Muramasa: Revenant Blades - probamos el arte de volver a desenvainar
Probamos durante una hora el regreso del clásico de Vanillaware: acción en 2D, escenarios con mucho encanto y un combate renovado que invita a experimentar con las espadas
Unicorn Overlord, el prodigio táctico a dos matices de la perfección
Hace un par de semanas pudimos probar durante una hora Muramasa: Revenant Blades en un evento para prensa organizo por Marvelous. Y eso fue tiempo suficiente para recorrer el arranque de Momohime, repartir unos cuantos espadazos y comprobar cómo encajan sus primeras novedades en este clásico. También para quedarnos con ganas de seguir jugando.
La renovada propuesta alterna dos ritmos contrapuestos. Por un lado, recorremos escenarios que apetece contemplar con calma; por otro, los enemigos irrumpen y nos obligan a saltar, esquivar y encadenar ataques. Ese cambio de marcha sostiene buena parte del atractivo de la demo que tuvimos ocasión de probar. Podemos estar admirando un bosque y, unos segundos después, perseguir por el aire a una peligrosa criatura del folclore japonés.
De Wii y PS Vita a una nueva oportunidad
Conviene situar este regreso. Muramasa: The Demon Blade nació en Wii en 2009, desarrollado por Vanillaware, y llegó a PS Vita en 2013 como Muramasa Rebirth. Aquella versión recibió las historias adicionales de Genroku Legends. Revenant Blades reúne todo ese recorrido y lo adapta a las plataformas actuales con cambios en los sistemas de combate y, por supeusto, sus obligatorias mejoras visuales. Momohime y Kisuke comparten ahora protagonismo con los cuatro personajes de aquellas aventuras adicionales, que ya existían en Vita.
Nuestra sesión se centró exclusivamente en Momohime, cuyo cuerpo acaba ocupado por el espíritu del espadachín Jinkuro. Es el punto de partida de una historia de almas, posesiones y conflictos sobrenaturales. La hora de juego fue apenas un aperitivo, pero nos dejó echar un primer vistazo al ambiente de un Japón fantástico donde las espadas demoníacas tienen mucho peligro.
Espadazos que piden movimiento
La primera sensación con el mando es de agilidad. Momohime enlaza golpes terrestres y aéreos, levanta enemigos y puede perseguirlos para prolongar el combo en el aire. Saltar y desplazarse forman parte del ataque: resulta natural pasar de un objetivo a otro mientras buscamos cómo mantener la ofensiva. Los controles se entienden pronto y permiten disfrutar de esa espectacularidad sin memorizar una interminable lista de combinaciones.
Eso no significa que baste con aporrear botones. En cuanto intentamos recibir menos daño, cobran importancia las esquivas, los bloqueos y el momento de utilizar cada técnica. Con tres espadas equipadas, cambiar de arma añade decisiones estratégicas al intercambio de golpes. También hay que vigilar su desgaste para evitar que una rotura nos deje temporalmente con menos recursos.
Las técnicas especiales aportan otra capa. El sistema renovado permite que Momohime y Kisuke aprendan habilidades asociadas a sus espadas y las asignen por separado, con tres espacios para ataques terrestres y otros tres para aéreos. En este comienzo todavía teníamos pocas opciones, aunque ya se intuía el margen para experimentar. Además, los ataques normales recuperan el espíritu que consumen esas técnicas, favoreciendo que sigamos entrando en combate.
Un mundo para recorrer y mirar
Entre enfrentamientos, Muramasa deja respirar. Sus escenarios se conectan mediante distintas pantallas de estradas y salidas, y el mapa ayuda a orientarse y localizar objetos. Hay conversaciones, tesoros y barreras que requieren determinadas espadas para abrir el camino. Durante la demo seguimos principalmente la ruta inicial, pero esa estructura transmite cierta libertad para explorar y detenerse. Aunque en estos primeros compases también nos perdimos un poco y pasamos varias veces por los mismos escenarios un poco como 'pollo sin cabeza'.
El apartado artístico es una maravilla. Los fondos superponen árboles, vegetación y pequeños movimientos que dan vida al paisaje. Es fácil quedarse mirando cómo se construye cada escena. La música acompaña con energía y refuerza el salto entre los momentos tranquilos y las peleas. Los diálogos están en inglés y, por primera vez, tendremos subtítulso en castellano.
También hemos encontrado algunas dudas al desplazarnos por estos escenarios fabulosamente pintados en 2D, y es que no siempre resulta evidente qué elementos permiten apoyarse (por ejemplo las ramas de los árboles) o a veces tampoco queda muy claro por dónde debemos pasar a la siguiente pantalla. La riqueza del dibujo puede dificultar la lectura del escenario.
La hora terminó cuando empezábamos a explorar de verdad las posibilidades del combate y nos dejó con muchas ganas de más. Muramasa: Revenant Blades llegará el 4 de febrero de 2027 a PS5, Nintendo Switch, Switch 2 y PC. Hasta entonces, esta primera toma de contacto nos ha dejado muy buen sabor de boca.

