El Citroën más original de la historia de la marca es de 1955

Citroën. Citroën
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Hay coches que envejecen bien y otros que parecen no pertenecer a ninguna época concreta. El Citroën DS pertenece claramente al segundo grupo. Se presentó en el Salón del Automóvil de París de 1955 y dejó al público delante de algo que parecía llegado del futuro. Su carrocería era completamente diferente a la de cualquier berlina de entonces y, por si eso fuera poco, escondía soluciones técnicas que tardarían muchos años en convertirse en habituales.

Citroën había construido coches innovadores antes del DS, especialmente con el Traction Avant. Pero lo que apareció en París aquel octubre iba bastante más lejos. Era una berlina familiar que parecía diseñada sin prestar demasiada atención a las reglas de su tiempo.

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Una carrocería que rompió con todo lo conocido

El DS fue obra de un equipo en el que destacaron el diseñador Flaminio Bertoni y el ingeniero André Lefèbvre. El resultado tenía un frontal muy bajo, una línea de techo que descendía suavemente hacia atrás y una carrocería con formas casi escultóricas.

Las ruedas posteriores quedaban parcialmente cubiertas, la vía trasera era más estrecha que la delantera y el techo parecía flotar sobre unos pilares muy finos. Desde determinados ángulos, el coche tenía más aspecto de nave espacial que de berlina.

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También resultaban llamativos los detalles que no estaban. La parte delantera prescindía de la típica parrilla vertical y la carrocería evitaba los adornos cromados que tanto gustaban durante los años cincuenta.

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No era un diseño extraño por el simple placer de llamar la atención. Muchas de aquellas formas respondían a una búsqueda de eficiencia aerodinámica y comodidad. Y precisamente por eso sigue pareciendo tan moderno.

La suspensión que convirtió el confort en una obsesión

La gran revolución técnica estaba debajo de la carrocería. El DS estrenó una suspensión hidroneumática que utilizaba esferas con gas y líquido hidráulico para controlar los movimientos de las ruedas.

El sistema permitía mantener una altura de carrocería constante independientemente de la carga y ofrecía un confort de marcha extraordinario para la época. El conductor podía incluso modificar la altura del coche mediante un mando.

La hidráulica también intervenía en otros sistemas, como los frenos y la dirección asistida en determinadas versiones. Todo ello hacía del DS una máquina compleja, pero tremendamente avanzada.

La imagen de un Citroën capaz de circular con una rueda menos, demostrada en distintas ocasiones, contribuyó a convertir aquella suspensión en una de las señas de identidad de la marca.

El interior tampoco se parecía demasiado al de sus contemporáneos. El volante de un solo radio, el salpicadero futurista y una instrumentación poco convencional reforzaban la sensación de estar conduciendo algo completamente nuevo.

El coche que terminó convirtiéndose en un símbolo francés

El DS no tardó en convertirse en mucho más que un automóvil. Fue utilizado por políticos, artistas y empresarios, y quedó especialmente asociado a la presidencia francesa durante la época de Charles de Gaulle.

También demostró que su sofisticación no era incompatible con la resistencia. En 1959 ganó el Rally de Montecarlo, una victoria que parecía poco probable para una berlina tan grande y orientada al confort.

Durante su larga vida comercial fue evolucionando. Llegaron nuevos motores, cambios de equipamiento y los famosos faros direccionales en las versiones posteriores, capaces de acompañar el movimiento del volante.

La producción se prolongó hasta 1975 y superó los 1,4 millones de unidades contando la familia DS e ID. Dos décadas después de su presentación, seguía siendo uno de los coches más reconocibles de Europa.

Citroën ha fabricado modelos muy originales desde entonces. El 2CV, el SM, el CX o incluso el Ami actual demuestran que la marca nunca ha tenido demasiado miedo a hacer las cosas de otra manera. Pero ninguno reunió de forma tan radical diseño, tecnología y personalidad como el DS de 1955.

No fue únicamente una berlina bonita o cómoda. Fue un automóvil que cambió la idea de lo que podía llegar a ser un coche familiar. Y más de setenta años después, todavía parece difícil imaginar algo semejante apareciendo de repente en un salón del automóvil.