. Aquel éxtasis. Este abatimiento infinito en la 'noche oscura del alma'.

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  1. Javier Jimenez

    Yo soy madridista y madrileño y todos aquí en Madrid ibamos con el Athletic el Barca ya sabemos ll que representa . Además el Athletic es el único.equipo 100% español sin extranjeros. Tal vez ese es el.problems como competir en una liga , copa ya no digo la Champions solo con locales. Si el Athletic quiere ganar después de 40 años trofeos tendrá que abrirse a la globalización sino seguira quedando del 6-12 en la Liga y volvera a finales de copa contra Valencia Barca y SevillaBetis Levante At Madrid o Villarreal muy difíciles.Lo romantico es bonito pero.la realidad se impone a no ser que por ser exclusivo se renuncie a todo

  2. Xavier Gasull

    Muy buen articula!!! Soy cule de nacimiento però siento especial empatia por la filosofia de un club unico en el mundo como es este Atlethic de Bilbao. Se puede entender la derrota por la diferencia abismal de càlida entre una plantilla y otra però lo que cuesta de comprendrer es como este equipo de hombres entrego una final desde el primer minuto...

  3. Jarote

    Joder vaya planteamiento de partido joder que chapuza de estrenados echarlo ya, el centro del campo que ?

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