Análisis

I Hate This Place: un survival horror de las viñetas a la perspectiva cenital

Periodista. Músico. Padre. Gamer.

I Hate This Place
I Hate This Place se basa en los cómics publicados por Image Comics. Rock Square Thunder
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El cómic I Hate This Place, la miniserie de 10 números creada por Kyle Starks y Artyom Topilin y editada por Image Comics, ha dado el salto al formato interactivo en forma de un survival horror con vista isométrica. El estudio Rock Square Thunder, junto a la editora Feardemic, se han lanzado a la piscina con un proyecto valiente en estética y concepto, pero que no siempre logra mantener el equilibrio entre sus ambiciones y su ejecución.

En el juego encarnamos a Elena, la protagonista que tiene que encontrar a su amiga Lou y desentrañar los misterios que envuelven a Rutherford Ranch, un lugar cargado de fenómenos paranormales, sectas extrañas y experimentos fallidos. Aunque el juego se separa del hilo argumental del cómic para contar una historia original en el mismo universo, mantiene ese tono inquietante y opresivo, tan característico de las viñetas.

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A través de pequeñas dosis narrativas, diálogos con secundarios y la exploración de recónditos búnkeres construífdos en mitad de un bosque, iremos atando cabos. Sin embargo, el guion se queda a medio gas. Los conceptos están ahí (el Hombre Cornudo, las entidades sobrenaturales, las conspiraciones gubernamentales) pero rara vez se profundiza lo suficiente como para enganchar emocionalmente. Si has leído los cómics, ya llevas esta parte hecho, pero si no todo se queda como demasiado a medias, todo sin explicar.

I Hate This Place
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El infierno es isométrico y con onomatopeyas

Visualmente, eso sí, I Hate This Place brilla. El estilo 'cell-shading' que intenta imitar el aire de los cómics le sienta de maravilla al tono del juego, con colores intensos que contrastan con una atmósfera oscura y perturbadora. Las onomatopeyas que emergen con cada paso o golpe refuerzan su herencia comiquera, y el diseño de los enemigos, aunque algo limitado en comportamiento, logra perturbar con eficacia. La dirección de arte tiene personalidad, eso es innegable.

La jugabilidad gira en torno a una estructura sencilla: explorar durante el día, sobrevivir durante la noche. El ciclo día-noche intenta introducir gestión del riesgo, pero pronto pierde fuerza al no ofrecer recompensas claras por explorar en la oscuridad. Lo lógico, entonces, es descansar en el refugio y evitar la noche por completo, haciendo que el sistema pierda toda su relevancia. A esto se le suma un sistema de hambre que debería añadir tensión, pero se convierte en una formalidad trivial: basta con tener unas cuantas sopas preparadas y el problema desaparece.

El sigilo es otro de los pilares del juego. Y aunque la idea de que el sonido sea el principal enemigo es ingeniosa (cada paso emite un texto con una onomatopeya que avisa del ruido que hacemos), el sistema se resiente por el diseño de la cámara. La vista isométrica no siempre permite anticipar los movimientos enemigos, lo que genera frustración más que tensión.

I Hate This Place

Cuando el sigilo falla, el combate entra en juego, pero aquí también encontramos problemas. El sistema de apuntado en consola es muy torpe, con controles mal adaptados y sin posibilidad de reasignarlos. A esto se suma una economía de recursos mal balanceada: demasiada comida, pero muy poca munición en la primera mitad del juego, lo que lleva a una experiencia descompensada.

Construyendo tu base

La base, Rutherford Ranch, funciona como nuestro centro de operaciones. Podemos construir estructuras, recolectar materiales y fabricar recursos, pero todo se automatiza demasiado rápido. En lugar de vivirlo coo a un sistema de supervivencia desafiante, se convierte rápido en una rutina incómoda. El miedo se desvanece cuando tienes de sobra para enfrentarte a cualquier amenaza.

Pese a todo, el juego ofrece destellos de brillantez. Las misiones con fantasmas, donde exploramos el más allá para reconstruir los últimos momentos de los fallecidos, tienen un gran potencial narrativo. Lamentablemente, se alargan más de lo necesario y su mecánica (usar una linterna espectral para eliminar enemigos) es algo tediosa. Las zonas son demasiado amplias y fáciles de perderse, lo que interrumpe el ritmo de manera innecesaria.

I Hate This Place

A nivel técnico, I Hate This Place necesita pulido. Bugs frecuentes, líneas de diálogo que se pisan entre sí, personajes duplicados y escenas mal coreografiadas restan inmersión. No son fallos catastróficos, pero sí suficientes para empañar una experiencia que, con más mimo, podría haber brillado con luz propia.

Conclusiones de I Hate This Place

En definitiva, este título es una mezcla de buenas ideas y una ejecución desigual. Tiene identidad, se atreve con propuestas poco comunes dentro del género y presenta una atmósfera trabajada. Pero cuando las mecánicas básicas (como el combate, el sigilo o la gestión de recursos) no están bien afinadas, el conjunto se resiente. Un survival con personalidad que no aprovecha todo su potencial. Recomendado solo para fans acérrimos del género o del cómic original.

Plataforma analizada: Xbox Series X

Lo mejor:

  • Estética comiquera muy lograda y original
  • Buen uso del sonido como mecánica de sigilo
  • Ritmo inicial que genera tensión

Lo peor:

  • Controles mal adaptados a consola
  • Sistema de recursos desequilibrado
  • Historia y mecánicas que no terminan de desarrollarse del todo
Valoración 64/100