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Sufrimiento sí, pero llega la quinta victoria en seis partidos

Feghouli, centrocampista del Valencia CF.
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La mejoría del Valencia CF en este último mes se nota en muchos aspectos ofensivos, quizás menos en los defensivos, en donde el equipo sigue sufriendo como un canalla quizás motivado por los nervios y la desconfianza que aún existe en facetas defensas. Pero la mejoría adelante y en el aspecto psicológico del equipo es evidente, sobre todo, se nota que el vestuario se maneja bastante mejor en situaciones límite, en esas en las que los rivales te exigen y tu eres capaz de achicar agua sin llegar a descomponerse como le ocurría hace un mes al equipo. Desde aquella victoria ante el Espanyol, que incluso llegó jugando muy mal al fútbol y mereciendo perder el partido, el equipo recibió una bocanada de aire fresco que junto a con la llegada de Pako Ayestarán que le dio al grupo la comunicación necesaria y una mayor fluidez de ideas que llegaron por parte de su librillo personal a la hora de entrenar. Desde ese triunfo ante el conjunto perico, el equipo fue a más, tuvo más tranquilidad y todo el trabajo de Paterna comenzaba a dar sus frutos. Tanto es así que ha sumado cinco victorias en los últimos seis partidos, que es la mejor racha de la temporada. Desde el triunfo agónico al Espanyol, el Valencia ha ido a más y se han mecanizado movimientos ofensivos. En defensa es otra historia, aún se sufre mucho. Pero los ché han sumado cinco victorias en los últimos seis partidos, que es la mejor racha de toda la temporada.Es verdad que en Granada tampoco mereció ganar porque el juego fue rácano y el rival expuso mucho más que los de Neville, pero ahora este equipo cuando hace frío no se constipa, ya no se resfría y es que los rivales antes con muy poco le hacían mucho daño y ahora, parece que las tornas han cambiado y aunque le llegan con peligro el equipo ha sabido sobreponerse a las dificultades. Entres esos dos partidos que ganó de manera injusta, vino el choque de la Europa League ante el Rapid de Viena que acabó en goleada (6-0) en Mestalla y fue positivo no sólo porque dejó una estadística para la historia, hacer cinco goles en la primera mitad, algo que ningún equipo había logrado en competición europea. Pero lo más positivo fue lo liberado que se vio al equipo ante el conjunto austriaco. No sólo a nivel colectivo el equipo se mostró mucho más activo, las ayudas eran constantes y desplegó un fútbol total que se convirtió en un torbellino ante el que nada pudo hacer el Rapid. Los de Zoran Barisic se vieron desarbolados por el rendimiento grupal ché pero también por la versión más ajustada y engrasada de sus futbolistas a nivel individual porque hacía mucho tiempo que los jugadores valencianistas no eran tan superiores en los duelos individuales.  A ese 6-0 en la ida se unió el 0-4 en la vuelta en el antiguo Prater. Es verdad que al Rapid le pasó factura el haber estado dos meses con la competición parada por la nieve y el frío austriaco, aunque este equipo le podía haber generado problemas al Valencia de un mes atrás. Las muestras de que el Valencia CF estaba mejorando poco a poco llegaron en la mecanización cada vez más evidente de su fútbol ofensivo. Ahora los futbolistas chés saben dónde moverse y hacia dónde va a ir el balón: cada vez está siendo más habitual llegar a la portería contraria con fluidez y con un mayor número de futbolistas. Y llegó el partido de marras. Ese donde el Valencia tenía que afianzar ante el Athletic su progresión en la Liga o bien le devolvía a cruda realidad, ya que el conjunto vizcaíno era un rival con músculo, aguerrido y suficientemente poderoso como para complicarle la vida lo posible. Pero el Valencia se puso adelantar en el partido gracias a dos disparos de Negredo y Alcácer que no lograron meter para dentro. Y al final el batacazo llegó, quizás por una media hora en la que el Valencia no tenía más argumentos como para detener el potencial ofensivo que Valverde sacó desde el banquillo y en siete minutos se rompió el partido. Fue un mazazo muy duro en la línea de flotación blanquinegra porque no hay una mayor sensación de angustia y de desazón para el equipo que la que te llega cuando tres zarpazos te despierta de ese sueño que vivías. La derrota ante el Athletic fue un mazazo muy duro en la línea de flotación ché; no hay una mayor sensación de angustia y de desazón para el equipo que la que le llegó cuando tres zarpazos le despertaron del sueño que vivía. Ante el Málaga se recuperan sensaciones y se entierran dudas y se afianza su recuperación. Por eso la victoria en Málaga era tan importante porque significaba recuperarse del error cometido ante el Athletic y, sobre todo, era volver a ganar un partido. Este equipo tiene que acostumbrarse a ganar y a ganar, y volver a estar en una dinámica en la que incluso se puede llevar triunfos sin jugar bien como sucedió en la primera mitad en La Rosaleda o ante el Espanyol y el Granada; además, gana también cuando juega mejor que rival como le sucedió en los dos partidos ante el Rapid y ahora incluso saca ese espíritu de lucha y sacrificio que había perdido en los últimos meses.   Porque en la segunda mitad mejoró mucho el equipo de Neville, alejó al Málaga cada vez más de la meta de Diego Alves y eso fue clave porque el Valencia ya no sufrió con esos nervios que le atenazaban. Es verdad que por delante queda el Atlético y el derbi ante el Levante en Liga, dos partidos muy complicados, y esa eliminatoria de la Europa League contra el Athletic Club, que es un muro muy alto, pero no insuperable. 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