Opinión

No es fútbol, es una tomadura de pelo

Deletree conmigo: P-E-R-I-O-D-I-S-T-A.

Busquets Ferrer, Mbappé y Castrín, en el Real Madrid-Sevilla. Cordon Press
  • El sevillismo ha visto de todo en el Bernabéu, pero lo que jamás se habría imaginado es la ocultación de pruebas que se produjo este domingo

  • Reunión de pastores, ovejas muertas

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Se había cumplido la hora de partido, el Real Madrid debería llevar más de media hora jugando con uno menos, como poco, y el fútbol nos ofrecía un revival de esos penaltis en blanco y negro de mediados del Siglo XX con los que se forjaron aquellas primeras Copas de Europa ideadas a medida por Santiago Bernabéu. Mientras tanto, en el Fondo Sur, ajenos por falta de criterio al escándalo con el que llegaba el partido a ese preciso instante, una pancarta auspiciada por el club -allí no entra otra cosa- señalando la tremenda estupidez que rodea al fútbol español a estas alturas de la vida, que no es sino la tremenda estupidez de la sociedad actual.

No es fútbol, comenzaba el producto gráfico industrial, y en eso sí que llevan razón. No es fútbol, es una tomadura de pelo. No es fútbol, es tomarnos por idiotas. No es fútbol, es un escándalo. No es fútbol, es un año sí y otro también. Me permito recomendar estas cuatro terminaciones más pertinentes para la pancarta visto lo visto el partido del domingo en el que el Sevilla FC, una vez más, fue vilmente ultrajado en Chamartín.

El sevillismo ha visto de todo en el Bernabéu. Sin ir demasiado lejos, el demencial arbitraje de Muñiz Ruiz, toda una ‘pesadilla antes de Navidad’ en la temporada pasada. El empujón de James a Modric que acabó en penalti a favor del Madrid o cómo se cercenaron sus opciones de ganar la Liga en la 2006/07 con un arbitraje tenebroso de Pérez Burrull. Pero lo que jamás se habría imaginado es la ocultación de pruebas que se produjo este fin de semana. Aunque tampoco se extraña.

Una treintena de cámaras en la retransmisión, alrededor de 80 son los fotógrafos que están acreditados a pie de campo, otro buen puñado de ENG y solo dos imágenes sobre la jugada que pudo haber cambiado el partido en el autoproclamado como mejor estadio del mundo. Si bien esos dos planos habrían bastado por sí solos para expulsar a Güler por su codazo a Peque -Cuadra Fernández se lavó las manos y Busquets Ferrer se las frotó-, en un esforzado ejercicio de credulidad se puede aceptar que casi nadie se estuviera fijando en esa zona del campo en ese preciso instante.

Una treintena de cámaras en la retransmisión, alrededor de 80 fotógrafos acreditados a pie de campo, otro buen puñado de ENG y solo dos imágenes sobre la jugada que pudo haber cambiado el partido en el autoproclamado como mejor estadio del mundo.

Ese argumento cogidito con alfileres se desmonta poco después, porque nadie en su sano juicio puede creer que la acción de Konaté sobre Robbie Ure, que precedió al 2-0, no la captara ninguna cámara, siendo esa la zona principal del juego en ese preciso instante. No mostrar una sola repetición de la acción hasta horas más tarde huele a lo que huele. Del penalti no señalado a Cucurella sobre Peque, del piscinazo de Mbappé al más puro estilo Di Stéfano en los 50, o de las numerosas imágenes del levísimo manotazo de Castrín a Endrick, huelga decir nada más.

Un fin de semana en el que dan ganas de bajarse del barco

El paso de la decadencia hacia la manipulación televisiva sí que ha cogido en fuera de juego a todo el mundo, incluso, con la boca chica, a muchos de los que defienden habitualmente los intereses madridistas. Un ultraje al espectador que paga un dineral por ver el fútbol y a los clubes que generan un producto multimillonario, que no son solo dos o tres por mucho que se empeñen en vendernos esa moto arrancada y sin seguro.

Más de media España está cansada de Negreira, de Real Madrid TV, de las bravuconadas de los más beneficiados históricamente en todos y cada uno de los aspectos en los que se puede beneficiar uno en este fútbol, del ‘Clásico’ que cada vez interesa menos dentro de las fronteras y más fuera al consumidor de cartón piedra, del entrenador venido a menos que han firmado como portavoz/agitador de un delirio inaguantable y, en definitiva, del auténtico coñazo que dan unos y otros creyendo que el sol gira en torno a ellos mientras faltan sistémica y sistemáticamente el respeto a los demás. Igual lo de la Superliga no era tan mala idea…

Justificar el arbitraje del Real Madrid – Sevilla con el del Betis – Barça del día anterior, o viceversa, es una falta de respeto al sentido común. Hay muchos aficionados que se han acostumbrado a tragarse esta m… Pero esto no es fútbol. Es un barco lleno de inmundicia del que dan ganas de bajarse en fines de semana como este.