Más bonito y, para muchos, mejor que el Nissan Qashqai

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El Nissan Qashqai ha refinado su imagen urbana, pero el Subaru Forester conserva algo cada vez menos frecuente: parece diseñado para salir del asfalto. Su techo recto, sus grandes ventanillas y unas protecciones que cumplen una función real transmiten honestidad. Para quien valore visibilidad, tracción y espacio antes que una silueta de cupé, el Subaru puede encajar mejor.

La nueva generación ha modernizado el frontal sin borrar esa personalidad. El Forester continúa siendo cuadrado, pero ya no parece tosco. Los faros más finos, la parrilla integrada y unos laterales menos recargados consiguen que la robustez resulte atractiva en lugar de puramente utilitaria.

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La forma sigue a una manera concreta de usarlo

El capó es alto y permite calcular con facilidad dónde termina el coche. La parrilla ocupa buena parte del frontal, aunque se conecta con los faros mediante una franja oscura que reduce visualmente su tamaño. Las entradas inferiores y las protecciones se mantienen contenidas, sin fingir una deportividad que no corresponde con el modelo.

De perfil destacan el techo horizontal y las ventanillas amplias. La zona acristalada ayuda a mirar en cruces, pistas y aparcamientos, mientras las puertas grandes facilitan instalar una silla infantil. Los pasos de rueda oscuros no funcionan como un simple adorno: rodean una carrocería con 220 milímetros de altura libre al suelo.

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La trasera utiliza pilotos verticales que suben por los extremos y dejan un portón amplio en el centro. No es la solución más de moda, pero hace que el coche parezca ancho y permite aprovechar mejor el espacio de carga. Ahí está buena parte de su encanto.

Tracción total sin reservarla para la versión cara

El sistema Symmetrical All-Wheel Drive forma parte del planteamiento tradicional de Subaru y trabaja junto al control X-Mode para circular sobre nieve, barro o pendientes pronunciadas. El Qashqai ofrece alternativas muy competentes para carretera, pero el Forester tiene argumentos más sólidos cuando el trayecto incluye pistas, montaña o inviernos complicados.

La mecánica e-Boxer combina un motor de gasolina bóxer con asistencia eléctrica y consigue la etiqueta ECO. No busca ofrecer una larga circulación eléctrica, sino suavizar arranques y apoyar al propulsor térmico durante determinadas fases. La transmisión automática favorece una conducción relajada.

El interior mantiene botones físicos y una pantalla de gran formato para multimedia. La postura es erguida, los pilares son relativamente delgados y los asientos priorizan comodidad. Subaru tampoco esconde la utilidad bajo una decoración delicada: las superficies principales están pensadas para soportar años de uso familiar.

La tecnología EyeSight observa la carretera mediante cámaras y reúne control de crucero adaptativo, mantenimiento de carril y frenada preventiva. Su funcionamiento acompaña especialmente bien al carácter tranquilo del coche, porque reduce esfuerzo en autopista sin convertir la conducción en una sucesión de avisos. La visibilidad natural sigue haciendo parte del trabajo que otros modelos confían a sensores.

El portón amplio y las formas rectas permiten cargar objetos voluminosos sin una boca estrecha. Los respaldos se abaten desde la zona posterior y el piso queda preparado para material deportivo, animales o equipaje sucio. Es un interior que admite vida real sin exigir demasiado cuidado.

Mejor cuando la carretera deja de ser perfecta

El Forester parte actualmente de 40.900 euros, una cifra que lo aleja de las versiones básicas del Nissan. A cambio, reúne tracción total, una completa dotación de seguridad y una capacidad real para circular lejos del asfalto sin construir el coche a base de opciones.

El Qashqai puede resultar más refinado en ciudad, pero el Subaru posee una belleza asociada a su propósito. Sus formas rectas, la visibilidad y la altura libre no intentan seguir una moda. Para conductores que viajan, esquían o salen habitualmente al campo, esa coherencia lo convierte también en una opción mejor.